...es nuestro diario y en él escribimos con tierra,
con cielo y con llanto, de la cordura al espanto,
a veces partimos la punta y rajamos la hoja con furia,
pero sólo un manchón nos queda que no nos deja seguir...
Cultura Profética
Día 1
Qué es posible en este infierno de buenos cielos.
¿Ahogarse en Smirnoff o hundirse en los desiertos bíblicos de la vida? Las
verdades se esconden en los silencios y los secretos se revelan en las sonrisas
haciéndonos esclavos de nuestros callados sonidos.
Qué es posible en este destino ya escrito.
¿Agarrar una hoja de papel y comenzar a escribir la muerte que deseas vivir?
Dudo ante todas estas interrogantes, mientras me voy alejando de este espíritu
frío y dormido en algún lugar oscuro de esta ciudad.
Ya no queda nada de mi cuerpo, sólo está la luz
que me congela el alma, dejándome sin aliento, sin años, sin mentiras.
Qué es posible en este infierno de buenos cielos.
Se acabó el derretir la piel por miedo a existir. En esta línea de los dos
tiempos purificaré el alma. Sin embargo, debería haber algo más para aquellos
que viven en la mentira. Pero ni siquiera hay alguien que subaste mi sangre.
Día 2
Existe una posibilidad para el reencuentro. Todo
está en la suciedad de la atmósfera. La soledad nocturna me abraza hacia un
silencio que me ahoga. Aquí, allá en todas partes lo necesito, necesito que mi
cuerpo se sienta, se esfume. La sangre hirviendo me indica que es hora, el calor
me envuelve, me dirige. Es inefable cómo todos creen que caer es un delirio del
ser humano.
Día 3
El calor de la noche me atrae hacia lugares
inhóspitos. Un olor putrefacto contamina el ambiente en este callejón sin
salida, cuando te veo desnuda ante la noche, mientras la luna envuelve tus
senos, y te deseo incansablemente, te abandono... te dejo sola en este túnel,
sin escape, sin luz...
Día 4
Me confieso. Confieso ante Dios o cualquier otro que
deseo saltar al abismo de tu cuerpo. Pudrirme en el cielo negro de tus curvas.
Usarte y malgastarte hasta la saciedad del alma. Las mentiras crecerán y se
agotarán en el mar de tu pecho. Tus ojos me miran pidiendo piedad. Un susurro
me despierta. El sol entra por mi ventana, y te ríes sin dejar rastro de tu
existencia. El sueño me hace convocar a los santos. Pido una plegaria por ti,
por mí, por los dos. "Todo es posible" me dicen, pero, ¿qué es
posible sin la unidad?
Día 5
Caer en el averno, escapar de este aprisionante
lugar. La naturaleza me llama. Eva, es hora. Vamos, tu cuerpo nos espera.
Ahorremos aliento. Siente. Huele. Es el aroma. Nuestros sexos esperan
impacientes. Ya el tiempo ha pasado. El sonido de la noche me aleja de este
infierno. Me despierta.
Día 6
El alcohol me atormenta. Mi cabeza gira, el mundo
gira. La dureza del alma está afligida. ¿Por qué la vida insiste en burlarme
y la muerte me recuerda la vida? Me ahogó en un mar de desdicha, en la lava
ardiente llena de injurias, de pecados, de inmundicias, mentiras... Eva, si tan
sólo pudieses escuchar, ver, sentir lo que siento. Te invito, te abro las
puertas a mi mundo, sin nada que ofrecerte a cambio sino mi alma.
Día 7
El corazón dolorido, el alma apenada, las manos
rotas, te aturden, te llaman, te invitan a la condenación, a la soledad
infernal de tu cuerpo, al calor de tu llanto, a la putrefacción del ser. Con el
corazón dolorido, el alma apenada y las manos rotas, sabes que es el
fin, el abismo absurdo de la nada cotidiana.
Día 8
Soy un cuerpo de vaga existencia. Me encadeno al
sangriento destino. Me asquean estos rumbos hipócritas, invadidos por tu
pecado. Hastiado de recuerdos. Vomito ante tu inerte presencia. Residuos de
brotadas mierdas.
Día 9
Me escapo de estos malditos huecos que llenan mi
cuerpo de estériles espermas. Atrapado, sujetado por paredes que ríen de mí.
Ahogado en el suelo. Escucho el pasar de las ánimas. La muerte me salvará de
ti. La vida lo hará por mí.
Día 10
Penetro tu puerta. Nada sucede. Siente mi placer.
Tan sólo siénteme. El sudor de tu cuerpo me enloquece. Cada vela en este altar
iluminará la verdad de esta mentira. Y así podré condenar tu alma a mi
cuerpo. Atando tu cuerpo a mi alma. Robaré la llave de este maldito destino
jamás escrito. Te acostaré en mi oscuro llanto. Sacrificando la sangre que
nadie subastó. Sacrificando la vida que me hizo odiarte.
