Personajes como el Quijote y Sancho Panza seducen a cineastas y actores por esa compleja riqueza interior que poseen. Existen muchas tentativas cinematográficas que han tratado de capturar en imágenes la magia indiscutible de estos dos personajes creados por Cervantes. Por supuesto que hay para escoger. Las versiones de la novela en el cine son tan plurales como la novela (dramáticas, cómicas, en dibujos animados, paródicas y hasta versiones triple x), pero hablar de una película rotunda y que haga justicia a los personajes, o la novela como un todo abierto, es caer en inexactitudes.
La primera versión que se conoce, según la enciclopedia del cine, es francesa y fue rodada al parecer en 1898. De esta primera versión no queda ningún vestigio y se conoce su existencia gracias a la hemeroteca.
Hay que coincidir con Guillermo Cabrera Infante, quien afirma que el Quijote no ha tenido suerte en el cine. Se han hecho más de diez versiones del libro, pero ninguna es idónea, ninguna está a la altura visual y sicológica, ninguna reúne ese destello de genialidad que permita afirmar que determinada película es una fiel pesquisa visual del libro.
Una de las filmaciones más curiosas del Quijote fue la que intentó realizar Terry Gilliam, director de películas como Brazil (con z) y Las aventuras del Barón de Munchhausen. Cuando Terry Gilliam inició el rodaje con los actores dispuestos y el escenario a punto se desató una tormenta que arrasó con todo y por poco arruina cámaras y demás accesorios técnicos. Después el actor que encarnaría a don Quijote, Jean Rochefort, se enfermó por espacio de algunos meses. Entonces llegó el invierno y convirtió todo en un lodazal de mil demonios. Al final terminó por filmar los extracámaras de su colosal fracaso cinematográfico. En suma todo un esfuerzo quijotesco con un final más menos remendado con las costuras visibles de lo risible y lo trágico.
El Quijote y Sancho son una pareja bastante desigual, de allí su irresistible encanto. El primero está loco, pero hace gala de una lucidez florida y de exacta relojería imaginativa. El segundo está cuerdo, pero algo no muy sano debe tener para aceptar el puesto como escudero de alguien que se cree caballero. Esto sin contar el bamboleante escenario de la novela con un conjunto de personajes y situaciones con muchos matices. El Quijote es la primera gran novela moderna y tanto el autor como el personaje don Quijote son productos de los libros. Autor y personaje se han sumergido en la literatura para salir del foso del fracaso y del aburrimiento melancólico que conduce a la muerte. De allí que a veces don Quijote resulte muchas veces más real que su creador. Como es lógico el cine ve en la novela una inagotable veta, que puede exorcizar con imágenes, por cualquier costado.
El Quijote trastorna la realidad de la novela y desquicia los relojes de la literatura y por eso es una novela sin tiempo y con muchos lectores posibles. El cine hace sus lecturas correspondientes, pero este hidalgo lector y este roñoso labriego siguen resistiéndose y esa imagen que tenemos hoy de estos personajes mañana de seguro volverá a cambiar, ya que la novela de Cervantes se transforma a cada lectura.