Los escritores por los que tengo especial predilección son menos los autores
de obras determinadas, que los creadores de una escritura la cual te persigue e
incluso se mantiene presente, como una endeble sombra, en tu propia escritura o
en tu vida. Josefa Zambrano, como bien lo hiciera notar Orlando Araujo, más que
una autora de una serie de libros es una escritura. Escritura que por otra parte
posee características muy particulares al momento de narrar como son la
brevedad y la precisión para describir esas atmósferas viciadas y personajes
comunes, pero con cierto halo enigmático.
Josefa Zambrano tiene tres libros de cuentos publicados: Magia de páramo,
Al día siguiente todos los caminos amanecen abiertos y Malaventuras.
Dichos libros contienen relatos breves de una inmejorable maestría. No recurre
para ello ni a la experimentación estilística, ni a la truculencia verbal y
mucho menos a la retórica literaria rebuscada. Ella se limita a narrar desde el
descubrimiento, el azar, la experiencia cotidiana y el asombro. Algunos de sus
relatos están provistos de una tensión creciente, siempre parece que algo
terrible va a suceder. En otras oportunidades algunos relatos recrean lo
fantástico desde lo cotidiano, desde esa esfera común del día a día donde
todo parece una escenografía fríamente calculada en sus mínimos detalles.
Josefa con su escritura va desgarrando los sutiles velos de la realidad
circundante y la hace soluble al lector sin otro artificio que el lenguaje
preciso en poesía.
La literatura para Josefa Zambrano es una linterna que busca iluminar ciertas
zonas oscuras de nuestra cotidiana en apariencia banal. Para ella la literatura
es una forma de vivir y de captar el mundo para transmutarlo en palabras, para
convertir ese universo de lo humano, con sus sueños, sus horrores, sus
creencias y sus amores, en metáfora.
Los temas de los cuentos de Josefa Zambrano son los de la existencia
ordinaria: nacimientos, soledad, entierros, amores, desencuentros, la ciudad.
Sus cuentos están hechos con retazos de sus vivencias, de la vida transfigurada
en locura, rito, recuerdos y oficio fantástico o como lo ha expresado la propia
escritora: “¡La literatura hace vivir! Sirve para buscar el tiempo y los
secretos perdidos; como instrumento de exploración y transformación de lo
real. Como trata de la existencia humana, nos permite intentar adentrarnos en el
lado desconocido de la existencia, y por ella descubrimos al hombre y a su
mundo. La literatura es lo humano, se recrea gracias a la memoria. A través de
ella se logra la trascendencia, ya que si somos mortales, la única inmortalidad
que es posible es la que se puede alcanzar a través de la obra de arte”.
El último libro de Josefa Zambrano es Malaventuras (Editorial Panapo,
1995). Reúne siete cuentos de brevedad variable. A diferencia de sus libros
anteriores hay en este nuevo texto una suerte de escritura más firme y mucho
más audaz. Lo erótico, lo onírico, lo insólito y lo cotidiano se
entremezclan en los distintos relatos que conforman Malaventuras. Hay una
escritura concreta y precisa que se pasea por los tópicos culturales del mundo
contemporáneo. Josefa Zambrano mezcla con irónica armonía ritual religioso
con computadoras, deseos humanos que se convierten en una realidad fantástica,
temores que se vuelven en sencilla metáfora. Josefa Zambrano narra con
limpidez. No recurre al engolamiento ni a la trama retorcida para atrapar al
lector. A veces un objeto, un recuerdo activa los mecanismos de una historia
intensa. La escritura y la forma como estéticas en sí mismas, como sinuoso
recorrido por las parábolas que encierra nuestro comportamiento en la
existencia de todos los días.
Raymond Carver, que fue un maestro de la narrativa corta, escribió:
“Algunos escritores tienen abundancia de talento; no conozco a ningún
escritor que carezca de él. Pero una manera única y exacta de mirar las cosas,
y encontrar el contexto apropiado para expresar esa manera de ver, esa es otra
cosa”. Josefa Zambrano ha encontrado en el cuento corto el contexto ideal
para narrar historias que van más allá de lo anecdótico. No hay impostura en
lo que narra, sólo hay escritura sensible y rigor al momento de tratar el
lenguaje. Una escritura preocupada por la creación antes que la pose o la
publicación. No sin razón Josefa Zambrano ha expresado:“La literatura
venezolana, como cualquier otra, no se limita a sí misma, sino que se nutre de
otras y hoy vivimos tiempos de devaluación e inflación monetaria y
bibliográfica. Más se piensa en publicar que en escribir. Se publica tratando
de complacer, sin importar cómo, el mayor número de lectores posible. Debemos
tener claro que la literatura no es propiedad privada ni está dividida en
parcelas, es algo más que el sentir y la expresión de un país en tal o cual
época, aunque se nutra de ese tiempo y lugar”.
Francisco Umbral ha escrito que ni la musa ni la inspiración existen, pero
la música se tiene o no se tiene, para el verso y para la prosa. Música es lo
que le sobra a Josefa Zambrano en su escritura. Una música que le viene de sus
raíces de su Boconó natal, de ese transitar inevitable por la vida con el
corazón despierto para escuchar los acordes de lo infrecuente y de lo soñado.
Josefa ha dicho que los escritores son impotentes para liderizar cambios
sociales, pero si pueden comprender y recrear el medio social y político que
les ha tocado en suerte para convertirlo en materia literaria y se haga
comprensible a los demás. Ella, como muchos escritores, apuesta más a la
literatura que a los políticos de saldo y circunstancias. Se apuesta siempre a
la metáfora hecha acto de insumisa literatura.