Ya-ya viene puntualmente a las tres pm al cruce de calles fijado con anterioridad. Yo he llegado con quince minutos de anticipación y la espío desde la ventana de un pequeño restaurante ubicado a escasos treinta metros. Ya-ya abre las piernas: señal inequívoca de que está impaciente. Mira repetidas veces a su teléfono celular como si él le fuese a decir dónde estoy yo. Me tomo mi cerveza con absoluto sosiego. Mi móvil está apagado y si recibe mensajes no me entero.
Corolario
Hago rabiar a Ya-ya con mi intencionada impuntualidad. No es la primera vez que lo hago y aunque ella se enfurece y grita, al final acepta la falsa disculpa y accede a pasear conmigo y divertirse, lo cual siempre viene al caso y es eso lo que nos convoca a ambos.
Escena 1
(Salgo del restaurante y Ya-ya todavía espera en el cruce de las calles. Un tiempo bochornoso se escurre por entre el ramaje de los árboles. Unas viejas sentadas en una acera me ven con curiosidad avanzar hacia ella. Le toco un hombro y Ya-ya da un respingo).
Ya-ya: ¡Ah, al fin apareciste! Eres mi ilustrado tormento. Ya estaba a punto de comenzar a mover mis pies rumbo a mi casa. Mis padres no están, ¿lo sabes?
Yo: ¿Tus padres? ¿Y desde cuándo viven tus padres contigo?
Ya-ya: Por supuesto que no viven conmigo. Sólo vinieron a pasarse unos días. Les hablé de ti y quieren...
Yo: No puedo sentir el olor de los padres cerca de mí. Me produce mareos y cosquilleos en la piel.
Ya-ya: Pero son mis padres y no te olvides que son músicos.
Yo: Entonces que se vayan con su música al Odeón de París.
Ya-ya: ¡Qué cruel eres! No son músicos oficiales. Sólo interpretan música por afición. También son pintores y escritores. Mi padre sobre todo es muy meticuloso. Escribe artículos de crítica semanalmente en revistas especializadas. Él es un hombre muy esclarecido. Seguro te alegrará conocerlo. ¿Te parece bien que acordemos una cita?
Yo: No quiero conocerlo. ¿Por qué te empeñas en imponerme cosas? ¿Estás preñada o algo así? Recientemente te encaprichas con todo.
Ya-ya: ¡Qué dices! Yo sólo tengo la esperanza de que hagas amistad con mi padre porque ambos son escritores y podrían intercambiar opiniones favorables para ambos.
Yo: No necesito bastón. Prefiero caminar a oscuras y chocar contra los postes del camino. Desde hace meses te lo vengo repitiendo, pero tú no te convences y continúas en esos ejercicios de presentación.
Ya-ya: (Vagamente) Uh, uh, uh...
Escena 2
(Ya-ya y yo estamos detenidos admirando a un sexagenario que eleva una cometa con maestría. Nuestras miradas suben hasta donde está la cometa y permanecen allí un buen rato. Luego descienden bruscamente y se buscan para iniciar otro diálogo).
Yo: Al principio de los años ochenta del siglo pasado venía yo aquí con mucha frecuencia. Pedaleaba mi bicicleta hasta alcanzar este recodo. Me sentaba solo a observar el regreso de las bandadas de cuervos y me las imaginaba como cometas ligadas por hilos que manipulaba yo desde acá abajo.
Ya-ya: En esa época serías un tipo de solitario famoso.
Yo: No, no. Créeme. A mí nunca me ha interesado ser famoso. Más bien me gusta pasar desapercibido, casi anónimo. ¿Para qué ser famoso? ¿Para andar estampando tu firma en cuanto papelucho te extienden en la calle?
Ya-ya: No sé porqué no quieres reconocer que pretendes ser famoso.
Yo: Allí enfrente, en esa curva, estuve a punto de ser famoso por la misma fecha que mencioné. El automóvil que conducía un amigo colombiano, ya bastante ebrio, y donde iba yo y otro colombiano, chocó contra el seto de pinos y volcó. Acudieron fotógrafos y policías y fui famoso por instantes de una noche intempesta. ¿Qué te parece?
