El premio Nobel de Literatura José Saramago realizó durante la
segunda mitad de junio una gira por Cuba, El Salvador y Costa Rica, países en
los que alternó con estudiantes e intelectuales.
En su visita a Cuba, iniciada el 19 de junio, se
destacó su posición crítica ante el gobierno de ese país, presidido desde
1959 por su amigo Fidel Castro. Con excepción de su primera intervención
pública en la Universidad de
La Habana, el tema político estuvo ausente de su
agenda.
Acompañado siempre por su esposa Pilar del Río y
por el ministro de Cultura, Abel Prieto, el Nobel respondía a la invitación
oficial luego de criticar, en una carta abierta, el arresto de 75 disidentes y
la ejecución de tres secuestradores de una lancha de pasajeros. La única
referencia a aquella postura la hizo en la conferencia pronunciada en la
Universidad. “Soy amigo de Cuba en cualquier circunstancia y lo he sido
siempre. (...) Pero, como a los amigos, siempre le diré lo que pienso”.
Saramago, de 82 años, protagonizó también un
encuentro en el Centro de Formación Literaria con jóvenes narradores. Luego,
en la Casa de
las Américas, citó su retorno a la filosofía y
reivindicó que “el privilegio del ser humano, dotado de instrumentos
analíticos y un cerebro que le permite discernir, discutir, analizar, es lo que
puede darle sentido a la vida y resolver los problemas que impiden a millones de
otros seres humanos pensar y vivir”.
El domingo 20, Saramago llegó a El Salvador para
recibir el doctorado honoris causa de la Universidad
de El Salvador “por su legado mediante la palabra,
la imaginación y la esperanza”. En la noche participó en una cena con un
grupo de escritores salvadoreños invitados por el Grupo Santillana entre los
que se encontraban Manlio Argueta, David Escobar, Geovani Galeas y Álvaro
Darío Lara.
Saramago estuvo también en una conferencia de
prensa en el Museo de Arte Moderno (Marte) y en el conversatorio “De la
ceguera a la lucidez”, en el hotel Presidente, donde estuvo acompañado por el
periodista Mauricio Funes y el académico Ricardo Roque Baldovinos.
El 22, el escritor participó en la inauguración de
la VIII Feria Internacional del Libro en Costa Rica, que en esta ocasión estuvo
dedicada a Guatemala. Otros autores que participaron en el evento fueron el
chileno Jorge Edwards, ganador del premio Cervantes 1999 y las argentinas Ema
Wolf y Graciela Montes, recientes galardonadas con el premio Alfaguara de
novela.
Saramago recibió otro doctorado honoris causa por
parte de la Universidad
Nacional (UNA) en virtud de la “visión crítica que
inspira” al literato ya que “a la par de saber contar historias llenas de
fertilidad imaginativa... son verdaderas alegorías de la condición humana
actual”, según expresó Sonia Mora, rectora de la casa de estudios.
Tras recibir el reconocimiento, Saramago agradeció
el premio y emitió unas palabras en las que aseguró que El evangelio según
Jesucristo, publicado en el año 2000, marcó un “antes y un después”
en sus creaciones literarias. Ejemplificó con una metáfora que, antes de
escribir esa obra, “miraba la escultura superficialmente y de manera un poco
incompleta”. Después de El evangelio según Jesucristo “veo la
piedra, lo profundo”, manifestó el autor.
El escritor también hizo alusión a los Tratado de
Libre Comercio (TLC) que Estados Unidos negocia o ha negociado con varios
países latinoamericanos, incluidos los de Centroamérica. “El TLC es el arma
de Estados Unidos que faltaba para dominar Latinoamérica. En dos o tres
generaciones ya no se podrá seguir el propio destino”, manifestó.
Saramago publicará su nueva novela, As
intermitencias da morte, simultáneamente en Portugal, España, Brasil,
Argentina, México e Italia. El libro será lanzado en una edición de 100.000
ejemplares.