El escritor más famoso de Paraguay, Augusto Roa Bastos, quien
falleció el martes 10 de mayo, dejó un testamento pidiendo la cremación de
sus restos para que sus cenizas fuesen depositadas al lado de la tumba de sus
padres. Al mismo tiempo, dejó inéditas, en su computadora, la novela Un
país detrás de la lluvia y una colección de frases sueltas titulada Metaforismos.
El sepelio del escritor se realizó el viernes 13 en
el cementerio La Recoleta, de Asunción, donde se encuentra el panteón de sus
padres Lucio y Lucía. Roa Bastos tenía 88 años de edad al momento de fallecer
en un hospital, a causa de complicaciones cardiorrespiratorias ocurridas tres
días después de una cirugía para extirparle un coágulo cerebral, evento que
le había provocado una caída en su residencia, donde vivía solo.
En declaraciones a los periodistas, su hijo Carlos
Roa Mascheroni, de 50 años, explicó que “mi padre escribió su testamento el
27 de agosto de 1991, en Toulouse, Francia, probablemente porque creía que
podía morir en el exilio, lejos de su patria. Específicamente, su testamento
decía en una parte: ‘queda encargada mi compañera (segunda esposa, francesa)
José Clara Jiménez de mandar incinerar mis restos mortales y de realizar los
trámites en unión con mis hermanos a fin de que estas cenizas sean llevadas y
depositadas en el sepulcro familiar’ ”.
Sus restos fueron velados en el Congreso de
Paraguay, donde centenares de personas acudieron a despedirlo. El gobierno
decretó tres días de duelo oficial y el viernes 13 la administración pública
fue declarada en asueto desde el mediodía para que los funcionarios asistieran
al funeral.
El escritor había pedido también en su testamento
“no ser objeto de ningún funeral oficial por parte de políticos”.