Refrito poético en el desértico país de la razón o la fuerza
En el país de los ciegos, el tuerto ya no es poeta, un arte menor que fue de mayor cuantía en una nación de abogados y novelistas florecientes, dueños de la matriz literaria de Chile y de lauros sin par.
Me entero de refilón que la poesía en Chile no ha alcanzado para una primera comunión y menos para romper una jugosa piñata de 11 mil dólares (número maldito), al ser declarado desierto el premio de poesía para obras inéditas que anualmente convoca el Consejo Nacional del Libro y la Lectura.
De acuerdo con el profesor y poeta chileno Javier Campos, residentes en Estados Unidos y su nota de El Mostrador, se presentaron más de 300 trabajos, y ninguno llegó a la meta para cortar la cinta de la victoria.
Del flamante jurado sólo conozco a mi amigo Federico Shopf, ilustrado, acucioso, inteligente crítico literario y ciudadano mayor de edad.
De los otros dos, jóvenes, de distinto pelaje literario, tengo vagas referencias, olas con inéditos pasajes, oscuros mantos de Eva, caminos que no me conducen a ninguna Roma, Oh, César dónde estás ahora que Brutus te busca con desesperación y clara vocación criminal.
Un jurado literario de por sí es un enigma y sus resultados suelen, por lo general, llenar la copa del desencanto, producto de la subjetividad de la materia y de mil razones extracurriculares, pero cuando recurre al expediente de la nada, mezcla de olvido y desierto de Atacama, una especie de espasmo entre las olas, algo está pasando en Dinamarca.
Se ha podrido la poesía en el silencio. Ese es el mensaje. Se secó el manantial de la poesía chilena.
Hasta aquí no más llegamos, dijo el poeta. Ese podría ser un título de valla en todo el país, como señal de advertencia. La poesía es cosa del pasado. Chile, territorio libre de poetas. La poesía es tan absurda como caminar para adelante. Detrás de cada poeta, una piedra. La poesía dejó de ser un mal necesario. Más vale un poeta en la mano que cien volando. Señorita busca poeta para casarlo con la realidad. La poesía es golondrina que no hace verano. Y así sucesivamente, el paisaje de Chile con sus vallas alusivas a la materia olvidada, objeto de extinción por obra y gracia de los concursos.
Escriba poesía por la razón o la fuerza, pudo ser un lema del pasado, y que tuvo éxito. Quizás ahora el mundo digital borró el verso de la frágil memoria chilena. No sabemos en verdad que tuvo entre sus manos el jurado. ¿Materia difusa, confusa, volátil, la poesía? A otro perro con eso hueso, habría dicho quizás el jurado. La poesía nos entra por un ojo y sale por el oído. Tantas razones para este misterio indescifrable de la poesía y de los concursos. Cada jurado tiene su corazoncito. Su gusto y regusto. Sus lecturas. Sus modelos. Su manera de apearse frente a un texto. Cada poema es un desafío, cada libro un mundo. ¿Qué habrán pensado después de dejar caer el último verso? ¡Mierda! Hasta aquí no más llegamos en poesía. Cierren el país para que no salgan los poetas. Estamos en cuarentena. Con estos poetas no llegaremos al Primer Mundo. Un TLC peligra hasta con Bolivia. Amigos, hoy hemos declarado abierto el premio Desierto de Atacama.
Para nadie es un secreto que cada concurso tiene su premiado. Y muchas veces de antemano. Aquí y allá. Los concursos están desprestigiados, sin duda. Y no se trata de respirar por la herida. Ni siquiera me enteré de este concurso. Craso error de no editar las bases con mayor visibilidad para quienes vivimos en el extranjero. Esta es una tarea de casachile.cl. Del Ministerio de Relaciones Exteriores. De las embajadas de Chile en el mundo. La mentada XIV Región debiera tener un premio especial, no sólo para la poesía, sino las artes en general.
Los concursos no deben ser un misterio y los premiados deben tener calidad. Son dos deberes de una misma deuda que tienen los jurados en cada uno de los concursos. Algunos reclaman que los poetas de provincia están lejos del poder central decidor capitalino. La XIV Región ni siquiera es una provincia, más bien una mancha de aceite y agua, o de vinagre, a veces, en el exilio, en el destierro del pozo de la diáspora. La gente se hace sola en el “exterior”, y si le alcanza un poquito, es para la fama de Chile. El resto, es ninguneo. El viento sur sopla en la nostalgia de las horas y se cuela por los huesos en la frontera de la memoria y alguien te hace señas desde un andén. Es tu tren dormido en el sueño real que atraviesa una nueva estación. Toda primavera trae su otoño. Caen viejas hojas de cuadernos escolares y de un calendario, que te dice, es hora, y sigo escribiendo sin mirar hacia atrás.