La ciudad es Babel y otros poemas







Soñé que atravesaba la noche de Denver
en un tren de Illinois y la nieve borraba
el sueño pero no el tren que era tu cuerpo
y me abrazaba en la estación de Denver.

El cuerpo flota profundo,
despide el leve aire
de tu triángulo aun más hondo
y se vuela mi mano.
No debiera abandonarnos
la escena, a su suerte.

Este es tu espejo
Este es tu espejo, amor
y la cruz de mis días, la imagen
que tú proyectas en el ciego cristal,
que te refleja como si mi memoria
viviera con tu cuerpo desnudo, afiebrado
en el temblor de estos días inútiles.
Oh, señora mía, libérame en la carne,
la piel nos grita en la sabia memoria de la noche.
Luna, las albas sábanas, nieve de estos días,
tus copas alzadas, aguas contenidas.
Sólo entremos a un tiempo, digo, ahora,
que en nosotros avanza la noche
y nos nombra extranjeros.

El Sur tiene tres letras,
la primera siempre te pertenece,
la última es mi inicial rota,
agua derramada en el confín
de una mano,
barco que a su puerto
no se debe.
Juntos armamos el Sur,
piel de una sola huella que
en tu memoria queda.
Sabe a mar, sabe a tiempo,
a yuyos, copihues lejos de casa.
El Sur tiene un camino sin escaleras,
un cielo tan alto, pequeño cuarto
en esta orilla del río,
la noche se reconoce estrella,
la última luz del Sur.