Letras
Poemas
Margenis Rafaela Díaz Lara
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Encuerda

Ninguna forma
Ningún instante
Ninguna cordura.

Ni los cabellos hacen ruido
Ni las sombras siguen un habitado destino
Ni viene la luz oxidada a fornicar
Ni el puente risible se alza al oscuro, en lo eterno
Ni las veredas acolchadas
Herméticas y tachadas
Se abstienen mirando al lado
o enfilándose más allá del ombligo

No, no.

Mucho menos el calor vivido en el pensamiento ajeno
Tampoco cuento acabado del tollón compuesto
Y los inciensos de aromas
Y los baños que apiñan
Y las risas ausentes
Y la palabra vaga
Y las intenciones ocultas
Y el refrito embutido.

Tampoco
Esta ironía que acalla cualquier inclinación
O la mortal caricia
O el diente cariado del tiempo
O el sensible roedor que cruza la autopista muda
del amor en vuelo

No, no.

Son las réplicas;
Fotocopias del otro
Espontáneo inverso
Ánimo salido del putrefacto placer;
Concha escudada entre pabellón y metro.
Ninguna forma
Ningún instante
Ninguna cordura
...¡Sólo el espontáneo absurdo de vivir salpicado!

 

Miseria mordida

Tras de ver cruzar una ave que lleva colgado del cuello, los alientos yertos
y el último aroma de una comida en fatiga
atisbo a ver —aún—, sobre lo que pudo ser un fuego extinto
los restos mal olientes de unos trozos de yuca dura,
una olla en tizne, volteada sobre las tres rocas que fungen de cocina
está caliente la ceniza
y la flaca familia sentada mirando el cielo
Conversando con el silencio y atizando los leños
en espera
de un soplido de brisa fresca
que mueva sus enredados y crespos cabellos
y lo que parece un niño, algo cetrino desnutrido de olvido
intenta lanzar un chillido abrazando a su perro que quiere morderle el ombligo.
El silencio se quema, y entre las muelas rotas
los ojos se devuelven
y el camino encendido en pobreza
se estrella con la paralítica miseria.
Es un cuadro que camina, que se agita, pero no respira.
Es la tuerta y loca mentira del que ha nacido en carencia
y al menor retroceso colisiona en la violencia.
Y en un intento de soplo han llegado al caliente aliento
todos se desvanecen
y la noche cierra con mano de momia
todas las viguetas de la casa que se ha mudado
en un recorrido de imagen
llevando en la ventolera las cuajadas lágrimas de la madre solitaria
que viola el interior de un aposento
al inclinarse de rodillas y emitir un último rezo.
En el horizonte se despunta el cardonal de lo necio
y aquellos que se dicen dueños
van dejando en platos de hierro
sus sopas deslastradas que les sobra del intento,
al mostrarles los sarcófagos a todos los que gritan miedo.
Mujeres, desabridas, llenas de várices, recogen sus deshilachados vestidos
y, en último intento, lanzan un estúpido anzuelo, y de las aguas revueltas
logran ensartar un sueño que se vuelve vendaval
y devasta en continuo ruido
la mochila del tiempo.
Y están podridos sus vientres;
en ellos se anidan, todo un caudal lejano de fe vencida... con esperanzas chicas
y la angustia peinando a una muerta que sigue viva: la mordida esperanza...

 

De indiferencia

La indiferencia es este estornudo espontáneo
Con cada pensamiento existo menos.
Con cada mordida del destino me siento prisionera del más inútil recuerdo.
Ahora existo, o es que sólo pienso?

La momia traidora que asusta mis tiempos
reina en carcomida barraca con sentires abdominales
y gobierna los desfiladeros por donde resbalan las masas errantes,
extraviando los más nobles ideales
de aquellos que con pensamientos verdaderos, que en constante arrojo
han muerto por el inverso autómata
poseedores del imaginario
de espadas esgrimidas y de caballos sin bridas;
chumaceras de la historia
Hoy perdidos, ahogados, ante tanto absurdo.

Acorralados y ciegos
Vemos moribunda, la tierra que por heredad nos cobija...

Son renovados los gritos, pero separados, sin el sentimiento integracionista
huidizos, desorientados sin ver atrás
sin juntar manos, ni cuerpos, ni fuerzas
haciéndonos frágiles,
simples piezas necesarias,
utilizables;
monumentos marchitos
Dispuestos sin voluntad, sin identidad ni pertenencia,
sólo cerebros cómodos
desposeídos del sueño, del objetivo común,
presos liberados con denteras ajenas
bisojos de la realidad
fallecidos caminantes,
descabezados incompetentes;
fruto tajante de la mediocridad y la inmundicia...