Ya-ya: Seguro que tú buscaste adrede esa proyección. No podías actuar de otra manera. Para ti la expectativa siempre se torna en desafío. Últimamente sé que lo has tratado de lograr. ¿O me equivoco? Tú estás lleno de una energía negra que pronto explota por cualquier vía.
Yo: Ya-ya, creo que ignoras lo esencial de mí.
Ya-ya: Cuando tu hermana vino a Peking me dijiste que te traería algunos libros de los Estados Unidos y que estarías muy ocupado atendiéndola. Luego me enteré de que contrataste a una guía para que la acompañara a todas partes. ¿Qué hiciste tú mientras tanto? ¿Sólo leer aquellos libros? ¿No fue una excelente excusa para no verme?
Yo: No confíes en murmuraciones. Me encerré durante un mes a leer con avidez aquellos libros necesarios para mí. De esas lecturas saldrá algún día una obra meritoria.
Ya-ya: ¿Más meritoria que la preocupación de tu madre?
Yo: ¿Por qué mezclas a mi madre en esta historia? Ni siquiera la conoces. Tal vez lo que tú anhelas es ocupar la función que ella abandonó hace muchísimos años.
Ya-ya: No me imagino ocupando el lugar de tu madre.
Yo: Tienes razón. Tú eres demasiado fría o calculadora. Te pareces a un personaje femenino de las novelas de Agatha Christie.
Ya-ya: Yo sólo soy una mujer que está remontando la cuesta de los cuarenta.
Yo: Sí y la remontas con poco amor y demasiado temor. Te falta música en el ascenso. Deberías procurar el asesoramiento de tus padres músicos para que te pongan a tono, en sintonía melódica.
Ya-ya: ¿Sabes a quién me recuerdas? A un compañero de trabajo que es un gran fingidor, el comediante por excelencia. Le dicen “Tartufo Sínico”.
Yo: A mí me cuadra mejor “Tartufo Cínico”. Se acerca más a mi carácter y a mi personalidad.
Ya-ya: ¿Qué pretendes con toda esa impostura? ¿Acaso crees que yo no te conozco bien?
Yo: Nada o tal vez convertirme en tu papá por adopción marital y concubinaria.
Ya-ya: Con un papá me sobra y me basta. Además no olvides que él solía pegarme con su cinturón de cuero.
Yo: Considero que tu papá tenía una desviación sexual contigo. ¿Por qué siempre te castigaba en las nalgas?
Ya-ya: Nunca antes había puesto atención en eso. Puede que tus sospechas estén bien fundadas.
Yo: Y si no están bien fundadas, tus redondos y macizos fundamentos le darán un mentís al asunto.
Ya-ya: Si alguien llegara a escucharnos pensaría que estamos hablando en serio...
Yo: Toda esta información es justo lo que requerimos para la obra dramática.
Escena 3
(Caminamos por una calzada arbolada. Delante nuestro marcha un monje budista con un sombrero de paja y a su lado va una mujer en plan de ayudanta. La tarde amenaza con venírsenos encima y aplastarnos sin misericordia).
Ya-ya: Nunca más debemos hablar a tontas y a locas. Yo recuerdo que en la escuela secundaria había un maestro que nos enfatizaba esto a diario.
Yo: Eso era su verdad y yo no te la discuto. El cerebro del tal maestro debió de estar lleno de todo tipo de advertencias, avisos y amonestaciones. Por mor de la inteligencia tenían que haberlo llamado “Maestro Triple A”.
Ya-ya: Ahora sospecho que padecía de afasia.
Yo: ¿No sería más bien de afectación?
Ya-ya: No estoy tan segura. Sin embargo, le agradezco que me haya recomendado la lectura de autores imprescindibles, sin los cuales no habría llegado hasta ti.
Yo: Por favor, no exageres. El personaje que yo soy se está reescribiendo constantemente día a día.
Ya-ya: Es posible, pero mi diagnóstico me lleva a elucubrar que tú te ocultas dentro de tus personajes más nimios.
Yo: ¿Podrías explicarme eso con más lentitud?
