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Roa Bastos habría sido robado y abandonado por su asistente

El escritor paraguayo Augusto Roa Bastos, premio Cervantes 1989 estuvo hasta hace unos días siendo cuidado por dos enfermeras, dado su estado de salud, mientras su hija, Mirta Roa Mascheroni, denunciaba a Cesarina “Karina” Cabañas, ex asistente personal del escritor por un período de aproximadamente siete años, por lesión grave, abandono y el presunto hurto de unos 27.000 dólares.

En el caso ya han declarado varias personas que conocieron a Cabañas, como Alejandro Maciel, el escritor y periodista Jesús Ruiz Nestosa, el editor Pablo León Burián, Antonio (Toni) Carmona, Víctor Jacinto Flecha y Rosa Victoria Roa viuda de Escalada, hermana de Roa Bastos, quien confirmó el lamentable estado de su hermano y que no dejaban que nadie lo visitara.

Otra que declaró ya es Lutgarda María Lucía Florentín de Chase, sobrina del novelista, quien estuvo con Luis Antonio Escalada Roa, otro sobrino de Roa Bastos, el día en que “Karina” retiró los 27.000 dólares, en septiembre de 2004, con presencia de una escribana. Coincidió también en que nadie podía ver al autor porque lo impedía la empleada. Siempre le tenía “secuestrado” y “dopado” por lo que no le dejaba salir, alegó.

En su denuncia, Roa Mascheroni alegó: “Además de haber abandonado a don Augusto Roa Bastos, y con total frialdad, ingratitud y mala fe, se aprovechó de la situación para obtener un beneficio económico, sustrayendo dinero, manifestando que le pertenecía y que eran sus ahorros. Lo cierto es que esta señora no ganaba más de un millón 300 mil guaraníes; sin embargo, logró ahorrar más de 100 millones. Cesarina Cabañas se aprovechó de la situación de desamparo y así logró un beneficio económico indebido”.

Héctor Alcaraz, abogado de Cabañas, ha explicado que el dinero que la asistente retiró correspondía a ahorros que había hecho durante el tiempo que trabajó para Roa Bastos, ya que éste fue siempre “generoso” y ella no necesitó gastar el dinero de su paga. Según él, la residencia de Cabañas fue también un obsequio del autor.

“Si el señor Roa la ve, va a cambiar la historia, porque no es el señor Roa el que hace la denuncia, sino una de las hijas, que creemos promueve la denuncia por intereses económicos. Porque el dinero que ella (por Cabañas) retiró es lo que fue ahorrando, que lo tenía en el lugar donde habitaba, que es la casa de Roa”, señaló el abogado.

Roa Bastos se ha recuperado y ahora está más lúcido, sale a caminar por los alrededores del barrio y recibe a amigos, según una fuente cercana, aunque aún no puede recibir a la prensa. Sin embargo, el escritor pudo asistir este domingo 10 a la reunión en la que el Consejo de Asesores del Centro Cultural de la República El Cabildo, cuyas salas recorrió para conocer las exposiciones, discutiría la programación de su primer aniversario. Durante los cuatro meses en que su estado de salud le impedía cumplir tal compromiso, el autor de Yo, el supremo fue reemplazado, tras petición suya, por Alejandro Maciel.

Nacido en 1917, Augusto Roa Bastos fue internado dos veces en septiembre de 2004 en un sanatorio de Asunción a causa de una descompensación cardíaca, tras la alerta de una vecina suya, ya cuando se encontraba abandonado por su ahora ex asistente, indica la denuncia, que fue presentada en diciembre pero no se había hecho pública hasta ahora. La hija del escritor señaló que un sobrino lo había recogido en su departamento “en estado calamitoso y en total estado de abandono”, por lo que fue llevado a un centro sanitario.

La denuncia hecha contra Cabañas, a la que el juez Óscar Delgado impuso medidas restrictivas, como la prohibición de salir del país o acercarse al escritor, agrega que la asistente lo drogaba para poder abandonar la casa cuando quisiera, aunque trabajaba a tiempo completo.

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