Desde el mes de junio, la viuda y el hijo mayor de Rafael Montesinos vienen trabajando en el inventario del archivo personal de este poeta sevillano, cuyas cenizas reposan desde mayo en el cementerio de su ciudad natal, después de haber fallecido el pasado 4 de marzo, a los 84 años de edad, en Madrid.
El volumen de escritos, libros y textos es tan extenso como diverso en contenidos, conservándose todos los fondos en su totalidad y bajo el control de la familia, de manera que conforma un corpus documental completo y sin dispersión. Rafael Montesinos Calvo, hijo del poeta, estima que la catalogación podría estar terminada en el plazo de un año y medio o dos, para lo que están contando además con el asesoramiento de expertos en la materia.
Hasta entonces, se abre un amplio campo de trabajo en el que ya comienzan a perfilarse algunos de sus apartados más significativos. Entre ellos destaca un epistolario literario, en el que todavía no se ha comenzado a indagar, así como numerosos libros dedicados a autores y una importante sección de escritos sobre Gustavo Adolfo Bécquer, poeta por el que Rafael Montesinos sintió una profunda devoción y en el que centró un buen número de estudios como el titulado Bécquer, biografía e imagen (1977), que le valió el Premio Nacional de Ensayo y que ha sido reeditado recientemente por la Fundación José Manuel Lara.
En un primer muestreo de su archivo personal se han podido localizar textos inéditos sobre el autor de las Rimas; de hecho, en La semana pasada murió Bécquer ya se anunciaba una antología de ensayos becquerianos, sin olvidar que Jorge Guillén, antes de fallecer, entregó a Montesinos su archivo sobre el poeta.
El hijo mayor del autor de El tiempo en nuestros brazos resalta entre el nutrido fondo documental que ha aparecido como inédito los poemas que su padre nunca llegó a publicar y, sobre todo, el poemario Alzado en almas, cuyo contenido se centra en Sevilla y Andalucía. En lo que respecta al epistolario que ha permanecido también inédito, destacan cartas a Pablo García Baena, Ricardo Molina o al mismo Rafael Alberti, poeta que Montesinos publicó por primera vez en la España franquista.
Las memorias de infancia y juventud engrosan la lista de textos no publicados por el autor, aunque con toda probabilidad se darán a conocer algunos de ellos en un próximo homenaje que el Ateneo de Madrid va a tributar a su figura, teniéndose previsto que todos estos escritos puedan ver la luz en un futuro como complemento de Los años irreparables. Entre otras curiosidades cabría señalar además tres libros infantiles que el escritor sevillano no llegó a publicar como Polín y el tren que crecía, Príncipes, brujas y todo lo demás. Diccionario de palabras mágicas, del que sólo se editó un tomo ilustrado en los años 70, y El viaje de los magos y otras historias de aquellos tiempos.
La intención de la familia es que todo este material documental, y el que vaya apareciendo próximamente en el curso de las labores de catalogación, al igual que su biblioteca personal, sean cedidos a la Casa de los Poetas de Sevilla que, como es sabido, tendrá su sede en el Convento de Santa Clara y en el que se baraja la posibilidad de dedicar una sala a este reconocido autor. Por encima de todo, su hijo Rafael resalta la necesidad de llegar a un trato de cesión con las autoridades municipales de forma que su padre “no se convierta en moneda política, sino que quede claro que siempre ha sido de todos los sevillanos”.
Poeta de la primera generación de la posguerra, Rafael Montesinos —que vivió la mayor parte de su vida en Madrid, lo que no le impidió tener siempre muy presente la ciudad que le vio nacer— dirigió durante más de media década la denominada Tertulia Literaria Hispanoamericana, la más antigua de España y que ha llegado hasta nuestros días como uno de los foros más importantes entre los de su género. Tanto que el volumen documental que ha atesorado a lo largo de todos estos años, incluso de material inédito, va a permanecer en Madrid ya que la Tertulia sigue adelante con su actividad.
La labor de inventario que actualmente llevan a cabo los familiares del poeta, pese a estar sacando a la luz una considerable cantidad de documentos no publicados, no está deparando grandes sorpresas pues, según comenta su hijo Rafael, “todo está muy en su línea, no nos descubre nada nuevo sino que amplía su horizonte con la misma calidad y coherencia, profundizando más en su prosa y poesía”.
Buena prueba de ello podría ser La vanidad de la ceniza, el poemario póstumo de Montesinos, publicado por Ediciones Vitruvio, en el que se recogen cuarenta composiciones poéticas escritas por el autor en sus últimos diez años. Ya en su día, Pablo Méndez, director de la citada editorial, resaltaba de su contenido las poesías “completamente inéditas” que incorpora así como el hecho de que, aunque aborda temas muy diferentes, “Andalucía, y sobre todo Sevilla, está presente en el corazón de todas ellas”.
Fuente: ABC