La novela La loca de Gandoca, de Anacristina Rossi, expone
uno de los grandes problemas pertinentes a la implementación del llamado “ecoturismo”.
En efecto, existe una contradicción en el mismo término, generada por la idea
de que, si bien en una supuesta forma respetuosa, el ser humano tiene el derecho
de seguir explotando la naturaleza para su lucro privado y/o oficial.
Fundamentalmente, el concepto de “ecoturismo” en Hispanoamérica sigue
apelando a un falso sentido de superioridad antropocéntrico, mitigando la
obligada responsabilidad del ser humano en relación a la destrucción del
medioambiente. No estaría de más anotar la ironía que presenta la noción de
“ecoturistas” desplazándose en aviones, con la quema de combustible masiva
que esto conlleva, para llegar a lugares donde todavía se pueda apreciar la
naturaleza prístina. Más allá de estos argumentos, el término “ecoturismo”
puede, a su vez, ser cínicamente utilizado por corporaciones y gobiernos
corruptos, para encubrir otros daños ecológicos; con la constante de guiarse
siempre y primordialmente por un afán de ganancias monetarias. En el caso
específico de Costa Rica:
Los problemas del ecoturismo incluyen la
dominación extranjera, que es dueña de las instalaciones generales y
ecoturísticas, el daño extenso al medioambiente por los constructores y
visitantes, y la diversificación de las ganancias hacia otras actividades y
países. (Universidad, junio 18,1993) (Monge-Nájera, párrafo 51)
(traducción mía).
Es decir, la viñeta “ecoturismo” se presta para
ser usada por corporaciones oportunistas para concretar proyectos de desarrollo
económico, los cuales, a su vez, presionan a los gobiernos locales carentes de
recursos y, en muchos y tristes casos, de escrúpulos. En Costa Rica, varios
escándalos involucran directamente la corrupción gubernamental con el daño
ecológico, en una variedad de proyectos “ecoturísticos” que se extienden
desde enormes proyectos playeros como el “Papagayo” hasta pequeñas
propuestas “ecoturísticas” tales como la del refugio Gandoca (La
Nación, feb. 7, 14, 1992, 6 de marzo de 1993). Este eminente potencial
corruptivo dentro del término “ecoturismo” cobra vida en 1990, cuando el
gobierno de Costa Rica aprueba una propuesta, un “proyecto hotelero” en el
refugio de Manzanillo de Gandoca, de la compañía “Eurocaribeña”. En
realidad, como Kearns establece, este proyecto comprendía la erección de un
consorcio de condominios, con la consecuente apertura para la construcción del
sector privado y la extensa urbanización que ésta implicaría (Kearns 313). En
el momento que estos hechos ocurren, Anacristina Rossi emprende una campaña de
oposición pública a dicho proyecto, la cual, por su parte, genera la
concepción de su novela. La divulgación de esta obra tiene, a su vez, el honor
de haber sido causante directo de que “Costa Rica fuera premiada en 1993 con
el premio Diablo Ecológico en la Feria Internacional de Turismo por tener el
ecoturismo más hipócrita” (La Nación, March 31, 1993)
(Monge-Nájera, párrafo 52) (traducción mía). En esencia, el texto que aquí
analizo retrata las peripecias vividas por la protagonista en su lucha por
preservar el refugio Gandoca de daños ecológicos adicionales. Este conflicto
está simbolizado en el libro por el personaje de Daniela, quien se opone al
proyecto de urbanización del consorcio hotelero italiano de “la compañía
‘Ecodólares S.A.’. En la novela de Rossi, el arquitecto y los ingenieros
del proyecto son costarricenses de buena sociedad y mucho poder” (19). En la
vida real el proyecto fue propuesto y finalmente implementado por la compañía
Eurocaribeña con el apoyo del entonces presidente de la república, Rafael
Ángel Calderón, y su ministro de recursos naturales, Energía y Minas, Hernán
Bravo Trejos (Kearns 314).
En este artículo me propongo demostrar cómo un
discurso con conciencia ecológica dirige la forma y el contenido en la obra de
Rossi. Estos elementos, a su vez, se atienen a los rasgos de la literatura
ecológica en el mundo hispano. Conjuntamente, mi enfoque extrae conexiones con
las visiones de Ivone Gebara en Intuiciones eco feministas (2000) y las
de Jorge Paredes expuestas en su libro El Popol Vuh y la trilogía bananera.
Estructura y recursos literarios (P/V/E/R) (2002). De acuerdo a todas estas
premisas analizo cómo a través de una visión femenina hispanoamericana, La
loca de Gandoca crea un contradiscurso al antropocentrismo.
Consecuentemente, la obra es una denuncia, de la explotada naturaleza, desde una
perspectiva hispanoamericana.
Resistencia genérica
En este punto me parece pertinente señalar, como
afirma Achugar, “la importancia desde dónde, y quién escribe” (Achugar,
60). La obra de Anacristina Rossi, simplemente articula la necesidad para los
hispanoamericanos de reconocer, introspectivamente, de que funcionamos bajo
otras influencias culturales con las nuestras, sincretizadas o sepultadas, bajo
un eurocentrismo que aún sustenta y domina nuestra realidad americana. Aun
así, escrito desde un espacio de urgente crisis, el texto de la autora
costarricense vivifica la posibilidad de encontrar maneras nuevas y/o
alternativas de interpretar las injusticias de nuestros propios contornos. La
loca de Gandoca representa la vanguardia de una forma de narrativa
con tono ecológico influida, como todo producto cultural, por la realidad del
contexto que la rodea. Para enfatizar las posibles diferencias dadas por
distintas perspectivas, según el contexto desde donde cada una parta, es
pertinente leer el siguiente pasaje de La loca de Gandoca:
Llegó un bicho verde, greñudo y gordito. Lo
reconocí en seguida: era el “dueño del monte”, entidad legendaria de
cuentos y consejas. Lo primero que te voy a pedir, Daniela, es que aclarés a
los lectores que no soy metáfora ni un recurso de estilo. Que esto no es
realismo mágico. Mi presencia es verdad. —No va tu aclaración. Acabo de
afirmarles a mis hijos que el cuyeo es un pájaro mágico. Por lo tanto, vos
también podés ocupar esa categoría. —Sí, yo soy mágico pero no porque
lo quiera tu estilo, ¿entendés? Explicá que soy un espíritu de los
bosques, el espíritu de la enmontazón. Explicá que tenés aliados
vegetales, aliados naturales (97).
En efecto, para una visión hispanoamericanista, el
término realismo mágico presenta una seria dificultad en su designación de lo
“mágico”. Los elementos dados en la creación literaria hispanoamericana
que no se presten a una racionalidad occidental, se les denomina peyorativamente
como elementos productos de una creación imaginativa, o mágica. Sin embargo,
el llamado realismo mágico valida dos maneras de concebir el mundo a partir de
dos ópticas: una que se ajusta a la visión eurocéntrica y otra que es parte
de la realidad de una cultura tradicional no-europea; sin que ninguna cause un
conflicto de fe dentro del mundo narrativo. Por consecuencia, para el lector
costarricense, el “dueño del monte” y la magia asociada con el cuyeo,
forman parte de las creencias de la zona, tan o más validas que, por ejemplo,
los milagros de Jesús en la tradición judeocristiana. Precisamente, teniendo
en cuenta las múltiples argumentaciones que surgen a raíz de las teorías
literarias, Rossi reniega de dichas imposiciones, o discusiones, cuando intentan
encasillar a cualquier visión de mundo ajena a la occidental, con el rótulo de
ficción, superstición ignorante o magia. Por lo tanto, el texto de la autora
costarricense también incorpora creencias populares como la siguiente:
Ya va a amanecer. Lo sé por el pájaro. El
pájaro empieza tit... tit... tit, tit, tit, como un dínamo que se echa a
andar y cuando está a toda máquina, para bruscamente y hace ffiiiuuu,
ffiiiuuu, ffiiiuuu. Cuando el pájaro hace eso es que va a amanecer (15).
