2666, la novela póstuma del escritor chileno Roberto Bolaño, fallecido en 2003 en España, fue galardonada el pasado 7 de julio en Santiago de Chile con el Premio Municipal de Literatura, tras la decisión unánime de un jurado compuesto por Poli Délano, Alejandro Zambra y Luz Ángela Martínez, quienes además concedieron una mención honrosa a La burla del tiempo, de Mauricio Electorat.
Los demás ganadores del Premio Municipal de Santiago 2005 fueron Pretérito presente, de Carlos Iturra, en la categoría cuento; Historia general de Chile II (Los Césares perdidos), de Alfredo Jocelyn-Holt, en ensayo, y Libro de Atanasio Beley, de N. Miquea Salas, en poesía. Además, este año se incorporó por primera vez el premio a la narrativa infantil, que recayó en Amarilis, de Ana María del Río.
El Premio Municipal de Santiago de Chile, que el año pasado fue obtenido por El baile de la victoria, de Antonio Skármeta, está dotado de dos millones de pesos, y será entregado a finales de este mes.
Bolaño murió el 15 de julio de 2003 mientras esperaba un trasplante de hígado en un hospital de Barcelona, pero continúa siendo el foco de diversas polémicas. A raíz de la concesión del premio, y durante el ciclo literario “Lugares como canciones: creación catalana en Chile”, que se desarrolló entre el 6 y el 17 de julio en la Biblioteca Nacional de Chile con apoyo del Institut Ramon Llull, la crítica literaria Patricia Espinosa descargó una andanada contra las políticas del ministerio de Cultura chileno, causantes, a su juicio, de que mientras la obra de Bolaño gana reconocimiento mundial, en Chile es todavía una figura marginal.
La crítica acusó al ministro José Weinstein, presente en el acto, de incumplir sus promesas respecto a la figura del escritor y, en ese contexto, agradeció al Institut Ramon Llull por dar a los chilenos la posibilidad de conocer mejor a uno de los mejores exponentes de su literatura en las últimas décadas.
En el homenaje a Bolaño participaron los escritores catalanes Ana María Moix, Ponc Puigdevall y Antonio Travería, el chileno Roberto Brodsky y el actor Julio Jung, ex agregado cultural del consulado chileno en Barcelona. El editor Jorge Herralde, cuya presencia se había anunciado, envió un saludo, lo mismo que el escritor chileno Pablo Simonetti.
Roberto Brodsky discrepó de Espinosa, al considerar “peligroso” que sea el Estado quien difunda la obra de los escritores. “No es ese el papel del Estado, ni es el objetivo del escritor ser acogido por el Estado”, subrayó Brodsky, quien sí estuvo de acuerdo con una tesis presentada por Espinosa sobre el proceso formativo del “discurso político e ideológico” de Bolaño.
La tesis se basa en el “Manifiesto infrarrealista” con el que Bolaño y un grupo de poetas mexicanos dieron origen al movimiento literario de ese nombre en 1975. Los firmantes del manifiesto son el núcleo protagonista de la novela Los detectives salvajes, que le valió al autor chileno los premios Herralde y Rómulo Gallegos. Tras precisar que el infrarrealismo fue creado por el pintor chileno Roberto Matta cuando André Breton lo expulsó del surrealismo, Espinosa sostiene que Bolaño pretendió una vuelta al “arte-vida”.
Los participantes pusieron de relieve los nexos literarios entre Chile y Cataluña, reflejados en los largos períodos de residencia que tuvieron en Barcelona José Donoso, Jorge Edwards, Mauricio Wásquez (fallecido el año pasado) y el propio Bolaño, que vivió veinte años en la localidad de Blanes.
También realzaron su obra, subrayando que antes de su muerte, el autor de Los detectives salvajes, Putas asesinas, Nocturno de Chile y Amuleto, entre otras obras, ya era considerado uno de los más grandes escritores latinoamericanos de las últimas décadas y después, con 2666, pasó a ser un clásico de nuestra época.
Puigdevall puso de relieve que, en esencia, la literatura es la protagonista esencial de toda la obra de Bolaño, para quien “vivir era escribir y escribir era vivir”.
A pesar de la distancia, Bolaño solía intervenir en debates culturales chilenos. La entrega, años atrás, del Premio Nacional de Literatura lo encontró lanzando dardos contra Isabel Allende y Luis Sepúlveda. De la primera dijo que era “una tonta”. Sobre Sepúlveda apuntó que su literatura vendía porque era “digerible”.
En el marco del homenaje al extinto escritor, la prensa entrevistó a su madre, Victoria Ávalos. “Siempre aparece como si fuera un hombre que no tiene a nadie, pero quiero que se sepa que su familia lo recuerda”, dijo. Ella lo recordó como un niño “muy alegre, divertido”, un lector voraz de Superman y El Llanero Solitario, alguien que fue “muy amigo de sus amigos, una especie de Robin Hood que siempre andaba regalando cosas”.
Fuentes: EFE,Terra Actualidad,La Segunda,El Informador