Viviana Gandica

Sin temor a equivocarme puedo asegurar que lo que resulta emblemático en Viviana Gandica es su sonrisa. Siempre su rostro está iluminado por esa risa franca y espontánea. Porque así es ella: chispeante, alegre, vital, como un cascabel sonoro. Muy posiblemente haya quien se equivoque y piense que esa risa pertenece a una mujer frívola, craso error. Resulta que es todo lo contrario, esa risa es producto de la vivencia, es el resultado de las experiencias, de haber entendido que el sólo hecho de respirar y estar vivos es maravilloso; que la mejor manera de vivir en paz es cuando se es honesto consigo mismo primeramente y con los otros en consecuencia, cuando se aprende a disfrutar y a encontrar lo bonito en el mínimo momento, en todas las situaciones que la vida depara.
De esta pintora tachirense su color favorito es el naranja, que se ve mucho en su obra y que es un color como ella: alegre, cálido, vibrante. El punto focal de sus cuadros de mujeres negroides es la boca, tal vez sea como dijo el poeta Pablo Mora que siendo la de ella tan bonita la proyecta en sus trabajos. En todo caso, al hablar de creación, inspiración, afirma: “Las musas presidían las artes y las ciencias y se creía que inspiraban a los artistas, especialmente a los poetas, filósofos y músicos. La palabra inspiración significa ‘respirar hacia adentro’. Para mí nace de algún estímulo, es una energía creativa externa al creador, la inspiración da la imagen a una evocación de las facultades concientes para mostrar la genialidad, dicen que la musa no es un elemento mitológico del pasado distante; es una fuente interna de sabiduría y la fuerza de la creatividad de nuestras mentes... Invoca la musa y ella vendrá”. Me atrevería a afirmar que cada cuadro de Viviana es respuesta y resultado de esa vida interior producto del buscar la enseñanza positiva de cada situación, de cada vivencia. “No es perfecta la vida que no se ha vivido con sentimiento durante la juventud, con lucha en la madurez y con reflexión en la vejez, a muchos les sobra la vida y se les acaba la felicidad”.
“El amor es el gran motor que mueve el espíritu de las personas, transforma en fácil lo difícil, nos pone en acción sin medir riesgos ni consecuencias, enciende todos los sentidos, nos llega al alma, se trasluce en sonrisa, bondad, ternura, en desapego de ideas egocentristas, en tolerancia, sinceridad, responsabilidad, humildad, honestidad y compromiso. Se ama porque el amor forma parte de la energía aglutinante del infinito y porque es una necesidad del alma que quiere expresarse para no morir y porque es parte activa de la expansión y el brillo de Dios en cada una de sus criaturas”. Complementa con esto: “Mi aspecto espiritual consiste básicamente en tener una profunda experiencia de Dios, no hay contacto con Dios; sin contacto con nosotros mismos, con los hermanos, con todas y todos, con la naturaleza, conocer nuestras fortalezas y nuestras heridas, sanarlas, aprender a reconocer la multitud de voces que nos llegan de dentro; saber poner nombre a lo que sentimos, ir desarrollando la capacidad de integrar y encauzar nuestras pulsiones y pasiones... trato de tener un proceso de autoconocimiento que no es meramente intelectual, es la condición necesaria, espiritual para que la experiencia de Dios sea auténtica con un dinamismo interno de las cosas y de las personas que nos empuja a buscar la plenitud y presencia, profundidad, sentido y perdurabilidad en lo que hacemos y vivimos. La espiritualidad es constitutiva del ser humano, es el instinto de nuestro origen. Porque en la senda mística has de aprender una cosa, la más importante: la última palabra siempre la tiene Dios”. Y agrega: “Dios nos ama profundamente, de modo misterioso, sin palabras, nos sonríe con afecto, nos toca con el sol, nos acaricia con el viento, nos estremece con el frío, nos encandila con el fuego, es paciente, nos llama, nos mira y nos escucha si hay problemas y si la enfermedad nos llega, de ternura compasiva, quien comprende lo que ocurre y se deja amar por él puede tener la seguridad de haber encontrado el mejor amigo que existe”.
Si tuviera la oportunidad de ocuparse de otra cosa sería pianista. Recuerda a su abuela Josefa, mami Josefa como le decían cariñosamente, paseando delicadamente sus manos por las teclas, pero esa oportunidad ya está perdida, aunque su abuela siempre estuvo dispuesta a enseñarla. Esa ausencia y la de su padre, Roberto, son los mayores dolores que su alma ha vivido. Mas a pesar de ello reconoce que cada día da gracias a Dios por lo vivido, pues ha sido de gran enseñanza y de muchísimos logros, y el haber hecho ya los cambios que su vida requería. Hoy día no tiene planes concretos. “El plan a corto plazo es para mí un imprevisto, si es bueno no dejo pasar la oportunidad; a mediano seguir trabajando y experimentando, compartiendo, llenándome de conocimientos, y a largo plazo deseo estar dotada sin duda de una buena formación, me atrevo a decir un saber hacer... con la voluntad que es la que lo pone a uno en movimiento, es el sello individual de nuestros actos”. Está dedicada a su trabajo: “El camino del arte es la autenticidad, debe ser disciplinado e independiente”, acota.