En efecto, el conocimiento local de Daniela, tal
como el pasaje previo refleja, provee al personaje de una intuición especial y
sensible al hábitat que la rodea. Es innegable que la función de la novela La
loca de Gandoca consiste primordialmente en la necesidad de dejar constancia
escrita sobre ciertos eventos acaecidos en Costa Rica, que culminaron en el
deterioro de la naturaleza. Por consiguiente, denunciar la coyuntura ecológica
del refugio Gandoca con el subsiguiente detrimento de su flora y de su fauna, es
el principal cometido de Rossi. Este propósito cobra simbolismo cuando la voz
narrativa piensa “en donde dejar constancia de la canción melancólica del
‘Curré’ ” porque “la palabra es la historia mientras se registre
escrita en algún lado” (102).
Sin embargo, La loca de Gandoca presenta un
aspecto novelesco en sus tácticas retóricas, como la representación de
diálogos, las descripciones poéticas, la especificidad de datos y nombres, el
realismo mágico, alusiones históricas, cambios temporales y la apropiación de
elementos extraídos de la cultura popular. Dentro de estos últimos modos de
narrar hay ciertos elementos que apuntan también, consciente o
inconscientemente, a una herencia cultural precolombina. Por ejemplo, los
cambios temporales, el contrapunto de las historias, con su alternación de
discursos íntimo y oficial y el tiempo cíclico de las novelas son todos
elementos característicos del Popol Vuh (P/V/E/R 5). Dicha influencia se
reconoce en forma explicita en la introducción del libro: “ ‘Oye bien,
hijita mía, palomita mía: no es lugar de bienestar en la tierra, no hay
alegría, no hay felicidad. Se dice que la tierra es un lugar de alegría
penosa, de alegría que punza’, palabras del padre náhuatl a su hija CÓDICE
FLORENTINO”. Así mismo, la estructura de La loca de Gandoca verbaliza
una concepción del tiempo en ruptura con las coordenadas temporales
occidentales. El comentario de Daniela: “Me gusta que no haya electricidad y
que las actividades deban acomodarse al horario del sol” (26), implica una
reafirmación de la posibilidad de libertad de existencia para el individuo;
más allá de parámetros y convenciones dados por una sociedad consumista que
todo percibe en términos de horas, producción y rendimiento capitalista. Por
añadidura, trazando una vuelta circular, el texto comienza y termina con la
misma frase: “Odiabas los boleros, Carlos Manuel”. A pesar de que un
concepto cíclico del tiempo pareciera indicar una situación en donde no
suceden cambios, el transcurso circular narrativo de este texto indica una
transformación, dado que la novela traza el avance del deterioro ecológico. En
efecto, en términos concretos, la lectura de La loca de Gandoca fomenta
un cambio de perspectiva con potencial de concienciación ecológica. También
es menester recordar que de la mencionada forma, el texto de Rossi se ve
iluminado por la tradición oral de las culturas ancestrales y que, de esa
manera también la autora se reconoce como una voz que expresa el sentir
colectivo en su contexto específico. Si bien la obra no niega ni descarta la
posibilidad de un discurso íntimo, el texto no se encierra en una intimidad, ya
que asume una misión colectiva ante su pueblo. El texto de Rossi responde así
a un compromiso nacional entretejido con la intimidad, para lograr una mayor
trascendencia. La autora mantiene una posición estética y ética comprometida
con su realidad y circunstancia históricas.
Es en la intersección de estas últimas voces, la
alternancia entre las descripciones gráficas y reales de la historia y el
lenguaje lírico e íntimo, donde emerge un espacio hispanoamericano discursivo
cuya voz es la naturaleza marginalizada.
Gin(eco)-logía desde Hispanoamérica
Para elucidar el peligro de leer ciertas obras a
partir de patrones occidentales exclusivamente, paso a considerar la siguiente
cita que considero aplicable a mi argumento:
El énfasis que las culturas aborígenes
mesoamericanas ponen en el funcionamiento de parejas no es arbitrario, ni un
instrumento discursivo que sirva para mostrar la otredad. Más allá de las
consideraciones estético filosóficas, funcionar en parejas permite la
continuación o perpetuación de los pueblos y su vida cultural (P/V/E/R
112).
Entonces, aplicando esta propuesta podemos decir que
una lectura de La loca de Gandoca que fije su atención en el personaje
de Daniela, y relegue el papel de Carlos Manuel como secundario es sumamente
problemático. En efecto, si se observa el paralelismo cronológico advertimos
cómo el daño ecológico avanza, análogamente al desgaste físico y la
eventual muerte de Carlos Manuel:
Cuando me di cuenta de que los dueños de los
BMW, de los Range Rover y Mercedes seguían y seguían y nadie los metía en
cintura, compraban, talaban, drenaban, regaban toneladas de cangrejicidas,
cuando llegó la electricidad y empezaron a correr los rumores de que iban a
cementar bien la carretera, fue demasiado tarde: yo ya estaba embebida en tu
proceso, Carlos Manuel, absolutamente cerrada al mundo y volcada sobre lo
que me quedaba de tu amor, sobre lo que me quedaba de tu persona tratando de
salvarnos. Fue una extraña coincidencia el que las campanadas de
destrucción de esas latitudes y de las campanadas de tu enfermedad sonaran
al mismo tiempo (33).
Formando un nudo semántico que anuda ambos hilos,
el mal que este personaje masculino sufre es una intoxicación que corre
sincronizada en el hilo narrativo con la intoxicación, o polución del medio
ambiente. No menos significativo resulta el hecho de que el personaje femenino
sea iniciado por Carlos Manuel en el aprendizaje de una nueva visión de mundo
donde el ser humano se presenta existiendo en armonía y al unísono con la
naturaleza. En efecto, dialogando con la memoria de Carlos Manuel, Daniela le
dice “Me presentaste a la señora del Atlántico, aquí y en cualquier sitio
Yemanyá de Benín” (12). Por lo tanto, este pasaje ilustra la presencia de
una conciencia masculina compenetrada con su ámbito natural, y armonizada con
su complemento femenino. Recíprocamente, Daniela describe su soledad cuando
Carlos Manuel muere como el “desierto plano y unilateral que es la viudez”
(63).
Esta imagen de continuidad perpetuada y representada
por una pareja humana, actúa bajo el patrocinio de Yemanyá, diosa de los
elementos naturales. Esta diosa por su parte, se atiene a las características
de dioses precolombinos ya que, según Paredes, cada uno de ellos puede ser “tan
infalible e impotente como los hombres cuando la situación así los requieren”
(Paredes 114). En efecto, esa asociación de imágenes: naturaleza y hombre
coexistiendo armoniosamente, se trunca a partir del momento que los excrementos,
“las latas en el fondo, las botellas de plástico, los desagües de varias
cabinas” llegan al río cuya vera “había sido talada de árboles” (74).
