San Camilo, padre de las letras chilenas

San Camilo es un barrio emblemático. Viví a su costado durante algunos años. Ahí, en unas de sus casas, reafirmé la pérdida de mi virginidad. San Camilo con Santa Isabel, cosa de santos y santas, las putas siempre lo serán. Raúl Ruiz, el cineasta, que ahora se llama Raoul y vive en París, escribió en una de las paredes de San Camilo, donde salíamos con el cuerpo más liviano, el verso ya conocido: Es la hora de partir oh abandonados. La Canción desesperada nerudiana de sus 20 poemas de amor, que arrastramos toda nuestra adolescencia y juventud. ¿La literatura es una puta militante de la realidad? Discutíamos todo en esa época y nada ganábamos más que unas cuantas noches a la felicidad. Echábamos humo por entre las piernas y cabalgamos toda una noche a una desconocida. Santiago era gris, como ahora quizás, pueblerino de alguna manera, provincial, democrático a su manera, y la poesía era una pequeña reliquia, un santo y seña que aún se respetaba en algunos círculos. Había unos cuantos premios, más bien pobres lauros, arbitrarios, de naturaleza insípida, pero cotizados por los postulantes. Santiago del Nuevo Extremo, de mis extremidades que dejaba en sus largas calles caminando hacia el sol. Santiago lo vivíamos día a día como la poesía. Eso fue. Eso pasó. Eso no está. Eso es memoria como las aguas muertas del Mapocho. El alma de Chile se descuadernó. Se le está ganando a la pobreza (dicen las estadísticas) pero no a la mental. La banalidad es su propio juglar. Pasaron los años. Otros tiempos. ¿El hombre ha cambiado? ¿El sistema ha cambiado? ¿La palabra no sirve? ¿La ética es una etiqueta? Hacia eso vamos.

El país creció, se hizo más largo, infinito, llega a casi todos los mercados. Se hizo tigre a su manera, privilegió el mercado. A todo le puso un precio, de alguna manera, subió a los chilenos al tobogán de la competencia per se. Las letras no escaparon de este nuevo paradigma chilensis. Se crearon fondos para la cultura a repartir entre los mejores proyectos y obras presentadas. Incluye a los chilenos en el mundo. No sé cuánto suman los fondos y qué categorías incluye, además de proyectos especiales. Pero la filosofía es esta: Con el fin de apoyar la creación y difusión cultural, la conservación y desarrollo del patrimonio y la identidad cultural, el Estado cuenta con distintos instrumentos y formas de financiamiento públicos.

El tema es que este año, más que en otros, el descontento arrastra las turbulentas aguas de la ira. La cultura chilena está mostrando sus trapitos al sol. No es fácil saber por dónde tirar la hebra de una madeja muy enredada. Obtuvieron becas jurados, perdieron becas postulados con proyectos bien avalados y que recibieron un puntaje más que suficiente para ser aprobados. Los reclamos son muchos, porque algunos se autoevaluaron y ganaron. Se han pasado cuentas pendientes. El gremio de la Cultura Oficial ha mostrado la hilacha de acuerdo con las acusaciones y cartas enviadas a la ministra y a las autoridades pertinentes. Han obtenido fondos poderosas instituciones y se ha becado a jurados del Fondo. En el fondo todo estaba escrito y nada ha quedado claro. Los escritores Roberto Brodsky, Teresa Calderón y Mauricio Electorat, que fueron catalogados con un máximo de 100 puntos y no obtuvieron la beca, denunciaron irregularidades de procedimientos. Las denuncias son más y variopintas. Han ganado personas que no son creadores pero que dirigen instituciones de la cultura. Es el lobby de la cultura, intereses, acuerdos de recámaras, nada novedoso el panorama más o menos universal en este ámbito.

Lo importante es saber que la literatura no pasa por un fondo estatal. Se requiere algo más que una beca.

La rebelión ya está en la calle. Este lunes 11 a las 11 horas, en la entrada de San Camilo 260, los escritores chilenos protestaron y exigieron une revisión profunda del funcionamiento del Consejo del Libro y la Lectura. San Camilo vuelve en plena majestad, como en los viejos tiempos, con su esplendor a revivir sueños idos.

