Las escritoras argentinas Graciela Montes y Ema Wolf ganaron el
premio Alfaguara de Novela 2005 con la novela El turno del escriba. Las
autoras recibirán 175.000 dólares y una escultura de Martín Chirino, y la
obra será publicada simultáneamente en España y 19 países de América.
La edición de 2005 de este galardón fue disputada
por 649 novelas, 457 de las cuales procedentes de América Latina y 192 de
España. De las latinoamericanas, 168 fueron de Argentina, 81 de México y 43 de
Colombia.
El jurado, compuesto por el chileno Iván Thays, la
argentina Silvia Hopenhayn (secretaria), los españoles José Manuel Caballero
Bonald (presidente), Manuel Rivas, Ana María Moix y Fernando León de Aranoa, y
el director general de Santillana, Juan González, opinó que El turno del
escriba es “la recreación de una época fascinante de la humanidad, la de
los descubrimientos y la atracción por lo desconocido, que trasciende el marco
histórico para convertir su escritura deslumbrante en un acto de libertad. Los
personajes centrales son el escriba Rustichelo y el viajero Marco Polo, que
coinciden en la cárcel en la Génova del siglo XIII. La novela transforma el
espacio cerrado del calabozo en un arca donde caben el mundo real y el de los
sueños”.
Apenas conocido el veredicto, la colombiana Laura
Restrepo —ganadora de la edición 2004— entabló conversación telefónica
con las ganadoras, quienes hasta ahora se habían enfocado en la literatura
infantil y juvenil. Restrepo les preguntó cómo desarrollaron su novela: “Ha
sido una experiencia formidable”, explicó Montes, “un experimento de una
manera de trabajo basada en el profundo respeto que nos tenemos una a la otra
como escritoras, el trabajo unifica mucho y eso permite hacer estas cosas entre
dos”.
Wolf, por su parte, explicó de dónde surgió la
novela: “La idea inicial fue recrear la historia de Marco Polo y la idea del
viaje, que es un tema fascinante para la literatura. Pero en verdad todo surgió
de una manera muy curiosa. Nosotras nos reuníamos a tomar cervezas en un bar
que se llamaba Marco Polo, y salió la idea de Graciela, ‘¿por qué no
escribimos algo de Marco Polo?’ “. Así, según explicaron, desarrollaron,
durante cinco años, su novela.
Se dedicaron a investigar entre literatura, academia
y cartografía sobre el siglo XIII para poder recrear la Génova del viajero y
su supuesto escriba. “No éramos medievalistas”, señala Wolf, al explicar
su asistencia a cursos especiales y la lectura de documentos y novelas de todo
tipo que abordaran el tema.
En la obra, Graciela y Ema conjeturan que el
verdadero autor del relato de los viajes de Marco Polo fue un desconocido
escriba llamado Rustichelo, un personaje real con quien Marco Polo compartió
celda en la cárcel de Génova en pleno medievo.
Para las autoras lo más “fascinante” de esta
novela ha sido recrear una “época espléndida” de la historia y un momento
“clave” hacia el salto a la Modernidad. Esta recreación ha sido posible
gracias a un largo período de investigación para averiguar los hábitos,
costumbres, y el entretejido político de la Italia del Medievo.
Ema Wolf (Carapachay, Buenos Aires, 1948) es
licenciada en lengua y literatura moderna por la Facultad de Filosofía y Letras
de la Universidad de Buenos Aires, escritora y periodista. Ha colaborado con
diferentes medios argentinos, entre ellos, la revista dominical del diario La
Nación. En los años ochenta comenzó a publicar sus primeros libros para
niños, caracterizados por un estilo de parodia, llenos de humor, que le
valieron importantes galardones, entre ellos, el premio del Banco del Libro de
Venezuela, el premio Alija, el premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil,
y el premio de la Fundación Konex.
Graciela
Montes, por su parte, nació en Buenos Aires en 1947 y
en 1971 se recibió de profesora en letras por la Facultad de Filosofía y
Letras de la Universidad de Buenos Aires. Trabajó más de veinte años en el
Centro Editor. Ha escrito muchos libros de ficción para niños, cuentos y
novelas como Nicolodo viaja al País de la Cocina, Historia de un amor
exagerado, Tengo un monstruo en el bolsillo, Clarita se volvió invisible, El
Club de los Perfectos y una larga lista que suma, en total, más de treinta
títulos. Hasta ahora sólo había escrito dos novelas fuera de ese género: El
umbral y Elísabet.