Ya-ya: ¿Qué? ¿El cambio constante de roles? Pero si tú lo comprendes mucho mejor que yo. No me pidas que yo te explique lo que tú ya conoces de sobra y finges desconocer.
Yo: Me manejo como si fuese un desconocido.
Ya-ya: Tú te manejas como si fueses un automóvil de múltiples velocidades y variadas carrocerías que no encuentra un garaje apropiado donde estacionarse.
Yo: ¿Tú no estarás confundiendo manejar con manjar? Mira que ambos tenemos cara de hambrientos.
Ya-ya: Yo puedo compartir contigo un pan relleno con carne que traigo dentro del bolso. Así aplacamos el hambre a medias hasta la hora de la cena, si se da.
Yo: Te acepto el pan sin la carne. Hoy no quiero estar en pecado. Sobre todo después de haber seguido de cerca al monje budista.
Ya-ya: ¡Qué escena tan conmovedora! ¡Hasta parece real! Cuando me hincas el diente no piensas jamás en pecado.
Yo: Se trata de otra carne: tu especial golosina que me nutre y me ayuda a escribir y a continuar con vida.
Ya-ya: Yo te licencio para que la dejes si te hace daño.
Yo: Silenciosamente me declaro tu licencioso degustador.
Ya-ya: Me encanta tu manera inédita de filosofar que me hace sentir que no abusas de mí, sino que te propones llevar a cabo una puesta en escena memorable y rutilante.
Yo: Dices más de lo que yo me había propuesto. Pero dado que reconoces en mí a un incipiente filósofo, te pido que nos dispongamos a partir hasta el lugar de las próximas apariciones.
Ya-ya: ¿En cuál bocacalle te espero el venidero sábado? ¿En la misma de siempre o en la que está más hacia el norte?
Yo: Te lo haré saber a su debido tiempo. Adiós.
(Ya-ya abre los ojos desmesuradamente y se pasa el dedo índice por los labios a manera de ceremonia. A continuación se encamina hacia un matorral cercano y orina detrás de él. Yo permanezco observándola a través de un espejo de mano hasta que la tarde moribunda me hala hacia su postrero jolgorio).
Glosario
Tormento: zapatos estrechos que se usan especialmente durante la etapa más calurosa del verano para recordarnos que estamos vivos.
Meticuloso: manera o procedimiento de sacarle a alguien información preciosa que mantiene oculta en partes innombrables.
Preñada: estado o condición que le permite a la mujer pedir cualquier chuchería en la madrugada o exigir le sea satisfecho el más mínimo reclamo con la mayor premura.
Bastón: especie de tercera pata de la cual se sirven algunas personas para pasar por importantes cuando caminan por las calles.
Cometa: artefacto volador elaborado con cañas y papel y que sirve para enviarles mensajes a los dioses que nunca más volverán.
Cuervos: clase de pájaros que nacen negros de huevos sumamente oscuros y que prefieren volar de noche para no hacerse notar y poder sobrevivir.
Famoso: individuo que tuvo la mala suerte de ser reconocido por sus semejantes y que está condenado a aparecer en anuncios publicitarios de todo tipo.
Colombiano: personaje que suele beber mucho y llegar seguro a su casa de madrugada, pero que cuando adquiere automóvil lo estropea totalmente la primera noche que lo estrena.
Fingidor: espécimen en vías de propagación constante debido a su capacidad innata de mutar y mudarse de traje y residencia.
Concubinaria: situación temeraria que padecen algunos elementos al atreverse a vivir con la que lo castigará tarde o temprano.
Fundamentos: excrecencias carnosas que las mujeres suelen usar para sentarse y que en las calles los hombres acostumbran admirar y a veces provocan accidentes.
Afasia: anomalía mental que se presenta en determinadas personas que sólo pueden hablar a través de imágenes.
Manjar: preparación alimenticia exquisita y nutritiva que por lo general se toma en la cama después que se han apagado todas las luces.
Filósofo: especie de ser humano en casi completa extinción que se dedica a pensar por los demás lo que a ellos no les interesa ni les preocupa meditar.
Bocacalle: sitio obligatorio de reunión o cita para amantes que carecen de hogar propio y que deben recurrir a él para no perderse en el entramado más complejo de vías.