 

Comunicado
La crisis de la cultura nacional
La infelicidad permanente
  1. Chile vive la peor crisis cultural de su historia: tal vez por primera vez se debería afirmar que el país no tiene proyecto cultural y que su masa crítica, creativa y artística, está sujeta a los vaivenes de la mediocridad, del oportunismo y de la corrupción.
    Los escritores firmantes de esta carta creemos, digna y éticamente, que es necesario proponer al país un amplio debate que busque una salida a la grave crisis en que se encuentran las grandes mayorías de la sociedad chilena y para salir de su estado de permanente infelicidad.
  2. En lo particular, pensamos que la situación referida al ámbito del libro y la lectura ha empeorado en Chile en la última década; y por ello es que creemos, asumiendo una actitud responsable, que hay que cambiar de rumbo. Estamos frente a una crisis significativa del sistema de promoción del libro y la lectura y es imperioso debatir y crear una nueva ley del libro, que responda a las actuales necesidades.
  3. Las anomalías evidentes en el último concurso del libro y la lectura son un síntoma grave que revela de manera palmaria esta crisis nacional. Según los procedimientos del Consejo del Libro fueron evaluadores externos quienes catalogaron los proyectos literarios de los escritores. Estos examinadores, a su vez, asignaron puntajes cualitativos a los proyectos. Ahora bien, acometida esta tarea considerable, que requiere juicio y denuedo, más de 200 escritores fueron seleccionados —en el área de creación literaria— y obtuvieron puntajes superiores a 80 puntos, siendo el puntaje máximo: 100.
    A muchos de estos escritores se les ponderó con 100 puntos, pero no fueron favorecidos con una beca, saltándose los criterios de excelencia. Así, los 200 escritores que resultaron seleccionados en el tramo tasador inicial, fueron sometidos a una nueva apreciación, es decir, fueron introducidos en un “hoyo negro” o mejor dicho, fueron seleccionados en una reunión de pasmosa celeridad por los once miembros del Consejo Nacional del Libro. En sólo tres horas, sin que existiese la idoneidad estética y creativa que exige una determinación de esta naturaleza, el jurado dirimió. ¿Cuántos minutos les dedicó el jurado a evaluar 200 proyectos literarios en tres horas? Si hacemos el cálculo, el jurado les debería haber dedicado un minuto y 11 segundos por proyecto literario, lo que indicaría la genialidad del jurado.
  4. Lo que queda muy claro en esta polémica, al conocerse las desproporciones y los contornos de esta nueva jornada de evaluación y asignación de fondos, encabezada por el Consejo y sus responsables, es que el resultado es muy poco ético. El jurado no es un cuerpo colegiado competente, pues no tiene el nivel de selección y pericia necesario para valorar proyectos donde se considera la calidad literaria y los niveles estéticos que éstos alcanzan. El jurado actúa y ha procedido, en cambio, aludiendo a temáticas más relacionadas con la geopolítica básica (60% para regiones y 40% para la capital). O a tópicos administrativos, más que con discernimientos estéticos, como si esta tarea relacionada con la cultura, fuera un fondo social, de equidad o de asistencia. La composición del jurado del Consejo Nacional del Libro está integrada por 11 personas, principalmente funcionarios del gobierno y delegados corporativos de organismos gremiales, que actuaron como juez y parte, otorgándose proyectos millonarios.
  5. No estamos en contra de los creadores y gestores que obtuvieron la beca o fondos para sus proyectos. Este no es un problema entre colegas y amigos.
  6. Creemos que es necesario hacer un esfuerzo y reorientar de manera categórica y democrática, con la participación de escritores y agentes culturales, los ejes de la actual institucionalidad cultural y en lo específico: del fondo del libro y la lectura.
    Necesitamos un amplio debate sobre el nuevo rol de la cultura en un nuevo Chile.
    Se necesita una nueva ley del libro. Ahora.
  7. Finalmente, para reestablecer confianzas y para inaugurar un nuevo proceso de diálogo serio, sano y responsable, es que creemos que Jorge Montealegre (secretario ejecutivo del fondo) debe renunciar o ser removido de su cargo, pues ni ayer ni hoy ha dado garantías de imparcialidad.
  8. Es necesario entender que la cultura y el libro han cambiado la vida de millones de personas en la historia de la humanidad. Que los chilenos tengan acceso a los bienes culturales se hace imprescindible, es el guiño de la felicidad, no es menor si se trata de un pueblo.

Firman:

Erick Pohlhammer, Raúl Zurita, José María Memet, Sergio Badilla, Omar Pérez, Mauricio Barrientos, Felipe Ruiz, Teresa Calderón, Gustavo Barrera, Víctor Hugo Díaz, Arturo Volantines, James Krator, Camilo Brodsky, Christian Formoso, Ernesto González Barnert, Leonel Lienlaf, Max González Sáez, Thomas Harris, Mario Artigas, María Isabel Amor, Ángel Valdebenito Verdugo, Galo Ghigliotto, Luis Riffo, Rolando Gabrielli, Bruno Vidal.