Fotografía de Wilfredo CarrizalesNotas, al margen, para negar

Texto y fotografía: Wilfredo Carrizales

Negar, a veces, puede doblegar los sentimientos. De allí que es preferible justificar varios caminos que nos permitan armar, simple y llanamente, una coartada para pagar nuestro conocimiento. Alguien podrá apreciar lo valioso de esta labor. Sin embargo, parte de la necesidad de negar sólo será exitosa si se obtiene una autosatisfacción. Sentirnos seguros sobre nuestros pies en la medida en que seamos capaces de imaginarnos la situación, nos conducirá al menos perverso de los logros.

 

Tener una Positiva Minoración

Para ilustrar la bondad de un arte visceralmente eficaz nos valdremos de un ilusorio hombre perdido en su oscuridad. Él debería adoptar una adicción al fácil derrame de lágrimas y poner de manifiesto aquellos aspectos a los cuales les atribuye altas posibilidades de éxito. Nuestro hombre no se hará la idea peregrina de que no es imprescindible discutir de dinero. Si él creyera eso su concepción de la vida sería, sin duda, muy pobre, y él empobrecería a todo cuanto se halle a su alrededor. Su responsabilidad resultaría tremenda para los futuros aciertos. ¡Nunca estaría en capacidad de decir que no!

Él comenzaría a elucubrar que la negación se ubicaría como el mejor juego a efectuar y se sentiría un implacable ganador. Nadie le recordaría aquella castración que cometió con su vocación y, avocándose a pobres resultados, se ayudaría con bastones mentales a trabajar concienzudamente por más eximios objetivos. La negación se obtendría de inmediato con muchísimo menos esfuerzo.

 

La Precaución de Ser Listo

Lo más importante es no discutir acerca de fealdades, antes de lograr una información que te pueda convertir a ti mismo en director de la escena o comprador de banalidades. Los fundamentos que sustentarán tu base se establecerán en la medida de tu aceptación como ser limitado por innegables carencias. Si revisas los espectros a tu disposición descubrirás que eres más listo de lo que suponías y te aprobarás en su justa medida. Escucha el poder que te turba y podrás usarlo en la determinación de la dirección de tus bagajes.

Mientras permanezcas escuchando toma notas de lo que tu olfato te diga. Al momento de equivocarte, cerciórate que no haya más de dos personas presentes. De las notas tomadas saldrá, con notable exactitud, tu propio manual para hablar con arte, maña y sobria directriz. Las cuestiones referentes a espacio y tiempo sólo puedes discutirlas con tus homólogos, sin nunca olvidar que existe un límite para las desavenencias. Tú eres el propietario de la única llave que abre todas las mercaderías. Por tu profunda reflexión sobre la vida y sus atajos conseguirás complejidad, utilidad, esquematización temporal y firmeza en la muerte de los quitasueños. Términos vagos como “compulsión”, “bullicio”, “alopecia”, “rimbombancia” y otros similares, no vale la pena sentarse a definirlos.

 

Discutir Acerca de las Bufonadas

Pregúntale a los otros si consideran procedente entablar un debate serio sobre las bufonadas. Acaso más de uno no sienta todavía al pequeño gusano horadándole los sesos. Una estación adecuada para discusiones de altura acerca del tema considerado pudiera ser la estación del funicular de cualquier sitio turístico de importancia. Es bueno que los contendores posean la misma estatura y sean recién graduados de una universidad experimental pedagógica. Los especímenes asignados tendrán por norte el que señale la pila bautismal del último sabio conocido o la brújula desgastada del remero.

Una vez iniciado el debate las preguntas y respuestas no deben ser lanzadas hacia atrás, como usualmente sucede en este tipo de confrontaciones. Quien calle, otorgará de inmediato y estará listo para engrosar la ilustrísima lista de los bufones.

 

Pensar en Torno al Pensamiento Discursivo

Antes de ofrecer cualquiera sugestión capaz de entrar en la liza, es impostergable sopesar el merecimiento y la consideración de lo que el pensamiento discurre en cada uno de sus estratos. Arriba, la inexactitud para conseguir certezas; al centro, cierta evidencia para crear pequeñeces; abajo, la tardanza para verificar flojedades. En resumen: una espuria obligatoriedad que hace-de-espuma en el registro de las argucias. Siempre se podrá, de todos modos, descender hasta el estatismo de una figura que por su andar convenza de que piensa y elucubra. Las malsanas consideraciones no las oirá la clientela que espera a las puertas del laboratorio de ideas.

Por eso, toma lo que necesites:

  • agujas con el tiempo preciso para estimularte;
  • listones de gusto sempiterno y exonerados de costo;
  • pegotes chicanos;
  • amistades arbitrarias para sondeos de embarcaciones;
  • óptimos días, libres de parientes, y con las marcas por dentro;
  • separaciones de precios y matrimonios con defecciones a ultranza;
  • validaciones y referencias para tramitar solvencias intelectuales;
  • sugestiones a granel que incluyan bibliotecas sin libros, permisos para pensar en voz alta y satisfacciones espirituales sin garantía.

 

Fórmulas para Responsos

Es posible, dada la gravedad del asunto, estimular a los difuntos para que redacten sus propios responsos. De esta manera, se evitan ellos, los difuntos, tener que recurrir a cagatintas y tinterillos de undécima categoría para tales propósitos. Asesinando a los verbos prescindibles los responsos ganarán sobriedad, versatilidad y capacidad para negociar en los Infiernos.

Una voz sagrada se desprenderá de los mejores responsos y ella les hará las respectivas confidencias a los poetas tristes del pasado. Un distintivo estilo transitará por la competencia de los responsos, pero pocos argumentos quedarán como materiales del olvido.

Los responsos tendrán que asumir la convocatoria de sus lenguajes, la escogencia estética y el modelo que bullirá al margen de las religiones.

De un lado u otro del Infierno prometido, los responsos se alzarán como novedosos versos dispuestos a donar pozos, corrientes y calzadas. ¿Podrá alguien imaginarse que de una diminuta jofaina broten responsos como espejos para las almas meditabundas?

 

Finalizar en las Termas

No se dará precios por adelantado: la temperatura de las aguas pudiera elevarse. Una imagen remanente de paz en las edades flotará sobre los asistentes. Es mejor no encontrarse con bajos importes, ni promesas para sanativos futuros. Con los suficientes escenarios disponibles, las Termas se deslizarán por donde los cuerpos las aguanten y si algún desprevenido reclama por las ampollas, se le dirá que afuera hace viento solar y la Administración no cuenta con estipendios adicionales.

Habiendo dispuesto las ambulancias para los clientes, las Termas asentirían sobre los puntos neurálgicos a tratar. Las monedas se pondrían a calentar y las aquiescencias se notarían por su extraordinaria lozanía y virtud médica. De cara a los posibles “falseadores”, las Termas derivarían sus cualidades innatas en líquidos contra la obsolescencia. Afuera, en la entrada, colgaría el cartel con los servicios:

  • zambullidas de costado;
  • trabajo acuático en las coyunturas;
  • mantenimiento y/o preparación de las posturas correctas;
  • exposición al goce puro;
  • crujidos vertebrales;
  • salazón de huesos;
  • reparación de sillas turcas.

Una vez cada mes, se renueva al personal de las Termas y en términos tajantes, se conmina a los nuevos contratados a no excederse en el uso de la leña para el calentamiento del agua.

 

De ser posible

De ser posible, digan “Gracias, pero no agradecidos”, ya que esta vía no suele negociarse, ni negarse, por temor a que los grandes consorcios se queden con todas las ganancias ad usum.