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Orar las horas
Extractos
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para Bárbara,
por las horas que pasé escuchando su voz,
por su respiración congelada

NO HURGAR LO SUFICIENTE podría ser un pecado si fuera un dios sabelotodo. Archivos, carpetas y documentos no hacen memoria, son impulsos originados del símbolo. Hora, canción dormida o cachucha de los Lakers son lo que son en coincidencia. Imposible cerrar el recuerdo; el recuerdo nos hallaría antes. Perdona por no abarcarlo, los ángulos escasean. Espérame, platiquemos en otra cita, cuando yo sea más viejo y tú una respiración congelada.


LA MADRE ES LA MADRE y cuando la chingamos perdemos la noción del espermatozoide. Lo entendiste así. Útero protegido por barrotes de cuna, de metal rosado. Las trompas de Falopio a la altura de tus oídos, ovarios como aretes; el vientre vacío y tú parada sobre media luna, rodeada de estrellas.

Esfuerzo inútil, a fin de cuentas tu boca es vagina y las palabras te penetrarán igual.


¡UN, DOS, TRES POR EL ÁRBOL HERIDO! Miserables gusanos: voces prometidas unilingua carcomían las entrañables horas. Esos dos “sí” convocaban pájaros sin nido desde rotaciones plácidas. No habrían de ser hojas el bastión frente a un otoño prematuro, desganado heredero del tiempo, carente de lluvias, repleto de Sol.


SOY CALCOMANÍA ENVIDIOSA en la ventana trasera de un camión. Tercas navajas pasean de tu hombro al cabello que me diste. No te advierto que su boca es un abismo, los besos caerán en suspensión absoluta. El silencio, cansado de tanto llorar, se cobra en tu ruina. No podrás viajar por siempre, es momentáneo del escape cuando son traicionados los días comunes.


PIEDRAS QUE SIGUEN MI DOLENCIA (la que dura por absurda ley) evolucionaron desde tus cabellos, probada la quietud. Vaciados los penosos cantos restan uñas largas, sin ablandar siquiera. No le niegues a mis labios la esperanza de tu cuello, de lágrima ignorante. Derrama charlas cotidianas, entiende la naturaleza de mis conjuros. Escucharé desde abajo todo el tiempo que tú dances.


OSCURECES BAJO MIS MANOS en medida desafiante, retando sudores de infancia con cuadros de explícita ternura, descarnada y diabólica. Oscureces y amaneces lumínica, vertida en más arrullos que los considerados por el apartheid en bruto de mi pulgar izquierdo, doblado en cuatro partes desiguales. Oscureces en agobiante retroceso, más allá de la luna, salada tres veces sobre la fuente de tu mirada, espía del purgatorio.


LO ENFERMIZO DE MI VIDA se extiende más allá de las paredes de tu alma, casa de reciente factura. Habitantes volátiles, rubores suplicantes sosteniendo pigmentos del Sol, violento expirar de sentidos encontrados. Poros dilatados en metamorfosis absoluta señalan que sedas retorcidas no podrán amar. Ahora, sólo falta que argumentos de coyotes roben humo.


ESCAPA EL HOMBRE con arcillas y cuñas antiguas, como delirante ensueño, de mirtos vencidos, de etéreos cuidados. Edifica en su mugriento latido sencillos cubos gélidos, anonadada la centella para entonces. Piensa las protuberancias del valle sangrante, las reanima bajo paganas fórmulas, que sólo él entiende y nunca muestra.


TELÉFONO DE PUTAS, nocturno el recuerdo y se inclina al asiento. La Burana le abraza y una canción es atada. Trata de colocarse entre la ducha y sus piernas; encuentra la ducha, sus piernas se alejan. Sabe que el peso se aligera y le aterra no poder pintarla más. Blusa de lienzo rasgada y su sombra no se proyecta igual. Nada es parecido, ya sabe distinguir de la terquedad todo lo que no le pertenece. La putrefacción ha tocado su aliento.


EL AGUA CUENTA MI TIEMPO y el miedo sigue tus pasos. No hay lugar sin orar las horas. Tus ojos se apoyan como los míos cuando despierto. Suaves o violentos pasos, no hay juicio merecido. He citado el sudor para respaldarme.


¿POR QUÉ LOS ÁRBOLES ESTÁN HECHOS DE PALABRAS? La causa debe estar en la tierra que los nutre, sábana blanca, muerta. Cierra los ojos bajo el llanto y cempasúchiles, sólo entonces reconoces todo. Te haces gusano, mil gusanos. Revives para morir de nuevo en la tierra, en el barro que no perdona ni olvida. No es, sin embargo, un coro sin más. Las raíces no impiden la caída de los árboles ante cualquier viento: no las raíces sino anhelos idos, meros soles en cuanto a la podredumbre de la vida. Certezas y palabras, hojas y memoria, son hijos favoritos del dios-hoyo, última negación humana, toque de queda para amantes, sueños fumados.


ME TEMO que el principio fue siempre alcohol, pájaro muerto. Cola de chora, tu allá, ajena al movimiento. Dormir y cerrar los ojos son signos distintos, imposible compartirlos. Las gotas de llanto son más secas que aquel que las enjuga. Este principio es andar de topos, con todo y tractores para temer. En ti y en mí las hojas no pasan; aparece el rollo Pétalo que derrama el sanjón. Cauces cruzados, vidas fortuitas para perderse.


