Terragueros

Textos y fotografías: Wilfredo Carrizales

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Terragueros

Ningún minúsculo ente, por muy marino que sea, escapa de la influencia de la tierra esparcida y alimentada con hojarasca, pedruscos noctámbulos y conchas de las bahías. Las influencias son buenas porque extienden el forcejeo de la vida hasta más allá de los caminos donde se ahoga la bruma que no se domestica.

Encuentra la tierra preparada el himno de los fotones y la claridad baja de blanco.

El tiempo se precipita con su indeleble misterio en un espacio constreñido. Las sombras aceptan un área que las expone a miradas de escrutinio. El resto lo conocemos a través de un substrato impuesto por la brújula de las horas.

 

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Terragueros

El descubrimiento de la síntesis telúrica acaece de la mano del más mortal de los hombres: un mago improvisado. ¿Qué importa si él carece de poderes eternos y nunca heredó prodigios, ni le fueron transferidos? El descubrimiento viene como adviene el desove del deseo en su cuenco fortuito. Y la corriente prosigue...

Y entonces, aquellas veces cuando los rastros de los dedos de las manos no significan nada y es otro derrotero su empeño, lo que permanece del trabajo habla por todos los afanes ahuyentados.

Primero llegó la noche y arrastró con ella a las ausencias del arrebol. Después un instrumento de cocina trajo peces y un rocío prístino se depositó entre sus sentidos y fue comido y trascendió.

 

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Terragueros

Quiera lo boreal establecerse en un recodo de tierra domesticada y plañir a su gusto las viejas conchas del mar exiguo que se concibió en sueños.

En los extremos no habrá restricción de ninguna especie. La dirección que especifica las vidas momentáneamente detenidas completará con ejemplos el ámbito del escape.

Aún se impondrá un misticismo de ocres y polvos cenicientos y levantados. Hondos se verán los contrastes al margen de las texturas.

Cáscaras que no se protegen en la mitigación, depararán un despecho entre las hojas secas estacionadas en el laberinto iluminado de sus propias nervaduras.

 

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Terragueros

Cada elemento se ronda a sí mismo y consigue el desplazamiento tácito de los terrones. ¿Qué vive o qué muere allende los ojos? El misterio puede entenderse como un éter loco que se consume en variaciones y toca las líneas que no se cruzan.

Las cosas que aparentemente han muerto no exhiben una huella duradera y descienden por las siluetas que les otorga el azar.

Si las imágenes detenidas incitan con levedad al más fisgón de los sentidos, debemos suponer, contra toda evidencia, que el lirismo de la escena tiene algo de perfecto.

El retorno persigue a su espiral y no siempre la atrapa en el lugar deseado. Las conchas marinas han estudiado geometría: se sienten seguras en su terreno.

 

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Terragueros

La particularidad de la tierra recogida nos enseña el respeto por los colores del pasado. Ellos se definen claramente; prefieren el estatismo que los hace vivientes.

La geometría se simplifica de nuevo y arrastra a su paso partículas que luego se juntan para crecer en el interior de las pupilas.

Lo vital amplía la seguridad en la extrañeza de las formas. La memoria sensorial se abre al ojo múltiple que no cesa de observarla.

Nada que se asemeje a un tabú puede profanar el lenguaje mudo de las posiciones. El suelo se ha tatuado con un esplendor que le cayó adrede desde el fondo de una plateada aguja.

 

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Terragueros

¿No existen las zonas de oscuridad? ¿Para qué recurrir a vanas y torpes explicaciones? La materia se ha escapado sola y se ha asilado en un recodo que tenía su nombre y condición.

Nadie puede ser ajeno a la rica experiencia de las porciones de tierra exhaladas y fijadas en un marco de creciente alivio.

Vamos con el tema de los extractos telúricos al banco que guarda los olores del pino. Allí nos hospedamos y antes de que el lucero de la tarde sea capaz de leernos, nos extraviamos dentro de la mesura de las menudas rocas.

Ya estoy listo para descansar y prometerme un sueño: no lloverá afuera, pero lo que soy yo, trueno bajito y hago lodo sincero.

 

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Terragueros

¿Qué se proponen percibir los ojos recién encontrados? Los bosques están demasiado lejos; las florestas pueden resultar malsanas.

Al menos nos queda el viaje pormenorizado al interior de una capa de tierra derramada. Sobre ella moran peces de porcelana y conchas de una pacífica rada con faro y bogavantes enanos que tocan músicas secas y hojas que no mueren porque se inyectan légamo y una cuchara de madera a la espera de un buen caldo para remover el menú.

Una vez más leemos y lo hacemos de corrido o con lentitud, según el estado de ánimo. Nos afincamos en los avatares del silencio y en un posible jubileo entrevisto. Hablamos de algo y de mucho; que la tierra ajustada, con sus ganas, nos provee y nos tizna para el devenir.