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“Informe médico”, de Vicente Lecuna TorresInforme médico

I

¿Cuántas preguntas se habría reservado para el futuro el joven estudiante de medicina Michel Doutreval mientras sus condiscípulos lanzaban por el aire los restos de la “carniza” tumefacta de un cadáver en la sala de disección del Hospital de “L’Egalité”? ¿cuántas para allanar el martirio de extraer unas amígdalas sin anestesia a los niños parisinos? ¿cuántas pesadillas habría tenido que asimilar su creador, Maxence van der Meersch, al momento de concebir la larga historia contenida en la novela Cuerpos y almas? (Plaza & Janés para El Círculo de Lectores, 1973).

La terrible imagen de un cuerpo abierto por el vientre, la sangre como parte de la decoración y las chanzas de los médicos, se reducen en este fragmento de la obra mencionada: “También los otros habían reanudado su disección, y, con el cigarrillo en los labios, hacían bromas subidas de tono y soltaban palabras asaz obscenas. Reacción instintiva de una juventud brutalmente sumergida en la dura verdad de la condición humana y en los cuales la grosería y el sacrílego desparpajo no revelan sin duda más que un desesperado afán de curtirse a toda costa el corazón”. Más allá o más acá, la condición humana, esa profesión de fe de quien está obligado a prepararse para salvar vidas, para aliviar dolores.

En estas horas en las que la incertidumbre forma parte de nuestra más dolorosa “ficción”, el doctor Vicente Lecuna Torres regresa a este asunto muchas veces discutido por el común de la gente, el relacionado con la deontología, con la ética profesional como “componente de la ética general aplicada al campo específico de una profesión”, según plantea la doctora Marta Cantavella en su libro Bioética: ciencia y humanismo (Publicaciones del rectorado de la Universidad Rómulo Gallegos, San Juan de los Morros, estado Guárico, 2002).

Este correlato nos aproxima al libro del doctor Lecuna, Informe médico (Editorial Mondadori; Caracas, 2006), un registro narrativo de experiencias personales en los hospitales donde le ha tocado ejercer, lo que le ha costado ácidas críticas y ciertos desenfrenos de médicos que se ven dibujados en sus páginas, pero también el reconocimiento de una legión de profesionales de la medicina y de quienes han sido víctimas de mala praxis, abusos y perversiones de los que perdieron el rumbo y se hundieron en el olor de las ganancias excesivas.

 

II

Informe médico es un inventario del horror, un crudo y realista instrumento de denuncia que descubre —más allá del conocimiento de quienes han pasado por los rieles de una clínica privada o de un hospital público— las perversiones de muchos galenos que han usado el antiguo juramento griego para lucrarse y colocar el valor de la vida ajena en una mesa de disección mientras las monedas tintinean en los ojos de la avaricia.

El paralelismo entre los dos libros, Cuerpos y almas e Informe médico, destaca, precisamente, lo que habría de nacer como “juicio interdisciplinario”, la Bioética, en los años 70 del siglo pasado. El doctor Augusto León C., en el prólogo al libro de Cantavella, precisa: “...emergió apenas hace un cuarto de siglo, cuando Van Ronsselaer Potter, oncólogo norteamericano —recién fallecido— utilizó el neologismo Bioethics en 1970, identificando así lo que entendía como “ciencia de la sobrevida”. En 1971 publicó su obra fundamental Bioethics, bridge to the future, la cual merece lectura por todos aquellos interesados en tan fascinante campo”. ¿Por qué —se preguntarán los lectores— hacer referencia a estos trabajos de consulta tan rigurosos si se trata de un libro, el de Lecuna Torres, de lectura, donde la ficción es tan real que podría someternos al juicio de la desmesura? El libro del escritor venezolano es un juicio radical y somero de la psicología de muchos médicos cuyos delitos van más allá de cualquier estrategia deontológica. En el texto de Van der Meersch la ficción se somete a la realidad. En Lecuna, la realidad se somete a la ficción.

 

III

Se trata entonces de un “informe” donde los médicos aparecen en un récipe de cuestionamientos. Escrito desde los olores poco románticos de los consultorios y pabellones de los desesperados, donde —como señala José Balza— “lo no literario se convierte en literatura, gracias a los matices sutiles de la ironía y la compasión”, el doctor Lecuna pone al descubierto las llagas de una sociedad profesional que ha perdido el rumbo moral, humanista y social, a través de un discurso despojado de adornos, con una precisa adjetivación y el uso inteligente de la terminología médica, tan bien enfocada que el más alejado de este oficio puede ingresar a sus hojas sin rémora alguna. Se trata de un libro lacerante, desnudo, sin miradas de lado, frontal.

Excelentes páginas para aquellos médicos y profesionales de la salud que padecen los males de su propia codicia. Excelentes páginas para comenzar a mirar con otros ojos el sufrimiento de quienes acuden a los centros hospitalarios en busca del bálsamo a sus dolencias.

Sobre su experiencia literaria, en este recuento de su vida profesional, el autor destaca: “Hice las modificaciones del caso para que ninguna persona pudiera ser reconocida por el lector. Es posible que cada personaje sólo se encuentre en su autor. También descubrí entre las notas muchos textos en los que predomina la compasión, el cariño, la comprensión, la humanidad y la solidaridad. El problema es que estos relatos no me atraen. Las buenas noticias tampoco. Por eso los dejé de lado”. De modo que sólo nos encontramos con el lado feo de esa realidad que nos persigue día a día. Por eso, cada lector tendrá su médico, no de cabecera, sino de apuntar con el dedo acusador.