PRIMERA VEZ QUE ESTUVE AJENO, sin contar días ni lágrimas. Oraciones ocupadas en alcanzar a Menocchio, colgado en gusanos voladores como sogas. ¿La paternidad tendrá sabor a queso? Solo, sin intenciones claras, me vi acompañado. Es cierto que ya me había ido cuando el torito encendido aún corría; de sus restos sólo multitudes saben platicar.


UNA VEZ EL ROSTRO DEL CIELO (que no evita arrugas para las horas) tomó decisiones importantes. El camino a recorrer desde inocentes besos hasta la revuelta de sentidos no es inabarcable: dos pasos bastan en su muerte: uno de día y otro llegando a casa. Todo giro se vuelve al Sol; al Sol oculta para reconocernos cuando seamos viejos. No hay traiciones, las huellas habitan huecos. Sostiene la tierra el movimiento de las almas, el encuentro y desazón de cuerpos. Espíritus, bebidas flamables para todas las fiestas; amigos, ceños liberados sin problema de faltas.


LLEGAS A MI DESPERTAR: una risa grotesca llena la cabeza invertida. Dominar los poros y la piel antes de la traición; adelantar los escudos sin más flechas que gestos. Eres lo que planeo para evitar la derrota, el orgullo encontrado. Este pasado extraño, con sabor a cigarro desesperante, se toma ahora con hechuras de memoria. Sensible poder el finito control.


NI DESPIERTA, NI DORMIDA: hablaste soñando. Buscaba en tu cadera, bajo túnica rehecha, un síntoma de reivindicación. La rueda mecánica cumple su vuelta, se descompone. Miras cuando te beso y sé entre las pestañas que me reconoces al fin. La trascendencia cortada regresa a mi, después de confesarse la ternura que me afecta, tan ajena a la noche de Garibaldi. Fracaso despiadado revelado como un silencio arrogante, cuyo peso me puedo tragar para vomitarlo, completadas las manecillas sobre la galaxia de basuras pragmáticas.


CUCHILLOS A LAS HERIDAS, medicina absurda de efectivo temor. Es cierto, mi excusa son los ciclos a cerrar. Labios que no saben a ti son la caja rápida para gastar la eliminación. Adquiero mayor certeza de tus ojos, que engloban lugares sin caminos. Vivir aires es conocer que soy a ti, que el campo se cruza y que nos miran los volcanes que rodean nuestra casa.


11:07 PM
Te veo sonreír desde el Mololoa;
después viene la corriente.
Soy fiel al culto público y personal de tu corazón,
sé que aún late y lo alcanzo arrodillado.
Hoy, más que nunca,                    la distancia:
tu pecho cubierto y mi boca de curiosidad pescada.
Nunca había notado las obsidianas de tus uñas:
arrancan el alma para lanzarla al cauce.
Juré fidelidad, hoy cumplo mojado.
Tu corazón río abajo,



más abajo del horizonte,
café y grana como los sueños adolescentes.
Río vuelto corazón, corazón hecho agua.
¿Dudas que pueda traer el destino a un altar?


11:45 PM
Habitar lenguas diversas es hazaña:
pocos espacios como el nuestro.
La tinta nada con saliva,
de la garganta al olvido.
Las cebras del paladar despiertan para huir;
manada al corazón,
enorme refugio del abandono.
Espera, melodioso terremoto la calma,
el pacífico mar de no saber.
Luz sin provecho,
inmisericorde adiós la estrangula.
Enemigos de la voz,
se abre la diplomacia entre nosotros;
caemos en señales de arriba y de abajo,
                                                          a la vez.
Todo llanto es mostrado en el shofar,
no para que el universo lo vomite,
sino para conmover mis entrañas.
Las toxinas lo advierten.
Comunicación terminada.


11:57 PM
El mejor cuadro del museo se titula:
“Picasso era un buen boyler”.
Mientras lo admira,
no duda que la clave del genio está en el piloto,
en mantenerlo callado.
Se agacha, vuela y se dobla,
analiza la obra desde cualquier cantidad de espíritus.
¿En dónde estuvo el error?
Lo había imitado al extremo de la realidad virtual,
pero el fracaso siempre vestía smoking.
Presta atención a un guía:
“obra de infinita ternura hecha con pinceles violentos”;
los turistas gringos exclaman,
se retuercen y suspiran. Siempre es lo mismo,
motivadores de objetos factibles de animación.
Él no es así. ¡No señor!
Su juicio es elevado,
aunque hoy juegue el papel de fanático vencido,
loser de la imagen.
Anuncio nocturno en el periódico:
“EXPOSICIÓN DE RECUERDO CONOCIDOS”.
Atento al arte de la crítica,
decide visitar el museo una vez más.


12:00:01 AM

1
Lluvia que resbala por la hoja:
más allá del tiempo,
tres soles quemándose por no desear su lugar.

2
Entre la lluvia temprana y la tardía:
hubo en el tiempo tres soles que,
al no desear su lugar,
se apagaron,
quemándose.


SABER QUE SABES es la última hinchazón neural cuando apareces, limpiando con tersa manera imponentes reflejos, vasos de asfixia. Arrullo en las palabras, mirar la cuna-fin, de ordinario caricias olvidar en las manos. Ciencia de contar sueños múltiples con baba despierta, ida, augurada en vocales rumorosas como estrellas, de saber la savia.