Azul
“En los bares saben cuándo te tiñes el pelo,
el firmamento huele a tu perfume,
Dios tiene un beso tuyo en los labios”. Lila
“Azul, azul, una música lenta y azul,
un rasguño en la media...”. Azul
“Eras tú o era el sol o ese rayo que emanó de ti”. Beso de ginebra
Real de Catorce
I
Dios no halló lugar en nuestro reino.
Hemos ordenado suicidio a la hermandad.
II
Azul
como un libro de Darío
o un pájaro dentro de la cabeza,
Mujer Kamikaze,
ataca y no te quedes en silencio.
Pon tu espalda al fuego,
tu pecho en el cañón
y devasta;
inúndame el cuarto,
que me ahogue hasta el salbutamol,
que te andes despacio
como sin saber qué quieres.
Súbele al radio, deshazme las ideas,
abre la boca y que comience el blues.
III
He descubierto que mueres de sudor en sudor sobre mi estómago. Tengo un ansia todo el tiempo de comerte, de penetrarte, de encontrarme una mordida tuya, por ahí, entre las venas, para ver si la sangre sabe a ginebra, si no te quedas también fermentada, si te destilo o me pudro o me embriago o eyaculo una gota que después, a solas, cuando recuerdes, emane de tu piel.
Eso que revienta
a Livano, Barco, Ubizagástegui y Bermúdez
Lima y Cuernavaca en llamas
por Tajo (¡salud!)
Debería narrar las cosas del alma, pero me dieron la lengua.
Quería liberarme como místico a través del poema,
hacerme un poeta-bomba en medio del zócalo para matar a Lentejo Manda.
No, ya no tengo estas palabras acá.
No me basta reinventar al mundo:
este cuadro hinchado de pintura verde,
alumbrado de tintura de televisión,
de albahaca y nísperos, de pared de ladrillo,
de segmento urbano rumbo a Tepoztlán, ¡no me basta!
Gritaré que tenemos la mala costumbre de ser poetas,
de ser bombas y místicos drogadictos y poetas;
que no me siento mexicano, ni ruso, ni ahuatepeño (a veces guayabo).
Ahí donde el gallo canta y yo no soy indígena, ni güero, ni rojo
me han torturado desde que tengo su idea de infancia acá en el pecho y no
estalla.
No importa, damita, caballero, acá le va el cuento:
Yo no soy poeta.
Soy el fuego, eso que revienta: tapu, ma, pam, can, chán,
recio como parvada de guajolotes,
urgente de jazz y mota, escandaloso, oiga nomás.
Yo tengo este fuete amarrado al brazo.
Reviento cráneos, despunto el alba,
tengo un arco devastador, detono rifles, estallo cuerpos.
Las niñas vienen y me piden un helado.
(Esa tarde yo ya no estaba ahí.
Los camiones de Atlixco se metieron al nirvana
y lejos se escuchaba una canción de Real de Catorce
“eras tú o era el sol...”
y el cuarto era una lámpara de gas, lleno de energía fluyendo.
“...o ese rayo que emanó de ti”
Ella ardía como beso de ginebra.
Su pecho era el sonido de una cueva:
Mar y silencio
....
Mar y silencio
....)
Nunca más explotará mi pecho esa imagen de mujer y cuarto.
Soy un hombreverso, poeta-bomba, fundamentalista del verbo;
pero ríase, qué mis cuadernos ni qué ocho fieras tristes.
Yo soy eso con lentitud de cuerpo devastado por muertes y paranoias,
por desvarío de no ser Humano envuelto en llamas,
quemando la receta de la vida exacta y civilizada.
Después del asesinato de los silencios, quedó un lugar con fuego.
Tenía un cuerpo y era niebla de luz, cueva sin colores, casa de ciegos.
Miré dentro y nos quedó un universo carente de sentido.
Mira, mujer, te entrego el universo vacío.
Llénalo de tu risa.
Llénalo de este pecho; tu mi su nuestro amor de todos.
Dile con tu boca “cuerpo” y haz una aurora boreal.
Nombra “canto, ballenas, pasto” y gira, vuela conmigo.
Trae de nuevo incendios Quémame la boca Tómame de la espaldaAarañazos dime que somos lo que somos, esto que sentimos, que nostamos divididos, questamos vacíos Llámame humano, orquídea, cerdo, luz, fuego, verso, rama, poeta y dime que sentimos poesía aunque lo llamemos miedo, dime que poesía es el ansia; dime que subirse al tren y desgajar al mundo, poco a poco para no quebrarse, es poesía.
Llámame despacio Dame verde, jade, piedra, hueso Dame luces, agua, truenos Dame tierra, clávame la obsidiana, embriágame en Sake, destiérrame de Estambul, aviéntame al Mar Rojo, grita mi nombre en Tlayacapan, cállame en Tenochtitlan, sóplame desde Neza o Asunción, en cualquier calle donde extrañar a los patas de Lima.
Hazme sentir que algún día estaremos más cerca
Dime que aquello era una espera, que así el universo aguarda a que le pongamos nombre
Que nos deseaba el silencio
Y nómbrame
Trata de darle forma a esto
Dame un sentido
Dime
que
sigo
cuerdo