En la juguera: Roberto Bolaño, cárceles (y presos) en Gringolandia y la irrespetada Libertad de Expresión, y como guinda de torta, ¡un guardia español que ni te cuento..!

No, amable lector, no se me han fundido las neuronas ni estoy en situación de delirio. Lo puesto en la juguera se mezcló bastante bien (aunque con mal sabor) en una cárcel texana.
En efecto, todo empezó cuando el recluso Nº 1385412 encargó un ejemplar de la novela Los detectives salvajes, del brillante escritor chileno Roberto Bolaño, cuya traducción al inglés había recibido una excelente crítica en el Sunday Times.
Cuando la obra llegó a la oficina de correos del recinto carcelario, fue interceptada por las autoridades y rigurosamente analizada por los expertos carcelarios.
¿El resultado?
La novela de Bolaño no está en conformidad con el Manual de Orientación para Delincuentes del Departamento de Justicia Criminal de Texas.
Específicamente (como puede verse en el documento oficial que encabeza este post), lo que molestó fue el contenido de la página 39, pues dicho texto podría: “alimentar la homosexualidad o conductas criminales desviadas” y por ello es “perjudicial para la rehabilitación de los reclusos”.
¿Y qué tiene de terrible la página 39? Bueno, en ella se narra una escena de sexo oral entre un hombre y... una mujer.
Al fin y al cabo, el pobre recluso tuvo que desembolsar aun más dinero y se quedó sin leer la novela, la que fue enviada, con cargo al reo, a la casa de un pariente de éste en Austin, para que la guarde hasta que sea liberado y pueda leerla sin problemas.
Luego que la historia se supo gracias a la publicación de Bonnie Goldstein, de la Revista Slate, se ha abierto un intenso debate sobre la libertad de expresión en la sociedad norteamericana.
¿Y qué pasa en Chile?
No hay restricción respecto del contenido de los libros que pueden leer los reclusos, aunque sí la hay con la calidad del papel (no se aceptan libros cuyo papel delgado pueda servir para hacer cigarrillos artesanales o consumir drogas). La pucha, los presos en Chile, parece que no pueden leer la Biblia, entonces...
¿Y en España?
Ahí no tengo idea de qué pasa, pero sospecho que un funcionario de cárceles de la prisión de Palma, se leyó varias veces la mentada página 39 o bien, no considera que el sexo oral sea tan malo, especialmente si él, como guardia, se lo ofrece a un reo...
En fin, este mundo está rayando la papa, peinando la muñeca o pelando el cable, como quiera verse, mira que andar censurando a Bolaño que, además, ya no está en este mundo para defenderse...