Poema
Ilustración: Nelson Jovandaric

Jamás te olvidé y eso redundó en mi descanso.
Amé tus nalgas de reposado equilibrio
apoyadas en los entreveros de los meses,
mientras las nubes se apropiaban de los cielos enemigos.
Fue bueno escuchar tu voz rebotando sobre el espejo:
ahí quedó anónima, bruna y con delicado tono de ironía.
Acentuaste lo positivo que hubo en los sueños.
Algo fuera de lo común me dijiste
y sólo pensé en larvas aéreas.
No me privé los fines de semana
de humedecer tus secretos hasta el diamante de adentro.
Como tu amante me adherí a ti
y cuando la oscuridad pasaba
daba topetazos contra tu falta de fe,
hechizo de ocasión y distintivo estilo.
Cuando orinabas al compás de mis silbidos
lo mejor que acontecía tenía que ver
con el justo recuerdo de muchos papeles mojados.
En la cocina danzabas
y tu rostro era la música
más cara que al diablo ofrecérsele pudiera.
La pasión caía en ti por azar
en el momento que tus ojos no miraban
y tu lengua elaboraba burbujas de saliva.
Me arrastré al compás de tu piel
y no pude lograr que alumbrase allende tu descaro.
(En el oeste de nuestro teatro
una estrella picoteaba semillas del disgusto y la desazón).
¿Por qué no arrancaste de tus hombros
la cizaña que crecía a mis expensas
y no le diste cabida a cierto cáñamo superviviente?
El sabor de tu miel me desesperaba
y puso un alto en mi estrecha luz.
Recibiste lo que te di de la noche
y tantas veces deviniste en amorosa dama.
En tus ojos me bañaba
y resolvía asuntos del frío.
Cantaba siempre la misma balada
para que nunca se perdiera
el espejismo de la buena pieza.
De cien a cien minutos
aproximaba el amor a tu garganta
y me desparramaba como natural muchacho.
Sabías que mi vida
se despejaba en una amplia vía
y que los besos nada fugaces
estaban amparados por la alcahueta luna.
Dentro de ti todos los deseos
descendían en rápidas cascadas de vino y turgencias.
Fuera de las sombras
tus palabras resonaban
en un mundo extraño.
Te tocaba, de veras, creo
que te tocaba.
Recuerdo el vapor de tu boca
cuando me llamabas “triste payaso”
y yo entonces te daba batalla
en la orilla de la gran cama
y tú extendías tus labios
hasta vencerme y agotarme.