En el momento preciso de la narración en que estos daños al medio ambiente se
concretizan, Carlos Manuel también muere ahogado. La siguiente afirmación se
ajusta también a La loca de Gandoca:
Sólo si el individuo es capaz de renunciar a la
conducta individual, y acepta la necesidad de buscar y encontrar un
complemento en otro ser humano, que lo acompañe a través de su vida y lo
secunde en sus empresas, puede aspirar a alcanzar la estatura de héroe
(P/V/E/R 70).
La “resurrección”, o el escape de Daniela del
aletargamiento en el cual se hunde a consecuencia de la pérdida de Carlos
Manuel, se efectúa como reacción a la evidente avanzada del proyecto
constructor. (72) A partir de ese momento, la lucha de Daniela tampoco se da en
términos individuales, ya que es todo un movimiento colectivo con los
habitantes de la zona el que atenta presentar oposición a la destrucción del
medio ambiente. Cuando los grupos locales proponen a Daniela tomar el comando de
una resistencia, ella reacciona así:
Les contesté que me sentía incómoda, que yo
no tenía pasta de líder comunal... Lo único que les puedo recomendar es
que exijan un turismo que no dañe a la naturaleza, un turismo modesto, de
pequeño tamaño, verdaderamente ecológico. Y una participación directa en
el desarrollo: socios, no meseros ni mucamas (55).
En términos de lucha, entonces, Daniela está
dispuesta a colaborar con su opinión pero no a asumir el control individualista
de la misma que podría ser considerado como parte de una conciencia feminista
de corte occidental.
Sin negar validez a las críticas de un cierto tipo
de pensamiento y acción ecofeminista foráneas al continente hispanoamericano,
se debe afirmar que el discurso ecológico centra su enfoque en un paralelismo
entre las coordenadas dadas por la explotación humana y medioambiental. De
acuerdo a Guevara, dicha visión considera que en la medida que todas las
mujeres son parte de un destino común, y de maneras pertinentes a sus contextos
propios, la lucha ecológica femenina debe ser dirigida a la preservación de
toda forma de vida. Es decir, una vez más, la importancia “de quién y desde
dónde” surgen los enunciados cobra importancia fundamental. De la misma
forma, como señala Carolyn Merchant, el concepto de naturaleza, relacionado con
la experiencia de las mujeres, puede tener tanto un significado positivo como
negativo,
Para la teoría orgánica resultó clave la
identificación de la naturaleza —y la tierra en primer lugar— con una
madre nutriente: un ser femenino suavemente benefactor que se ocupa de las
necesidades de la humanidad en un universo ordenado, planificado. Sin
embargo, prevaleció también otra imagen opuesta de la naturaleza como ser
femenino: una naturaleza feroz, imposible de controlar, capaz de provocar
violencia, tempestades, sequías y un caos generalizado. Ambas se
identificaron con el sexo femenino y fueron proyecciones de la percepción
humana sobre el mundo exterior (Merchant, 8).
La cita que sigue ejemplifica cómo La loca de
Gandoca desmantela una percepción del arquetipo de la diosa maléfica.
Cuando Daniela descubre que su pareja, Carlos Manuel, ha muerto en un accidente
ahogado, la protagonista revela:
Fui a llorar a ese río. Ese río y esa playa
donde habías muerto eran los mismos en que me habías hecho el amor por
primera vez. —Yemanyá, Yemanyá —grité desesperada—, su cuerpo sin
vida. Ese cuerpo que yo amaba... lo cobraste vos. —Yo no —respondió
inmediatamente la diosa—, fue el río. Los ríos son de Oxúm. Reclámale
a él (74).
Este pasaje adquiere proporciones fundamentales ya
que en la cosmogonía de religiones provenientes de África, tales como la
santería, umbanda y el vudú, Oxúm es la diosa hija de Yemanyá. Sin embargo,
también es el nombre del río en África desde donde surgen los dioses, y la
vida misma, río que por otra parte aún existe en nuestros días y todavía se
le rinde culto. Es en este último sentido de río, como sustantivo masculino,
que Rossi podría haber utilizado el término. Más allá de establecer una
dicotomía entre los géneros sexuales, esta última cita proyectaría una clara
intención de invertir la asociación occidental de la naturaleza, como deidad
maternal y/o ejecutora de castigos. Sin embargo, en la edición de marzo del
año 2002, la autora corrige este detalle, denominando ahora a Oxúm como a un
“ella”. Si consideramos que el libro original fue escrito mientras ocurrían
los hechos descritos en el mismo, este error adquiere un valor metafórico,
representativo de la misma urgencia que lo propulsa. Dicha urgencia
simbolizaría la apremiante necesidad de hacer conocer la crisis ambiental que
el refugio Gandoca estaba a punto de sufrir: “Mire, los refugios bailaron por
siete oficinas en menos de un año así que ya yo perdí la cuenta, no sé si en
el último capítulo estaban en la Forestal o allí en Vida Silvestre” (128).
Como esta cita estipula gráficamente, esa premura no deja tiempo para
considerar si la narración se apega escrupulosamente a una reflexión perfecta
de la(s) mitología(s) empleada(s). Según Daniela, la situación concreta que
interesa detallar es que: “Ocho oficinas distintas en un año, los refugios
han bailado por ocho oficinas y siguen bailando. Si esto fuera una novela y no
la pura verdad, dirían que el autor abusa del Deux ex machina...” (133). De
esta manera, la autora levanta una barrera defensiva, la cual se adelanta a las
posibles críticas detallistas que puedan surgir.
Por otro lado, es conveniente recordar que los
personajes no humanos, ya sean divinos o mágicos, no son proyectados en el
libro con un carácter femenino exclusivamente; por ejemplo, el “dueño del
monte”, “aliado vegetal” de Daniela, es masculino y, también lo es el “cuyeo
pájaro sagrado”. Por lo tanto, las divinidades en La loca de Gandoca
se dan sobre la base de los dos géneros sexuales de acuerdo a la ocasión, sin
denotar predilección por ninguno de ellos. Este simbolismo bigenérico implica
acogerse a una biodiversidad religiosa. En efecto:
Este modelo común es la base de la cual
partieron y subsistieron todas las creencias, la cual implica asumir una
responsabilidad en conjunto, por salvaguardar la naturaleza en su
complejidad biológica. Hablar de la biodiversidad de la religión exige
entonces que se explicite a Dios a partir de otras referencias y otras
coherencias. Exige también la convivencia entre varias palabras sobre el
misterio último sin que necesariamente se excluyan unas a otras. La
biodiversidad religiosa significa abrirse hacia el respeto a la expresión
plural de nuestras convicciones y, consecuentemente, aceptar el desafío de
educarnos para la diferencia (Gebara, 138).
Para fomentar esta actitud, a pesar de ser Costa
Rica predominantemente católica, Rossi inserta elementos de una cosmogonía de
un grupo excluido como el afrocostarricense: “—¿Por qué mejor no prueba el
vudú? —Ya probé —contestó la francesa—, y no sirvió para nada... Algo
la protege... —Me toqué el pelo largo —reseco y aclarado de tanto sol— y
le di las gracias a Yemanyá” (106). En efecto, esta inclusión no es fortuita
ya que no es suficiente con sólo
...pronunciarse como algunos políticos, a favor
o en contra de la energía nuclear; es preciso una reflexión religiosa
fundamentalmente nueva, capaz de romper con el antropocentrismo
judeocristiano tradicional, para reencontrar una idea de unidad y una
experiencia religiosa del mundo, que en la historia occidental de las ideas
fueron siempre combatidas como anticristianas y panteístas, y aun ateas
(Berry, 58).
