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Poemas de amor y otros infiernos
Extractos
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Soy piel de manzana

Soy piel de manzana,
llevo el rocío del otoño entre mis muslos
soy lluvia anticipada a los tiempos, a la nada.
La luna fue hecha para mis pechos, para mi río.

Extiende tu cuerpo alado sobre el mío
vacila entre un labio y otro
expía en el moho de mi boca
dame el abismo de la aurora.

Déjame bordear por las orillas de tus ojos
naufragar en el hastío de tu mirada
profanar el caudal de tu alma
reposar en el centro de tu ombligo.

Mi vientre está desierto
anida pájaros en la sombra
pende un corazón en el exilio.

¡Ah! Las caricias de viento
anuncian la exacta soledad
frágil mariposa del olvido.

 

Estoy hecha para ti

En Venus cuatro labios y un precipicio
hecho un manantial terso y alcalino,
pechos al Sol erguidos en primavera
púrpura que no volverá,
manos de viento y fuego calcinadas
por la hoguera del abandono,
desbocadas como un corcel
en el patio trasero de la noche,
boca en luna menguante a la caza
de vino y pan para sosegar el hambre,
dientes afilados al este de la espesura
acechando el contorno de tu figura,
lengua angular, serpiente emplumada
que se posa en el silencio mientras callas,
pupilas alegóricas por una mirada presa
que el viento se llevó para inventar estrellas,
raíces aferradas a la faz de la tierra
sorgo y trigo germinan sin premura,
en las ramas se anidan golondrinas
listas para emprender el vuelo,
tu nombre en mis pupilas
invoca el mar mientras despiertas,
habitas un vientre y un corazón herido
Solloza un niño que no ha nacido.
Estoy hecha para ti,
soy una ramera en el quicio de la puerta
encarno el deseo, anhelo tu presencia.
Aquí espero mi condena.

 

El abismo

No hay abismo más profundo
ni más lejano que el acre de mi boca.
Elipsis ancestral, muda a las lamentaciones.

El abismo galopa entre mis cejas,
ronda en el centro de mi ombligo,
se aloja en el costado de la cama,
cubre el talle de mi frente.

Letal, amargo y soterrado
augurio nocturnal,
inclemente hoguera de tu ausencia.

 

La ventana

Erguido aún, el viejo álamo destierra su follaje,
sus ramas tienen el vacío que dejó el pájaro celeste,
se acerca el ocaso con la madrugada marina
las nubes reposan en las alas del crepúsculo ámbar
en el gris, el invierno susurra en la oscuridad.
¡Es cierto!, la noche más bella está del otro lado del cristal.

El paisaje es efímero, inmemorial.
Se renuevan las horas, el musgo,
las nubes, el alba, el polvo.
Si Dios estuviera al pie de la ventana
sería testigo de ello para acabar con todo.
En el poniente de la alcoba cuelga la ventana.

 

El mar

Me quedo
en este mar
adentro

Fauces las olas
impenetrables

gaviotas sus alas
celestes

lóbrego el arrecife
encarnado

claro de luna
epitafio de las sombras

Adentro me quedo.