Día 11
Te acercas. Huelo tu aroma en el licor descafeinado
de la lluvia. Bebo ante ti los brebajes de las noches, nuestras noches. Te veo
caminar hacia la cocina, sujetada a la muerte. En un maldito escape mis ojos se
cierran.
Día 12
Despierto arropado en sangre, tu sangre. Mientras
que tus venas danzan al compás de Fortuna Emperatriz, sobre la mesa.
Día 13
Eva, tu cálido aliento, tu pasión bañada en rojo,
me invitan a la condenación vasta del infierno. Te uso y te reuso hasta el
cansancio. Eva, te imploro piedad ante el mundo. Tu sexo me ansía, me mata.
Día 14
Oro de nuevo por el dichoso pecado que nos une.
Respiro fuertemente ahogándome en lágrimas de alcohol. Un aire me envuelve, te
envuelve, nos lleva a la deyección del mundo. Por la sangre corre la droga que
nos despierta, dejándonos ciegos antes de que podamos ver más allá de la
línea que divide el universo.
Día 15
Me extasío en tu cuerpo. Me derrito ante ti, sobre
ti. Me gastas, me maltratas, hasta que mi cuerpo te exige y aclama. Tu verdad me
inventa, me entiende, te perdona cada vez que pasas por la esquina y esperas
recompensas por suciedad.
Día 16
Aún imploro a los santos. Pido seguir llenándome
de ti. Tu sudor recorre tus senos, bajando a tu ombligo. Mientras que yo, en un
súbito desespero, te agarro, agito y aprieto. Tu olor retumba la habitación.
Te invito una y otra vez al acto. Te quiero gozar en el pudor de tus mentiras o
verdades. Deseo sentirte dentro, muy adentro. Te abrazo fuerte, gimes. Veo en tu
cara que el éxtasis te recorre. Eva, mujer que me droga. Dejas tu esencia en mi
cuarto. Te vas sin avisarme.
Día 17
La soledad nocturna me atrapa, me dirige al calor de
tu cuerpo. Tu oscuridad me llama, me invoca, me grita desesperada. Se acerca. Ya
es hora. Eva, la necesidad nos consume. La unidad se forma a partir de dos entes
en medio de la nada, una nada que se amolda a nuestras almas. Surge un llanto,
desea parecerse a la caída del mundo, de las palabras, que una tras otra te
hacen, me hacen. Ya es hora. La soledad nocturna nos dispara. Se aleja. Nos
despide bajo el alba, de este calor que arde en frío. Tu cuerpo me mira. Ya es
hora. En un abrir y cerrar de ojos, me abandonas, hundiéndome en las entrañas
de esta Tierra.
Día 18
Cielo e infierno. No sé qué creer. Por ello rezo
todos los días desde que te conocí. No sé si puedo jurar ante Dios, el Diablo
o cualquiera que me escuche. Me encuentro solo, ahogado en una atmósfera letal.
Juro, y lo grito, juro subastar mi sangre antes de que mi vida reencarne en el
mismo lugar. Vida y muerte son lo mismo, un ciclo que me condena a un
sufrimiento eterno, sólo por ti.
Día 19
Anoche no dormí, pensando si existe o no salvación
para mi alma. Mi sangre te llama y ruega, reza en silencio para ser purificada.
Una plegaria se escucha a lo lejos. ¿Qué sucede, Eva? ¿Qué haces? Una secta
te oprime, no te deja ir. Un temblor recorre mi cuerpo. Siento frío. Ya no
siento nada. Estoy en una vereda sin rumbo. No sé a dónde ir. Ni siquiera sé
dónde estoy. Me encuentro perdido en la faz de la tierra, del infierno. No hay
cielo que me resguarde. Mis rezos no me ayudarán. Mi sangre ya está saliendo.
Está siendo subastada. Juré que lo iba a hacer. Deliro. Me desmayo. Es tiempo.
La profecía era cierta. No se puede cambiar al destino. Los escritos están
manchados de rojo y las letras se hacen y re-hacen solas. Me inventan. Eva,
¿Qué haces? Veo la oscuridad o quizás esté ciego. Caigo. Ya es hora. Me
desvanezco. Desaparezco. Alma y cuerpo ya no están juntos. Me he sacrificado
por ti, Eva. Pertenezco a ti, de nuevo, al ciclo eterno al que me condena este
infierno de buenos cielos. No hay quien me salve. No hay oración ni plegaria
que sirva para ello.
Día 20
...¿Es este el fin? He sido perdonado en las fauces
de este cielo. Una lava ardiente me quema por dentro, no por fuera. Te veo desde
lejos, y de tu cara desciende un manantial de lágrimas rojas. Pides perdón. Lo
estás, Eva. Esperaré nacer por ti. Mis promesas son ciertas. Te deseo. He
soñado estos momentos. Mi sangre, mi alma, mi cuerpo rezaron para la
purificación. Eva, me encuentro bien. Estoy ahogado en un mar putrefacto que me
incita a penar por el mundo hasta que sea subastada tu sangre. Es hora de que
empiece. Sufre como yo. Eva, lo siento, es tu hora. Reza para ser purificada.
Reza.