El buzón
No es triste la verdad,
lo que no tiene es remedio
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18 de abril de 2005

Amigo Jorge:

Estuve leyendo la nota sobre los derechos de autor y las editoriales en tu país. Lejos de hacer una crítica sobre cosas que ocurren en medios que no conozco —caso concreto, el panorama editorial en Venezuela en la actualidad— sí puedo comentarte brevemente lo que aquí pasa al respecto. Casi todas las editoriales de peso —comercial— forman parte de grupos editoriales —A forma parte de B que forma parte de C y todas están relacionadas con D que a su vez conforma un conglomerado de empresas que incluyen, además de lo editorial, relaciones con hamburguesas y tractores. Los capitales son diversos, siempre de allá, y esto quiere decir de España, Francia, Alemania, etc. Así, Sudamericana, otrora orgullo del país, forma parte de Planeta que, si mal no recuerdo, forma parte de Bertelsmann y vaya uno a saber a qué grupo terrestre o extraterrestre pertenece esta última multinacional. Todas, eso sí, editan lo que se vende y sólo eso. De poesía, ni hablemos. Colihue es una de las pocas editoriales que sobreviven —mi mujer editó allí hace ya cinco años, el libro sobre el lenguaje en los primeros años— se vendió bien, lo sabemos, claro: los conceptos por derecho de autor son algo esotérico, inescrutable y el autor debe conformarse no con lo que le corresponde por ley sino lo que le parece a los editores y lo que le parece a los editores es, siempre, una mínima parte de lo que debiera ser. Es esto o esto —dicen. Adiós. Ahora, los poetas debemos buscar en sellos pequeños, casi siempre al borde de la improvisación, de la desaparición; y pese que esto pareciera algo romántico, no lo es: se limitan a llevarlo todo a la imprenta, le adosan su sello y el autor carga con 500 o 1.000 ejemplares y que se arregle, luego, por supuesto, de pagar de su bolsillo los costos. Otras, esto es de una gran vileza, dicen que distribuyen y mienten; se limitan a darle al autor lo que llaman “la mitad de la edición”, que es... toda la edición y, el resto, lo que ellos dicen que distribuyen, no existe. El autor paga como bueno lo que es muy malo. Quedan los premios, que aquí son pocos y a veces la edición prometida a los premiados no se cumple. “Creer en otra cosa”, me decía un amigo poeta, “es como creer en los Reyes Magos”. La triste verdad. El estado de las cosas. Entonces, Jorge, no resulta extraño “el yo te doy esto y vos me das esto”, el amiguismo, las traiciones y todo eso; no lo justifico, constato que son frutos de un árbol torcido y podrido por dentro. Yo siempre creí, lo creo y lo creeré, con Wittgenstein, que ética y estética es una misma cosa. Y, ante el panorama que se abre ante mis ojos, “me mudé, con mis petates, al extranjero”, publiqué un libro de poemas en Costa Rica y para octubre o noviembre haré otro tanto en España. Ni siquiera este último libro circulará en Argentina, ni mínimamente, porque costaría casi cuatro veces lo que costará en España. Hoy día, Jorge, además de Diario de Poesía casi no hay revistas literarias con peso y valor y si hay alguna o algunas salen como y cuando pueden. Es así, “no es triste la verdad”, dice la canción, “lo que no tiene es remedio”. Yo quisiera que hubiese un remedio pero no lo veo y hace ya mucho que esto es así. Hace poco leía un artículo en Internet que hablaba de una lenta y progresiva desaparición de la literatura argentina. Sebrelli habla de una profunda decadencia. Duele. Este mar está oscuro y no hay puerto a la vista. Supongo que como fuera Harry Potter dueño y señor de la Feria del Libro de Buenos Aires hace dos años, ahora lo será El código Da Vinci. En un stand, lo recuerdo bien, la fotografía de Ludovica Squirru, escritora de horóscopos, era del mismo tamaño que la de Rulfo. Un abrazo.

Carlos Barbarito