Su infancia la describe: “Recuerdo los primeros diez años rodeada de un gran amor, el de mi padre. Para él era su Catira Quitapesares, alegre, tremenda y atrevida. Después conocí el dolor de su ausencia, asimilar la muerte de un ser tan querido en la niñez no fue fácil. Mami trató de llenar siempre ese vacío y le agradezco eternamente el no habernos separado de la familia de mi padre, fuimos niñas (somos tres hermanas) consentidas y rodeadas de un gran cariño familiar. Aprendí que el dolor se supera con la alegría de vivir”. Su familia y sus seres queridos son parte fundamental de su ser, de su existir. A su familia la describe llena de afectos y valores, donde la unión familiar es primordial, lo cual ha sido la mayor escuela que ha tenido para seguir las enseñanzas, comprender y llenarse de los valores y virtudes a seguir. Con sus hijos tiene una muy jocosa anécdota: “Llegando al aeropuerto de Montevideo con mis dos hijos, estaban pequeños y una señora muy amable los mira y me dice: ‘Qué lindos gurices tenés’, pensé que se trataba de los blue jeans que los niños cargaban y muy sonriente le contesté: ‘Los compré en Venezuela’. La cara de la señora fue de terror, luego me explicaron que allá a los niños les dicen gurices... Jamás había escuchado esa palabra... (risas). Me hubiese gustado saber qué pensó esa señora pues contesté tan natural que dio la vuelta y se fue sin decir nada”.
Otro rasgo a destacar en Viviana es su curiosidad, su deseo de conocer y descubrir nuevas cosas en todos los campos y facetas de su vida. Característica muy propia del aéreo signo géminis que la rige. Y esa curiosidad queda demostrada cuando comenta: “La verdad es que me encantan las ensaladas pero la creatividad de un chef, esa exquisita e increíble combinación de sabores que presentan con sutileza e ingenio, sin pena tengo que decir que estoy siempre dispuesta a degustar de una buena comida”, o cuando al hablar de lugares dice: “He conocido lugares tan maravillosos, de una naturaleza increíble, que me es difícil decirte cuál es el lugar de mis sueños, porque cada uno tiene su encanto, si voy más allá sólo hay que saber disfrutarlos”.
Cuando le pedimos que se describiera a sí misma lo hizo en los siguientes términos: “Segura estoy de que nací para romper esquemas y dar sorpresas, firme en mi personalidad, mantengo una profunda meditación y búsqueda interior. Sensible e intuitiva, de movimientos rápidos, una gran capacidad imaginativa, entiendo con rapidez y aprendo de prisa, siento curiosidad por lo que ocurre en mi entorno. Logro lo que me propongo, mi fortaleza interna me ayuda a superar cualquier obstáculo que se me presente, sociable, carácter extrovertido y con un nivel de conexión profundo en la relación con los demás, la sinceridad y el ser justa es mi integridad existencial. Odio las enfermedades que carcomen al ser humano como son la calumnia, la traición, el egoísmo, la mezquindad, la envidia, etc. El éxito está en la actitud del ser humano ante la vida”.
También le preguntamos qué hace en sus ratos libres y ésta fue su respuesta: “Disfruto al máximo cada minuto de mi vida, dedico un tiempo a la lectura y me encanta compartir con personas que me aporten luz a mi vida entre lo sencillo y lo complejo que me hace crecer y poder llevar parte de esos conocimientos a un lienzo en blanco penetrando en la esencia de los colores y que sean ellos los que muestren mis más ocultas emociones”.
Su pintor favorito es el mexicano Diego Rivera por su manera de expresar en forma plástica los sucesos, ideas y esperanzas de la Revolución Mexicana, pero no es el único que le encanta, también Paul Gauguin, Gustavo Klimt, Cavalcanti. Ha estudiado mucho la obra de estos artistas y de muchos otros. Preguntándole sobre otro tipo de creación como es la literaria, sobre si cree o no que la poesía está en crisis y si es coto de una élite, respondió: “La época actual está caracterizada por el cambio social, político, espiritual y creativo, generando crisis y transformaciones, la poesía no escapa a esto pero de todas formas siempre sobrevive. No necesariamente es coto de una élite, son creencias limitantes, son seres humanos que se reúnen porque comparten una misma expresión artística, lo primero que le ocurre a una persona es que le falta oído para percibir la definición de los versos, el ritmo y otros efectos sonoros, sin embargo mucha gente, si no la mayoría, aun cuando no sea lectora, ni esté familiarizada con la poesía, disfruta y se emociona al escuchar una buena lectura poética, su sensibilidad se moviliza, reacciona; eso es un síntoma alentador, la poesía corresponde a una honda, oscura y a la vez luminosa necesidad humana”.
En cuanto a la vinculación entre su vida y su trabajo afirma: “Hay que desvincular ambas facetas. Mi trabajo requiere de estar totalmente desconectada de la vida cotidiana. Cuando estoy realizando una obra necesito mi espacio, lo disfruto al máximo, es una parte de mi vida. La otra parte es la responsabilidad de mi hogar y el hecho de convivir en sociedad con familiares y amistades, me permite lograr un proceso placentero que me llena interiormente”. Esta es Viviana Gandica, una artista cuyo sol interior se refleja en su obra y su sonrisa.