Voz germinar
Para revestir de verde la montaña
aparece mayo con su carro floral,
en este mes todo esplende,
la fertilidad con la juventud
anda ganosa; por otra parte
parece andar la gente: orgullo ni envidia
serían las causas de vivir en el vientre
de ballena que es nuestra ciudad.
Este no es el jardín de cuando niño
me hablaron,
aquí el verdor vive en zozobras,
se sufre mucho en este erial urbano.
Al poeta no le queda sino flotar
sobre la aparente realidad, recoger
ecos del habla, para hacerla
imagen de otros y de sí mismos.
Soplará la palabra árbol y al germinar
flor y fruto:
el poeta reclinará su cabeza
bajo la enramada,
no para meditar,
sino para vivir a plena luz su sueño.
Mar de la inocencia
Para calmar el frío mientras llueve,
los recuerdos y una taza de café
humeante como la niebla expandida
por los riscos de la serranía.
Aquí abajo se hace tarde, una bandada
de pájaros se encaja en lo amarillento
del pastizal y un trueno
grita desde el árbol más alto.
Al dar tregua el chubasco,
los adultos comienzan a salir
tal si vieran por vez primera
el mundo.
Los niños con los ojos fijos
en el arco iris, en el burbujear
del agua corrediza; ponen un barquito
de papel a surcar el mar:
ese ilimitado mar que es la inocencia.
Ciudad humedecida
Cuando llueve, esta ciudad no espera
por nadie,
la gente saca sus paraguas,
se guarece en los recodos
de los almacenes quejándose
del mal tiempo.
Mientras la lluvia lava, arrastra
huellas, cosas perdidas e inmundicias;
en las esquinas los carros
parecen un cardumen hambriento.
En cuanto escampa en esta ciudad,
las bombillas reflejan ojos de agua,
coloreadas sombras: los transeúntes
andan vaporosos como si flotaran.
Con los pies en el día
El día de hoy lo piso fuerte
para sentirlo intenso,
para vaciar lo acumulado
que tanto nos pesa.
Lo pretérito salvaguarda deseos,
falsas esperanzas.
Hoy disfruto el sol joven,
aquí voy entre la gente
apresuradas por llegar ayer,
por vivir mañana.
Yo voy despacio,
los veo a ellos, al paisaje,
y la lluvia.
Con la luna en la cara
abrazo a mi Carmen y sonrío.
No fuerzo la noche, la festejo.
Canción en camino
Ya han brotado flores en el campo
ya ha llegado el tiempo de cantar.
Cantar de los Cantares
Del pasado, de lo venidero,
(con la paciencia de gotas de rocío)
madura sus simientes el poema.
Plantado en la tierra,
el presente torna agreste la vida,
colinda ahí la realidad;
territorio minado por la angustia,
incomprensiones,
querencias con el pie quebrado
por donde pasamos
musitando un poema
del Cantar de los Cantares:
para quitarnos un peso de encima,
para sacudir el infortunio
y por un instante poder cantarle
a la felicidad por si nos visita.
Clonado el día
La escena que ahora veo
sucedió tal vez en otro lugar,
en otro momento.
Por esa puerta entreabierta
saldrá una mujer con su bebé
en un coche,
esa monja y ese mendigo
se mirarán extraño.
Cuatro estudiantes se burlan
de un chino a quien estremeció
un frenazo.
Ahora el gordo con su perro;
los dos de sport.
El día trajo su duplicado,
—otros no podrán comprenderlo—,
ah, esta mujer de rojo
faltaba en el ambiente,
la cual sacude su paraguas
frente a mí diciéndome hasta luego.
El poeta insomne
El poeta insomne mira el reloj
que pende del cielo,
verifica si es hora de salir
al patio a oler las siemprevivas,
o salir a la calle a pescar
una imagen benévola o un resfriado.
Mira el plomizo día,
decide seguir alelado
con el trinar de un pájaro
que viene de lejos.
Paula es la silueta
en la puerta del cuarto,
extiéndele las manos y es niebla.
Seguramente la recuerda
en verano cuando es invierno,
seguramente es una idea suya,
o una treta del ensueño
causada por el abandono.
Como quiere el sueño
No levantes la voz por si la lluvia,
anda despacio, en silencio;
no toques un objeto sonoro
ni suenes los zuecos en el piso.
Quédate tranquilo mientras goterones
preñen las malvas en el patio.
No prendas luz, no debes asomarte
a la calle a ver el vértigo abrir
las puertas de esta casa;
es estricto el misterio y podría
asombrarte.
No levantes la voz por si la lluvia,
a ver si los fantasmas los alarma
un embrión de brisa
o mi padre desande con su guitarra
muerta y el aroma del café
nos aleje como requiere el sueño.
Fragua en el Henri Pittier
El clima de esta tarde
lo asfixia la quema del parque:
lo constata un dragón de nube
encallado en lo alto,
y el lívido tentar del espejismo;
por eso no se mueve una rama,
por eso no hay parpadeos en la sombra.
Este sopor canicular
adviene en días como éste,
Día amorfo, desfasado de horario;
hecho añicos por la decadencia
del futuro inmediato
de una ciudad jardín
convertida en desierto.
Casona a punto de caer
bajo los aguaceros
a Aly Pérez
¿Qué hay con vida en una casa vieja
sola y derruida?
¿Se oirá el eco de la voz
de los padres al amanecer?
¿Sonarán los trastos en la cocina,
olerá a tilo, a retama
en las noches brumosas y con lluvia?
¿Llegará a nuestros oídos lo sincero
de una confidencia?
Qué hay de vivo bajo estos aleros,
sino flores húmedas y el rastro
de alguna lagartija.
Qué misterio esconde una casa
abandonada y triste,
si a la vista sólo están el musgo,
la corteza y raíces: maquillaje
ingrato de lo que una vez fuera regocijo
de nuestro entorno.
Todo esto pregunto por si alguien
me oye y viene a saludarme
a darme la bienvenida.
Pan poema
a Gabriel Ortega
Como el día es claro,
de lanudo cielo
y agradable brisa,
aprovecho para darle
reposo a este cuerpo
a punto de estallar
de cansancio.
De pronto, un olor
a pan fresco
viene hacerme recordar
que este ayuno es involuntario.
Nada puedo hacer al respecto
porque en él navego hacia el estío.
Refugiado en esta desolada
casa, me siento
solamente acompañado
por un trozo de lápiz.