La nueva corriente femenino-ecológica en
Hispanoamérica, de la cual La loca de Gandoca es una de las novelas
pioneras, propone una conciencia cuyos elementos sagrados se manifiestan en
numerosos aspectos del universo. Con esta actitud se fomenta un sentimiento de
...admiración y reverencia a las estrellas en
el cielo, al sol y todos los cuerpos celestes, a los mares y a los
continentes, a todas las formas vivas de los árboles y las flores, a los
muchos millares de expresión de vida en el mar, a los animales de los
bosques y a los pájaros de los cielos. La principal necesidad para que haya
múltiples formas de vida en el planeta es de naturaleza psíquica, más que
de naturaleza física (Berry, 59).
Es por ese sentido de compenetración con los
elementos naturales que Daniela se entrega a la deidad marítima de Yemanyá. De
acuerdo al personaje de Carlos Manuel: “Yemanyá acepta pero dice que ya no
podrás nunca cortarte el pelo. Yemanyá exigía el pelo largo” (12). A
diferencia de los ritos vudúes, los cuales generalmente envuelven el sacrificio
de sangre animal, Daniela promete a la diosa no cortarse el pelo en su honor.
Por lo tanto, el componente que guía la visión de Daniela es un profundo
sentimiento de respeto unitario con toda forma de existencia. No es de extrañar
que al sentirse una con todos los elementos de la naturaleza, la protagonista
contemple airada la profanación del hombre
Esos ríos [del refugio Gandoca] se llaman creeks
en mecaitelia, el dialecto local. En Ernesto Creek, un hombre con el
trasero pelado defeca en la límpida belleza. Con sus inmensas nalgas al
aire, a la vista y paciencia de los que pasamos. Los excrementos flojos caen
al agua transparente de Ernesto Creek... El hombre trae un rollo de papel
higiénico. Desenrolla un poco y se limpia bien. Arroja el papel sucio a las
maravillosas aguas de Ernesto Creek... Va echando los puños de papel lleno
de mierda al Creek (21).
En forma diametralmente opuesta a la profanación
anterior, Daniela concibe el océano en los siguientes términos:
—Me gusta tanto el mar. Ese mar. —Hay mares
lisos de un azul índigo, mares perfectos como el Océano Pacífico. Hay
mares con veinte metros de transparencias, como el Caribe en San Blas. El
refugio Gandoca es una cosa distinta. No es un mar porque pasa revuelto diez
meses al año. No es azul, tiene alma cambiante, ora verde, ora violeta, ora
gris. No se le puede ofrecer al turista tradicional que mide el éxito de
sus vacaciones por el bronceado porque muchas veces llueve y no hay sol. Yo
lo conozco bien y sé que no es un mar sino un lugar interior, un
temperamento, una importante etapa en el conocimiento de sí. Sentarse en
las playas del refugio Gandoca es transcenderlo todo, incluso su propia
arbitraria belleza, sus flores y sus algas, eternas, perfumadas,
putrescibles (25).
El perfil ecológico que traza Rossi en el pasaje
anterior resulta uno de los más logrados de su obra. En efecto, Daniela no
aprecia la naturaleza en términos de ninguna función de servicio; ni siquiera
con un valor estético. La naturaleza simplemente existe por un derecho propio.
En forma paralela, el dominio y la exclusividad del
hombre sobre la naturaleza, aunque sean acentuadamente de estructura patriarcal,
no pueden afianzarse sin la colaboración femenina. La historia está repleta de
ejemplos femeninos que duplican conductas jerárquicas excluyentes, promovidas
por mujeres que actúan como obedientes guardianes del sistema patriarcal. Por
consiguiente, La loca de Gandoca no trata de asumir posturas
ingenuas de defensa de la mujer, como víctimas débiles de la humanidad. En la
novela de Rossi, los personajes femeninos de Ana Luisa, la francesa Dominique,
Margarita y doña Medea, se erigen en guardianes de los valores
antropocéntricos y machistas. Por lo tanto, el texto de Rossi trata de instigar
una actitud crítica; dicha concienciación implica adoptar comportamientos
aptos para modificar de forma efectiva las relaciones entre hombres y mujeres,
entre los diferentes grupos y pueblos, y tal como el personaje de Daniela
vivifica, con la tierra:
Soy madre vegetal: los jobos, los cativos, el
cashá y los guácimos hijearon. Yo no quiero aquí jardín, quiero la
selva. Además no maté nunca los cangrejos porque son como trabajadores
municipales, procesan la basura. Es verdad que los cangrejos son grandes y
atrevidos, entran a la casa y se llevan el pan, los cepillos de dientes o
las cajas de fósforos. Por eso hay que dejar todo bien guardado. Son
grandes como gatos pero tampoco me decido a agarrarlos y hacerlos en sopa
(59).
Es por este razonamiento anterior que Rossi busca
expresar lo divino a partir de divinidades que ejemplifiquen no sólo una
comunión armónica con la naturaleza sino que, además, pertenezcan a una
visión de mundo específica a ciertos grupos [como el negro y/o el indígena]
generalmente segregados y excluidos de la visión oficial predominante. A partir
de la visión afroamericana, la intimidad especial que Daniela establece con su
ecosistema le permite también oír la voz de la fauna en vías de extinción:
Los Dueños del Monte ya dimos la voz de alerta
y millares de especies están haciendo la valijita, recogiendo sus malitates
y sus nidos, alistándose para emigrar. —Estamos haciendo un mapeo del
terreno expropiado y pagado en los parques. Allí nos iremos. Claro que hay
otros peligros, muchos parques están junto a explotaciones bananeras y ya
sabemos que el contacto con los agroquímicos nos puede deformar o matar.
Otros parques están atravesados por carreteras y el ruido desquicia. En el
parque Braulio Carrillo, el eco de la carretera entre monte y monte es tan
fuerte que todos los animales están de psiquiatra (100).
Esta perspectiva de La loca de Gandoca es
reveladora de un esfuerzo por recuperar valores y símbolos igualitarios y
ecológicos —presentes en las religiones ancestrales— que el sistema
patriarcal vigente aliena u oculta. La inserción de divinidades africanas de
ambos sexos en la novela de Rossi, expresa un compendio de creencias que revelan
una dimensión de comunión entre todos los seres vivos y corresponde a
tradiciones anteriores a la dominación colonial. En este dogma aparece una
comprensión más comunitaria e interdependiente de los procesos vitales, una
comunidad donde animales, plantas y seres humanos viven en un mismo ciclo de
crecimiento y muerte. Hay, pues, en la obra de Rossi, un sentido de pertenecer a
un todo y un respeto a las fuerzas de la naturaleza, como parte de una
comprensión de la vida, a partir de la cual todos los seres están ligados por
una misma paternidad y maternidad. Las imágenes míticas en La loca de
Gandoca emanan de una creencia que nace de la experiencia milenaria de la
vida de un pueblo, que fue gradualmente destruida por los colonizadores
europeos, los neocolonizadores de nuestro siglo y por los mismos procesos de
desterritorialización y territorialización del capital; o sea, también los
mismos grupos y clases de poder de Latinoamérica que se benefician con la
globalización. Estos últimos explotadores siguen conquistando la tierra y sus
habitantes buscando el lucro de una minoría. Las experiencias vitales tal como
las proyecta el texto de Rossi, no permiten captar los misterios divinos como
una otredad vis-á-vis el ser humano, lo cual apoyaría una imagen de un
momento de ruptura o discontinuidad total entre el humano y el “otro” [la
divinidad]. En este punto, es pertinente observar el siguiente intercambio entre
Daniela y sus hijos:
...estos bosques donde está nuestra casita,
mantienen una riqueza de germoplasma de las más promisorias, para el
mejoramiento genético de los cultivos tradicionales, para investigaciones
fotoquímicas, en el campo de la salud, plaguicidas naturales, etc. Es una
reserva de la fuente de materia prima con la cual nuestros antepasados
llenaban sus necesidades... —¿Qué es el germoplasma? Me preguntó el
mayor. —La fuente de la vida. La posibilidad que tienen las matitas de
hacer otras matitas. —¿Cómo el espermatozoide y el óvulo? —Sí, como
el espermatozoide y el óvulo pero sin eso. Es la renovación (48).
