El pasado 20 de mayo, sin demasiados bombos —casi
ni para eso alcanza el tiempo—, la Tierra de Letras arribó a su noveno
aniversario. Ya hemos escrito anteriormente que en el entorno digital cada año
tiene apariencia de década, por lo que estar al borde de nuestra primera
década cronológica nos hace sentir poco menos que vértigo.
Los nueve años transcurridos han marcado a Letralia
con el signo del crecimiento. Pareciera que nuestra pequeña
revista de 1996, que entonces ofrecía orgullosos sus primeros 28 kilobytes
de literatura, nació con voraz vocación de multitud.
Obviamente, no sólo Letralia crece. El
aspecto que presenta Internet hoy en día y las posibilidades que ofrece para la
difusión de literatura ni siquiera podían ser imaginados hace nueve años.
Nunca como hoy han sido tan fértiles los territorios de la red de redes para la
proyección de nuestras letras, y eso es algo que —esperamos— el futuro nos
permitirá aprovechar para seguir expandiendo la revista de los escritores
hispanoamericanos en Internet.
En esta, nuestra edición número 124, no podemos
asegurar nada. Sólo que seguimos con la misma intención con que nació esta
publicación en aquel mayo de 1996 en que empezaron estos nueve vertiginosos
años: apoyar a la literatura como arte, sin mayor complicación y sin el
absurdo del compromiso.