Dolor navío
1
Nada se parece a este mar bravío
ni siquiera tu nombre que viene a tumbos
por el agua
azotado por el viento de noviembre
Nada se parece a este dolor navío
ni al astillero
ni al mástil
ni a la bandera de tu cuerpo
donde muero
2
¡Qué tristes se ven los barcos
cuando zarpan!
Apenas se mueven en las dobladas olas.
En popa quedaron los ecos del muelle,
quebrados por la brisa salobre de la tarde.
Navegan silenciosos, con un pesar en el velamen,
hasta parecen que se quejaran en el silbido.
¿Qué dolor agobia a los barcos?
Lluvia en ruinas
Llueve
la ciudad resquiebra sus torres de polvo
bajo el relámpago
Llueve
la tarde se pierde en un largo bostezo
Llueve
la ciudad se derrumba
cae derrotada bajo torrentes de agua
Llueve
calle abajo retumba el arroyo
Llueve
viene a galope largo
la portavoz de los venenos
Llueve
la lluvia en su lomo lleva
el color de las piedras desenterradas
A filo de espada
se despeña devanada
Llueve sobre la cara de los muertos
Llueve
larga lluvia
Tormenta de ortigas
Llueve
rumor de cristales rotos
el agua
rodando piedras
Llueve.
El amor es un sol de mediodía
Tendida en la afilada piedra del mediodía,
tu desnudez me asalta.
Como un pañuelo húmedo por la ventisca,
acariciado por los dedos del mar,
tu cuerpo se tiende a mi lado.
El viento
erige columnas de sal en tus muslos.
La arena esculpe tu espalda en la playa.
Eres el golpe de la espuma,
la ola reventada en un sol de mediodía.