Esta referencia al origen de la vida de distintos
organismos proyecta una comparación respetuosa y equitativa. En el fondo, lo
que la protagonista puede captar de ese misterio lo logra a partir de límites
íntimos y/o de una corporeidad culturalmente situada. Como el libro de Rossi
ejemplifica, cuando se capta una dimensión divina y se la puede expresar,
Daniela no lo hace como algo situado fuera de ella, aunque tampoco lo reduzca a
ella:
Me vi afuera, en lo alto, mirando los pájaros,
moviendo las hojas. Era una sensación deliciosa ser parte de un árbol,
parte de las aves y la noche tibia. Mis brazos, mis piernas, mi pelo,
flotaban... El viento me acariciaba porque yo era hojita, tronco, lechuza,
vaivén. Una voz me dijo que así sería cuando muriera... Y me di cuenta de
que se estaba iniciando el proceso, que eso era morir, ser parte del viento,
de los árboles, de los animales (98).
Entonces, si ese enigma religioso o mítico está
dentro y más allá del humano, Daniela simboliza la imposibilidad de sentir una
divinidad como señor todopoderoso ni como juez último; mucho menos como padre
creador. Desde el punto de vista de la experiencia femenina, esas imágenes
tradicionales de la religión judeo-cristiana evocan otras figuras dominantes
marcadamente masculinas y jerárquicas: aquellas que supuestamente modelaron la
divinidad a su propia imagen y semejanza. Esas imágenes, por su parte, se
sitúan en un universo cultural dualista, en el cual las preguntas sin
respuestas siempre desembocan en el callejón sin salida de la limitación
cognitiva humana. A su vez, ese universo marcado por la oposición entre el
cuerpo y el espíritu sitúa a Dios de lado del ser masculino y nos lleva, en
consecuencia, al desprecio de nuestros cuerpos por no asemejarnos a la
perfección divina. Esta última característica fue, y sigue siendo,
particularmente opresiva para las mujeres a lo largo de la historia del
cristianismo. El erotismo latente en el lenguaje íntimo de Daniela exige una
revalorización del cuerpo femenino, por las mujeres mismas, ejemplificado en el
párrafo siguiente:
Acostarse en el mar. Los verdes lechos tibios de
thalassia. Ser penetrada hasta el fondo por el mar Caribe cuando el amor
alcanza los confines del trópico en un hechizo verde de estuarios
aquietados y palmeras que crecen al revés (31).
El propósito de dicho discurso es intentar un
desprendimiento de absurdos conceptos que conducen a una represión sexual
femenina, culturalmente impuesta a partir de creencias eurocéntricas.
Reafirmación de la diversidad en la unidad
El adjetivo femenino “loca” del título
simboliza la resistencia que asume el pueblo, ante los administradores
políticos de gobierno del Estado; ya que es seña de irracionalidad.
Irónicamente, Rossi enfatiza este argumento para desautorizar el poder
argumentativo en cualquier expresión subversiva. La visión alternativa de esta
“loca” exige un cambio radical al antropocentrismo y machismo vigentes en el
discurso seudoecológico del poder oficial. Por otro lado, no menos
significativo en el título, es el anonimato de la palabra “loca” que se
contrasta con la especificidad espacial y concreta del nombre propio del refugio
Gandoca. La imagen final subraya la presencia de un ser humano anónimo, por
ende de potencial colectivo, coexistiendo dentro de un ecosistema específico al
que, como indica la preposición “de”, pertenece.
Esta novela cabe dentro de los parámetros de una
práctica carnavalesca que, a su vez, promueve el concepto de que toda vida
narrada puede tener una clase de valor representativo. La variedad de ópticas
en La loca de Gandoca evocan una polifonía ausente de voces, otras vidas
y experiencias posibles, las cuales se proyectan a través de distintos relatos
de diferentes participantes en el mismo evento. Por lo tanto, dicho texto se
apega a las denuncias de Jean François Lyotard y al Carnaval de Bajtín, en
cuanto cuestiona seriamente las metanarrativas occidentales, afirmando, a
través de la risa/sarcasmo, el derecho expresivo de los grupos periféricos.
Dichos enfocamientos son también una manera de poner en la agenda, dentro de un
país específico, los problemas de pobreza y opresión, que no son normalmente
visibles en las formas dominantes de representación. Por ejemplo, el texto de
Rossi informa:
Es por las zompopas —opina la hija de indios—,
mis parientes bri bri y cácebar dicen lo siguiente en una proclama que
tiene por nombre Cuidando los regalos de Dios: Hay una gran
diferencia entre el indio y el blanco. Vea usted las zompopas, como ellas
trabajan todas juntas, limpian y cuidan su terreno. Donde viven las zompopas
todo está limpiecito porque cortan todas las hojas y hacen sus grandes
nidos. Así es el blanco, es muy trabajador, pero destruye la naturaleza. Va
limpiando, limpiando, limpiando para hacer sus ciudades, pero allí donde
él vive no hay nada. El blanco tala todo lo que es montaña, todo lo que es
verde, y donde él vive, ya no quedan árboles, no hay ríos” (137).
Es trascendental destacar el carácter de
transcripción de la cita, ya que al pie de la misma página la autora declara:
Tomada del libro Cuidando los regalos de
Dios: testimonios de la reserva indígena Cocles/Kekoldi, pág. 16.
Escrito por Paula Palmer, Juanita Sánchez y Gloria Mayorga, publicado por
la Vicerrectoría de Acción Social, Universidad de Costa Rica, San José,
Costa Rica, 1988 (137).
