Editorial
Viaje a las estrellas
Jorge Gómez Jiménez
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Hace algunos años, el científico y escritor Carl Sagan imaginaba el momento en que se produciría el primer contacto con inteligencias de otros planetas. La investigación espacial enfatiza entre sus objetivos los económicos, la obtención de minerales a bajo costo explotándolos en cuerpos celestes; Sagan creía que el contacto con extraterrestres conduciría a la Tierra a un salto económico, científico y técnico, pero que a él le interesaba realmente el salto cultural. Le habría gustado saber, ni más ni menos, cómo sería la poesía de los extraterrestres, qué los inspiraría para pintar, qué extrañas formas de arte habrían hallado para expresar sus sentimientos y sus angustias y cómo ambas culturas, la nuestra y la de ellos, resultarían afectadas tras ese encuentro cósmico.

Las corrientes migratorias desde Latinoamérica hacia Estados Unidos están generando situaciones complejas que, en el futuro cercano, nos permitirán apreciar (a algunos, pues ya se sabe cuán corta es la vida) tales saltos culturales, aunque, claro, a un nivel más terrícola. Con más de cuarenta millones de personas, la comunidad hispana representa el 13% de la población total de Estados Unidos: ya no es una masa de charros estereotípicos que gritan amigou cada dos por tres.

Días atrás, el profesor James Iffland, de la Universidad de Boston, convocó a sus colegas hispanistas de Estados Unidos, durante el simposio que sobre el Quijote se celebró recientemente en Puebla (México), a que concentraran esfuerzos para que la difusión de la lengua de Cervantes no tuviera sólo una función comercial y sirviera, también, para compartir con otras culturas la riqueza de la nuestra.

En el asunto del spanglish, Iffland pertenece al bando de los relajados: las culturas están penetrándose mutuamente y él defiende que este dialecto, mitad español y mitad inglés, es una consecuencia natural de las fuerzas de fricción. Pero una mayoría abrumadora de los latinos que van a Estados Unidos lo hace por motivos económicos, no culturales. La desventaja económica en que se encuentran al llegar, ¿podría suponer también una desventaja cultural?

Es probable, pero las relaciones entre los grupos humanos se desarrollan a todo nivel, no sólo en lo económico o en lo cultural sino en ambos aspectos y en todos los demás, como sería la relación con el hipotético pueblo extraterrestre de Sagan. El peso económico de los latinos en Estados Unidos está naturalmente haciendo presión sobre el aspecto cultural, produciendo, ni más ni menos, esa cultura híbrida que ya hace algún tiempo venimos percibiendo.

Justamente sobre este tema incide marginalmente la entrevista que José Carvajal le hace a Teresa Mlawer en el programa de radio que conduce este periodista en Librusa.com. Mlawer está al frente de Lectorum, una de las principales empresas del mercado editorial hispano en el norte, y dice que las librerías que expenden material en español están enfrentando serias dificultades, pues en muchos casos dependen de sus pares estadounidenses, o de las cadenas editoriales, para surtirse, y esto redunda en algún nivel de desatención hacia el mercado hispano.

Según Mlawer, las librerías hispanas, que ya de hecho son muy pocas, no han hallado la fórmula correcta para satisfacer las crecientes necesidades del mercado al que pretenden atender. Carvajal sugiere que “en muchos casos los libros no se venden porque esos negocios carecen de un personal debidamente preparado para servir al mercado hispano”.

Aunque a simple vista esto pudiera alimentar el temor de que la cultura hispana se reduzca a una especie de gigantesco ghetto, la realidad nos está enseñando que el mismo proceso hibridizante que en lo cultural dio lugar al spanglish podría tener paralelos en otros órdenes: lo político, lo social, lo económico...

Tanto Iffland como los hispanistas de la línea dura —Odón Betanzos Palacios y los que le secundan en la defensa estricta de nuestra cultura ante el “peligro” de tal hibridación— han concordado en que es necesario imprimir mayores esfuerzos en el fomento de nuestros valores autóctonos, a fin de impedir que éstos resulten lastimados tras el choque con la nueva cultura que enfrentan al llegar a Estados Unidos. La verdad es que estamos parados en medio de una coyuntura que supera cualquier previsión: la cultura extraterrestre que desde el planeta Hispanoamérica estamos llevando a Estados Unidos, no sólo no resultará ilesa tras este choque cósmico con la otra cultura, sino que la modificará y, así mismo, se modificará al nutrirse de ella. Lo grande es que, a diferencia de Sagan, algo de eso alcanzaremos a ver, y será doloroso y maravilloso al mismo tiempo.