El escritor español Francisco Ayala, premio
Cervantes 1991, comenzó la celebración de su 99º cumpleaños, el pasado 16 de
marzo, presentando en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, durante un acto
celebrado en su homenaje, su libro La invención del Quijote, un volumen
en donde explora la obra de Cervantes desde múltiples aspectos.
“Las grandes obras de la literatura son como un
ser vivo que se transforma con cada nueva lectura”, aseguró el autor, que
admitió sentirse “muy satisfecho” de esta obra “que me representa en la
instrucción de mis 99 años”, declaró. Recordó además su larga relación
con el Quijote, que comenzó cuando tan sólo era un niño y “manoseaba” las
páginas de aquella “ejemplar aventura” y luego repetía a sus mayores el
“inapropiado” vocabulario de sus páginas.
Estas primeras lecturas de las aventuras del
ingenioso hidalgo se convirtieron en una constante en su vida y una lección
interminable, que se ha renovado con el paso del tiempo. “Siempre lo he
seguido leyendo y con el paso de los años, ha ido variando mi percepción de la
obra”, confesó este granadino, quien también ha obtenido el Premio Nacional
de Narrativa y el Premio de las Letras Andaluzas.
El libro, que surgió a petición de su “amigo”
Cesar Antonio Molina, director del Instituto Cervantes, para celebrar el
próximo mes de abril la inauguración de la biblioteca que lleva su nombre en
Suecia, es una compilación de sus artículos y de los textos que ha ido creando
en relación a la obra de Cervantes desde 1940 hasta 1995.
Comienza con un prólogo de Víctor García de la
Concha, un prólogo del autor y una conversación entre ambos en la que Ayala
asegura que el Quijote “puede alumbrar todavía nuevas sendas” y sobre todo,
“enseñarnos a reconsiderar la realidad problemáticamente”. El volumen
también incluye un epílogo con el discurso que pronunció Ayala cuando
recibió el Premio Cervantes en 1992 y el discurso que leyó en el III Congreso
Internacional de la Lengua Española celebrado en noviembre de 2004 en
Argentina.
Sobre su longevidad, dijo que estar vivo, en su
caso, es insolente. “Con esta edad es una insolencia por mi parte estar en el
mundo. De modo que perdonen y muchas gracias por consentirlo y aceptarlo y darme
su cariño”.
Ayala dijo que su febril actividad le hace sentirse
joven. “Sólo la muerte nos debe detener. Pero con todos mis respetos, creo
que no es bueno que nos detengamos, porque si lo hacemos no avanzamos. Lo normal
es detenerse cuando uno alcanza una determinada edad, pero yo he seguido
haciendo lo de siempre: creación literaria”.