Esta forma de transcribir la voz indígena,
presentando un testimonio directo dentro de la narración ficticia que el texto
de Rossi presenta, apunta a un deseo por otorgar espacios discursivos propios a
las voces indígenas y el respeto de la autora al no apropiarse de las voces
ajenas. El aspecto formal narrativo dominante de esta novela es la presencia de
una voz que habla al lector en forma de un “yo” que reclama un
reconocimiento, que quiere y necesita apoderarse de nuestra atención. Esta
presencia en la voz narrativa es la marca de un deseo de no ser silenciada o
vencida, que quiere imponerse en la institución literaria. Es preciso notar la
insistencia y la afirmación del sujeto evidente en el título La loca de
Gandoca. Resalta evidente el nombre real del refugio que concierne a esta
narrativa ecológica de Rossi, el cual anuncia desde su inicio un anclaje
espacial preciso; aun así, hay ciertos cambios sutiles como la denominación de
“playa del Árbol de la Uva”, la cual en la vida real se llama Punta Uva. En
cuanto a la expresión “La loca”, como he argumentado antes, ésta se erige
representativa de un cuestionamiento de los límites del raciocinio normal. Más
que una subjetividad descentrada, esta obra constituye una afirmación de un
agenciamiento de enunciación colectivo. La complicidad que el texto establece
con los lectores apela a despertar un sentido ético y de justicia, de apoyo a
una causa popular poco difundida, que se opone al discurso oficial del
conocimiento.
De acuerdo a estos parámetros, en la obra de Rossi
se enfatiza el convivir armonioso de los negros e indios de la zona con su
medioambiente, de quienes Daniela dice: “Pensé que durante siglos, indios y
negros habían mantenido intacto ese litoral” (30). Desafortunadamente la
heroína declara que una vez implementado el capitalismo: “Esta región ya no
nos pertenece. Primero dejó de ser de los indios, luego dejó de ser de los
negros, después dejó de ser de los costarricenses en general” (96). Aún
así, el grupo negro de Costa Rica sigue siendo, desde entonces, blanco de
discriminación y polémica por parte de las clases poderosas.
El maestro dice que las comunidades del refugio
son volubles y que el gobierno las ha manejado muy mal, el gobierno sólo se
acuerda de que los negros existen cuando quieren sus votos o sus tierras.
Con los indios es peor, como ni siquiera votan ni entienden español no
tienen que molestarse en mentirles (60).
Rossi registra no sólo ese olvido estudiado1
sino también la presencia de un racismo vigente hacia la raza negra. Cuando
Daniela intenta abogar por los derechos de los negros, el ministro le contesta:
No se meta, mijita, no obstaculice el progreso,
los negros de esta región son tan atrasados, tan pobres, les vamos a dar la
oportunidad de entrenarse para que sean campeones de patinaje en hielo y
ganen todas las medallas de oro en las olimpíadas de invierno, así
saldrán del subdesarrollo. Además lo vamos a hacer porque es un salón de
patines totalmente ecológico (77).
Una de las nociones que saturan el discurso del
ministro es la de un progreso afroamericano viable dado únicamente a través de
la proeza física. Implícito en este prejuicio surge por extensión la idea de
los afroamericanos como genéticamente incapacitados intelectualmente. A partir
de esta visión opresiva, Rossi entiende la necesidad de otorgar en el presente,
un espacio discursivo propio al elemento negro:
...me rogabas que cantara en creole de la
Martinica (...). Lan mé’a ka gémi, la lun’ lan ka Fermi, cocotiers
kapa’ lé, caressé moin, caressé moin (el mar gime, la luna se
estremece, los cocoteros murmuran, acaríciame, acaríciame). Solei ka
plewé, la lun’lan ka chiwé, cocotiers ka flambé, caressé moin,
caressé (el sol llora, la luna se ha desgarrado, arden los cocoteros,
acaríciame, acaríciame) (84).
Sin intención de quitarle mérito al intento
vindicativo de esta cita, debo señalar que las traducciones al español
presentes en la misma pueden desvirtuar un tanto el propósito. Por otro lado,
si bien la explicación en español parece rendir pleitesía a la clase
dominante costarricense de habla hispana, debo señalar que existen dos
versiones, dándose la española entre paréntesis, por lo tanto secundaria. De
esta manera, el texto afirma la prioridad del elemento negro.
Falacia de los discursos oficiales
De acuerdo a la visión gin(eco)lógica de La
loca de Gandoca, sería primordial en esa agenda lograr desprenderse del
antropocentrismo y el apego extremo al consumismo que rige el pensamiento de
corte occidental, dado que estos rasgos forman parte del carácter actual de
organizar el mundo. En efecto, la novela de la costarricense señala la
hipocresía de la metanarrativa del progreso ya que soslaya que
...el progreso es un bulldozer, una aplanadora,
que todos los consorcios europeos tienen la mira puesta en nuestras
frágiles costas porque nuestros dirigentes partieron a las cuatro esquinas
del mundo desarrollado, como chulos, a vender nuestras playas, moviendo
tentadoramente el trasero, y que nuestro país ya no es de nosotros (95-96).
En el contexto hispanoamericano, el llamado progreso
se limita a ser una repetición, ya histórica, de intercambios desiguales y,
una concepción del continente, como un repertorio de materias primas a
disposición del más inescrupuloso. Respecto de lo dicho, Daniela medita: “América
Latina es tierra de tiranos. Los tiranos se caracterizan por decir, ante un
objeto que es por ejemplo verde, que el objeto es azul” (41). Gracias a
políticos corruptos quienes se deshacen de los patrimonios y del control
responsable de los recursos naturales, la autonomía nacional y natural de las
regiones se atrofia.2 La tensión entre las proclamas del progreso
que aportaría beneficios equitativos a todos los humanos y los resultados
concretos corrobora la ineficacia en las premisas de la Modernidad en
Latinoamérica. Daniela discute con un ministro: “Nómbreme un solo beneficio
que la urbanización le vaya a traer a la comunidad”, a lo que el funcionario
en cuestión responde: “Empleo, por ejemplo”. Daniela irónicamente agrega:
“Tendiendo camas o sirviendo tragos” (69). A consecuencia de asimilar
discursos occidentales, tales como los beneficios del progreso, el proyecto de
la Modernidad, el “desarrollo sostenible” y muchos otros más, conjuntamente
con la complicidad de hispanoamericanos corruptos, la depredación ecológica
continúa su inexorable marcha. El texto enumera la siguiente clase de
atropellos resultante en la implementación de las filosofías discutidas:
Que el hecho de que el artículo 73 elimine la
exigencia del Plan Regulador y la fiscalización del Instituto de Turismo en
las playas de los refugios no le permite al ministro arrogarse potestades de
desarrollo turístico en lugar de proteger los recursos naturales. Que en
lugar de Plan Regulador para la zona marítimo terrestre debe hacerse un
estricto plan de manejo para todo el refugio y que antes de autorizar
ningún proyecto turístico u hotel, debe estudiarse la capacidad del
santuario. Por ejemplo, su capacidad para soportar la descarga de
contaminantes. La descarga de contaminantes. Solamente en el proyecto “Ecodólares”,
la basura, la mierda y los orines de dos mil personas. En doce hectáreas
(45).
En realidad, la cita anterior demuestra un fuerte
elemento de fricción entre discursos dispares: el pertinente a las leyes
forestales y el popular que cuestiona la aplicación real de las primeras. De
acuerdo a Bajtín, este elemento conflictivo sirve para sabotear la versión
oficial “monológica” de las instituciones del poder (D/P 283-285).
En efecto, en ese dualismo de opiniones el sarcasmo presente condensado en el
pasaje anterior, ciertas voces
Adquieren un carácter no oficial, su sentido se
modifica, se complica y se profundiza, para transformarse finalmente en las
formas fundamentales de expresión de la cosmovisión y la cultura populares
(Bajtín, 12).
A su vez, la interacción de discursos opuestos
ofrece una perspectiva múltiple de un mismo fenómeno mostrando:
...the complexity of the simple phenomenon of
looking at oneself into the mirror: with one’s eyes and with others’
eyes simultaneously, a meeting and interaction between the others’ and one’s
own eyes, an intersection of worldviews (one’s own and the other’s), an
intersection of two consciousness. Unity not as an innate one-and-only, but
as a dialogic concordance of unmerged twos or multiples (Bajtín, 289).
Este reconocimiento urgente, por parte de la
protagonista, al respecto de la vulnerabilidad medioambiental producto de la
avaricia humana, dirige también el enfrentamiento de Daniela con el
viceministro:
¿Se da cuenta el viceministro de que para
construir esa urbanización hay que talar todos, absolutamente todos los
árboles del terreno? ¿Sabe el viceministro que si en el terreno de “Ecodólares”
se permite talar todos los árboles para construir, habrá que permitir lo
mismo en todos los terrenos? ¿Se ha dado cuenta el viceministro de que los
inversionistas europeos adoran cementar? ¿Se da cuenta el viceministro de
que legalmente se corre el riesgo de no dejar ni un solo árbol en ese
refugio? (37).
Esta argumentación de Daniela ilustra cómo hoy,
mediante la globalización neoliberalista, el hombre está haciendo el planeta
inhabitable. Sustancial parte del problema reside, entonces, en la complicidad
en este proyecto de la globalización de aquellos hispanoamericanos con acceso
al poder. En efecto, dentro de las posibles alternativas de ayuda estatal para
la causa que defiende Daniela se encuentra “un ex gerente de la Chunchi-Cola”,
del cual el texto agrega: “qué va a entender de biodiversidad” (48). Este
último comentario enfatiza la necesidad de replantear la aparentemente
insoluble tensión dentro del sistema ideológico imperante, entre el desarrollo
con la naturaleza, o, el deterioro de nuestros ecosistemas y las ideologías que
lo promueven sin siquiera sentir la necesidad de justificar acciones que, por
otra parte, tienen el potencial de repercusiones dramáticas para todos los
rincones de la tierra. No menos alarmante es la desequilibrada posición de la
gente pobre dentro de las zonas explotadas, ya que es difícil exigir que cuiden
de una tierra cuando a ellos mismos los apremian necesidades inmediatas. Rossi
considera esta coyuntura particular cuando Daniela expone las consecuencias de
la venta que los habitantes hacen de su terreno:
Ustedes vendieron por un plato de lentejas la
tierra del refugio, la tierra del paraíso. Ahora su paraíso se cotiza en
dólares y de él no va a quedar más que una orilla cementada, como
Cancún. Pero los bolsillos de muchos hombres estarán rebosantes. Seis o
siete hombres tendrán tanta plata que da vergüenza nombrar las cifras
(55).
Las instituciones tradicionales del poder, como la
Iglesia y el Estado, por su parte, cuidadosamente diseñan sus discursos
oficiales para ocultar un pensamiento meramente antropocéntricos que, en la
realidad, funciona en paralelo con una actitud de menosprecio hacia el entorno
natural. Con un eco burlón ante el discurso cristiano tradicional, Rossi
comienza, en la página 90 del libro, una larga disertación que inicia con la
frase “Ampárame, Excelso Tribunal”. De la página 90 a la 94, once
párrafos empiezan, o contienen, la palabra “ampárame”. Por ejemplo:
Todo lo que está de pie va muriendo como
soldados al respirar gas letal. Caen los árboles en el zumbido de las
motosierras, se secan los pozos y los nacientes, se han secado mis ojos
también, excelso Tribunal Constitucional, ampárame de la actitud de
quienes, designados por voluntad popular para velar sobre los bienes
naturales de nuestro pueblo, aprovechan su investidura en beneficio propio.
Ampárame del ministro que entrega los bosques costeros a los inversionistas
con la sonrisa en la boca y el whisky en la mano sin aplicar la ley, la
norma vigente (76).
Esta repetición se proyecta como un procedimiento
irónico tomado de la oración cristiana que ayuda a la carnavalización o a la
inversión del mundo. La imagen que subyace en dicha sección es la omnipotencia
de un tribunal con presunciones casi divinas, prestándose a encubrir
hipócritamente un pragmatismo depredador. En efecto, la temática que esta
sección discute es la constante hipocresía en los discursos de los
inversionistas, los funcionarios y los dirigentes públicos. En realidad
Los inversionistas eran personas que odiaban los
barriales, los insectos, la selva y la humedad. Les molestaba hasta la
alfombra azul de las iponemas, solo querían la extensión. Con inmensa
codicia miraban la extensión de arena dorada. Estas personas empezaron a
comprar. Después de comprar drenaban porque odiaban los pantanos.
Esparcían agroquímicos porque odiaban todo bicho, todo cangrejo. Cortaban
la selva porque lo que deseaban era hacer jardines. Talaban los árboles a
la vera de los ríos para construir tarimas y no ensuciarse los pies (36).
En términos concretos, la implementación del
proyecto “hotelero” aporta resultados nefastos para la biosfera del refugio
Gandoca. Sin embargo, la novela denuncia:
Los gobiernos se llenaban la boca asegurando al
mundo entero que el veintiocho por ciento del territorio estaba bajo algún
tipo de protección. Y cuando una acudía al ministro de Riquezas Naturales
a solicitar que ejercieran esa protección, contestaban que era imposible,
que lo único que se podía proteger era eso que llaman “patrimonio de los
costarricenses” —que tampoco es tal, cuesta tan caro ir que el ochenta
por ciento de los costarricenses no lo verá nunca—: los parques
indemnizados. Entonces no era el veintiocho por ciento sino menos del diez
por ciento del territorio. Y además ese diez por ciento a punto de
morirse... Recuerden que según los científicos los suelos de Costa Rica se
pierden a un ritmo de cuatro millones de toneladas por año. Y ciertas
cifras nos han señalado como el país más deforestador de la tierra
(112-113).
A pesar de estos datos, la tecnocracia que domina la
orientación del desarrollo en América Latina los ignora, repitiendo, como
mantra, formulaciones huecas. Con una falta completa de escrúpulos
medioambientales, el ministro cínicamente le advierte a un empleado: “No
olvidés la palabra mágica: el desarrollo sostenible. Hay que presentar el
hotel de ‘Ecodólares’ como desarrollo sostenible (...) y no mencionar para
nada, repito, la urbanización” (86). Lo anterior prueba que la metanarrativa
de la emancipación del hombre por el trabajo, cínicamente utilizada otrora por
los nazis, sigue reinando en su falso apogeo bajo distinto disfraz. Sin embargo,
los mecanismos que lubrican las ruedas de este metadiscurso son, en definitiva,
los mismos: una desmedida codicia, una falsa superioridad racial y la pasividad
de los oprimidos. En efecto, al abuso y exclusión en los países periféricos
del llamado “mercado libre”, se les añade la presión externa en la forma
de una deuda impagable, que funciona como chantaje a todo tipo de imposiciones,
asegurándose un servilismo ilimitado y un imperialismo de la miseria en forma
de la deuda externa.3
En el texto de Rossi, el mismo órgano
institucional, supuestamente protector del orden civil, cumple la función de
proteger los intereses de la clase dominante, preservando el buen funcionamiento
del saqueo medioambiental. Lo anterior se verifica cuando un personaje policía
le dice a Daniela: “No obstaculice la inversión extranjera, señora, circule,
circule” (96). Según el ministro su “propuesta es jugar con armas
económicas y con las mismas armas de los verdes”, por lo tanto quiere
construir “un Miami en el refugio Gandoca. Un Miami de la selva”.
Irónicamente, el texto prosigue, dentro del plan también se contará con “un
Macdonald ecológico” (115-6). El simbolismo del “Macdonald” es obvio.
Esta polemizada cadena de comida rápida proveniente de los Estados Unidos ha
adquirido carácter emblemático de globalidad impersonal, no solamente en
referencia a una indoctrinación culinaria. En todos los países del mundo, una
de las características de la cultura local son sus platos típicos, por lo
tanto el éxito masivo del Macdonald en cualquier cultura ajena a la anglosajona
tiene el potencial de arrasar con ciertos factores culturales locales. La
propuesta, el ministro continúa, consiste en presentar “el proyecto al Fondo
Monetario Internacional y al Banco Interamericano de Desarrollo con un plan
inteligente de Canje de Naturaleza por Deuda, digo, perdón, Deuda por
Naturaleza” (116). Esta última frase tiene fuertes resonancias históricas
comunes a todo el continente hispanoamericano. La deuda externa es uno de los
instrumentos constantemente manipulados para perpetuar el despojo del medio
natural; obviamente, ella también impide la autonomía nacional, la cual se
halla supeditada al capricho y diseño de las instituciones monetarias
nombradas. Es pertinente asociar esta última cita con la metanarrativa que
clama la liberación de la pobreza por el avance capitalista (el “progreso”)
(Lyotard, 68-69). En relación a esto, concuerdo con la autora costarricense en
la urgente necesidad de desenmascarar los metadiscursos, como el del Banco
Internacional, por ejemplo, el cual pretende que sus políticas, lejos de
contribuir a los grandes problemas de la humanidad, sean más bien un esfuerzo
honesto, científico y técnico, para resolver los problemas de los ricos y los
pobres. Como burlonamente ilustra Rossi en su obra, el discurso del Fondo
Monetario Internacional está lejos de admitir el claro papel de las periferias,
con su mano de obra barata y sus riquezas naturales, abierta al saqueo de unos
pocos poderosos. Estas zonas, dentro de la cuales Hispanoamérica cobra
predominancia, no sólo son el soporte de la economía occidental con su
privilegiado estándar de vida, sino también son los lugares del planeta que
sirven como basureros a los desechos nucleares e industriales del norte.4
En cuanto a la “Convención Americana de Derechos
Humanos”, el texto burlonamente enfatiza su metadiscurso hipócrita,
interrogando: “¿Qué es eso?” (123). De manera análoga, el ministro en
forma cínica agrega “al ser Verde y estar lo Verde de moda captaremos miles
de turistas” (117).
Conclusión
Finalmente, podríamos decir que esta nueva
perspectiva ecológica propone una nueva conciencia cultural, diferente de
aquella presente en los patrones tradicionales. Esta nueva visión exige
relaciones de mayor interdependencia, y solidaridad que las hasta ahora
disponibles por un poder esencialmente competitivo. También dicha visión exige
formas más comunitarias e igualitarias que las ofrecidas por estructuras
jerárquicas y anónimas.
En el texto de Rossi se atisba el surgimiento de
dicha oposición organizada, simbolizada de la siguiente manera:
Uno de los líderes comunales me telefonea,
quería contarme que su gente se había organizado y los campesinos le iban
a pedir al gobierno que diseñaran, con participación de las comunidades,
proyectos de desarrollo respetuosos del bosque y que mientras tanto les
dieran un bono alimenticio para poder subsistir y no tener que cortar los
árboles para vivir (66).
Precisamente, la adopción de una visión ecológica
exige el trabajo y la cooperación de grupos de personas que hayan descubierto
que es imposible vivir sin que se cuide y respete toda forma de manifestación
vital en el planeta a partir de las cuales todo y todos existimos. Esta nueva
visión exige, por consiguiente, un rechazo conjunto de los valores
intrínsecamente individualistas, a favor de la vida y del bienestar
comunitario. Asimismo, la visión del texto de Rossi exige una ética fundada no
sólo en un respeto entre y para los seres humanos, sino también dirigido a la
tierra, a todos los elementos que la componen. Por lo tanto, esta ética incluye
no sólo el cuidado directo de los seres visibles, sino del todo o, conjunto del
ecosistema. De hecho, La loca de Gandoca vivifica el pensamiento
optimista de Carlos Monsiváis en su ensayo Entrada libre. Crónicas de una
sociedad que se organiza, cuando examina aquellos movimientos populares en
los que la gente toma el poder en sus manos, muchas veces a despecho del
gobierno. Ese anhelo por una sociedad civil en la que, tanto Rossi como
Monsiváis, albergan una esperanza utópica, para una verdadera democracia
participativa, se cristaliza en el texto cuando Daniela comenta: “Ellos se
activan. Los que vinieron a las primeras reuniones explican a los nuevos. Toman
la decisión de organizarse. Creo que es exactamente en ese momento que me
atraviesa un escalofrío de esperanza” (66). La cita anterior ejemplifica la
necesidad de una nueva perspectiva social que opere como oposición ante las
fuerzas de control del Estado y/o del mercado. Es sólo por medio de una nueva
esfera pública autónoma que se puede plantear un desafío a los valores que
rigen las burocracias oficiales. El texto de Rossi incita a encontrar un espacio
público consolidado que permita el diálogo y el encuentro entre los diversos
sectores que se interesen por encontrar nuevos valores y soluciones a los
problemas ambientales. En definitiva, el problema ambiental demanda una
pluralidad de enfoques.
Notas
-
A modo de ejemplo, en 1953, José Figueres, el político
simpatizante de Hitler y Mussolini en la segunda guerra mundial, reforzó su
campaña electoral viajando por Limón, “hablando inglés, besando niños
y bailando con mujeres negras”. Para ensanchar sus posibilidades de
victoria, las estrategias políticas de este candidato consistieron también
en rebajar la edad mínima de voto a 20 años e instaurar por primera vez en
Costa Rica el voto femenino. A pesar de este logro para la primera
generación de afrocostarricenses, las comunidades negras continuaron
permaneciendo al margen de la historia, como una parte olvidada del
patrimonio nacional de Costa Rica (Harpelle, 7-9).
-
Dice Galeano: “Los países más pobres están metidos, con
alma y sombrero, en el concurso universal de la buena conducta, a ver quién
ofrece salarios más raquíticos y más libertad para envenenar al medio
ambiente. Los países compiten entre sí, a brazo partido, para seducir a
las grandes empresas multinacionales. Las mejores condiciones para las
empresas son las peores condiciones para el nivel de salarios, la seguridad
en el trabajo y la salud de la tierra y de la gente” (Galeano, 181).
-
“Los países del sur del mundo, que entregan doscientos
cincuenta mil dólares por minuto en servidumbre de deuda, son países
cautivos, y los acreedores les descuartizan la soberanía. Por mucho que
esos países paguen, no hay manera de calmar la sed de la gran vasija
agujereada que es la deuda externa” (Galeano, 156).
-
“Los países desarrollados que forman la Organización para
la Cooperación con el Desarrollo Económico organizan la cooperación con
el desarrollo económico del sur del mundo, enviándole desechos tóxicos
que incluyen basura radioactiva y otros venenos. Estos países prohíben la
importación de sustancias contaminantes, pero las derraman generosamente
sobre los países pobres” (Galeano, 230).