En Primero sueño la relación entre sueño y conocimiento ocupa un lugar determinante en la mecánica del poema. El marco en el cual se encierra este desarrollo temático es un esquema dialéctico que oscila entre los polos antitéticos de ascenso y caída. Para discutir este planteamiento, que consideramos fundamental en la concepción y poética del texto, en las siguientes líneas nos centraremos básicamente en las imágenes usadas por la autora que ejemplifican este proceso de oposiciones, dando énfasis a las que propongan una división espacial del tipo arriba/abajo.
Antes de analizar el poema, lo que primero llama la atención es la manera como Sor Juana construye su universo textual, la forma como dispone los elementos literarios para elaborar una armazón sólida y coherente en sí misma. Esto lleva directamente a preguntarse cuáles fueron los modelos que sirvieron de base a la autora para escribir un poema que casi no tiene comparación dentro del espectro de la lírica hispanoamericana barroca. Y la respuesta no es para nada un asunto velado o desconocido. Se sabe que desde la edición del padre Calleja hay una referencia explicita a Góngora como modelo literario en la escritura de El sueño. Los intereses de nuestra aproximación crítica no son, sin embargo, discutir en qué medida el poema de la monja mexicana se asemeja o copia el texto gongorino, sino solamente mencionar que Sor Juana está utilizando el recurso retórico de la imitatio para elaborar un poema de contenido filosófico que tiene como subtexto el celebrado poema de Góngora. Ahora bien, estamos tomando la acepción de imitación en el sentido de adaptar un modelo a las propias necesidades expresivas del nuevo poeta, y no como simple copia o plagio. El poema de Sor Juana tiene méritos suficientes para ser considerado una obra de arte de naturaleza independiente, aún cuando dialogue de manera explícita con su predecesor español.
La primera cuestión que queremos discutir es el estatuto del texto. Primero sueño es un poema filosófico que, lejos de intentar una aproximación teórica o sistemática sobre la materia poetizada, propone una reflexión poética acerca de los límites del conocimiento humano. Al decir que el carácter del poema es filosófico, estamos afirmando su naturaleza intelectual; pero, al enfatizar este rasgo, no cuestionamos su carácter literario. Primero sueño es un texto literario —poético—, en la medida en que el hablante lírico no se propone postular una hipótesis ni, mucho menos, demostrarla. Esa labor sería la concerniente al discurso filosófico. Tal vez se puede cuestionar este punto y decir que el poema en el fondo propone una tesis a ser desarrollada, pero a nuestro parecer la autora no demuestra, sino que, por el contrario muestra en el espacio del texto las vicisitudes del alma humana en su afán por conocer la composición del universo. La reflexión de Sor Juana es un intento totalizador que no se circunscribe al espacio de la razón, sino que se abre hacia territorios que abarcan tanto el conocimiento como la fe, lo racional y lo intuitivo, el decir y el callar. Acerca de la naturaleza del poema, consideremos la acertada afirmación de José Pascual Buxó: “El Sueño de Sor Juana Inés de la Cruz es un poema filosófico; más aun, un poema epistemológico, toda vez que su tema central es precisamente la indagación de la naturaleza del conocimiento humano y de sus modos de intelección (“Sor Juana en una nuez”). En este sentido, lo que apoya la afirmación del carácter estrictamente literario del poema es el hecho de que el vehículo utilizado por la autora para acceder al conocimiento es el sueño, y no el discurso racional. Entonces se hace necesario enfocar de manera más precisa el sentido del término. Hablar del sueño como vía de conocimiento es dotar a este proceso inconsciente de un poder intelectivo-racional. He aquí una acepción que difiere notablemente con el sentido más extendido y aceptado del término. El sueño, en Sor Juana, no aparece únicamente como producto onírico ni como fuente de imágenes irracionales, sino como estado propiciatorio para la aventura intelectual; como ámbito de apertura hacia la clasificación y definición del objeto por conocer. Estamos frente a una nueva dimensión del término aludido, y ésta no lo presenta simplemente como producto, sino como medio. Lo importante del poema es que pone énfasis en el carácter ascendente del acto cognoscitivo. El hecho de colocar al sueño como vehículo de ascenso hacia el conocimiento puede ser reflejo de la idea de que es durante este proceso donde se manifiestan los mecanismos de ascenso hacia lo elevado. Y es que, en Sor Juana, la ruta a emprender es una oscilación entre el reposo y la fuga, un vaivén donde la fuerza vectora se despliega hacia la luminosidad de las cornisas inalcanzables. Este proceso de elevación es discutido por la mayoría de críticos del poema. Creemos interesante citar la afirmación de Jacqueline Nanfito sobre este punto:
El esquema fundamental de la estructura simbólica en El sueño es el ascenso obstinado a través del elemento del aire. Esta predilección por el dinámico elemento aéreo es la expresión directa, concreta de la filosofía del individuo superior que ejercita su poder creativo con el fin de engendrar un espacio imaginativo en el cual los individuos marginados, invisibles ejercitan el derecho y la libertad de forjar sus propios destinos. (60)1
En este punto del ensayo se hace necesario aclarar que el recurso del sueño era un tópico en la época de Sor Juana, ya que correspondía a una larga tradición literaria. Pero es en la literatura didáctica de la Edad Media donde se utiliza con mayor frecuencia. Esta referencia sirve sólo como marco general para ubicar el texto que analizamos, ya que en Sor Juana la temática se desvía hacia otros rumbos. Sin embargo, una filiación que sí es importante es la referente a la filosofía neoplatónica y el Corpus Hermeticum. La relación la apunta Buxó haciendo referencia al nexo entre el ser humano y el cosmos —el principio de analogía de Hermes Trismegisto—, el cual puede notarse en el poema. Por ello, hay una relación directa entre el macrocosmos (universo) y el microcosmos (hombre). Octavio Paz discute un aspecto distinto con respecto al tema del neoplatonismo en Sor Juana al afirmar que lo importante es que la poeta mexicana produce una ruptura de la tradición. Paz sintetiza este proceso en estas palabras: “En Sor Juana no hay demiurgo ni revelación” (482). Ambos puntos de quiebre (la inexistencia del guía espiritual que conducía el proceso de contemplación del sujeto en los sueños de anábasis y la falta de una enseñanza revelada), son de vital importancia para el sentido del texto porque nos proponen una visión desde la perspectiva humana del asunto. En los “sueños de anábasis”, se relata el viaje del alma por las esferas supralunares. Paz cree que Sor Juana produce un quiebre con la tradición neoplatónica y dice que en su poema no hay viaje ni, tampoco, se propone una visión o revelación. Citamos para posicionar esta hipótesis: “Esa ruptura espiritual es de extrema gravedad pues implica un cambio absoluto en las relaciones de la criatura humana con el más allá. El alma se ha quedado sola: se han desvanecido, disueltos por los poderes analíticos, los intermediarios sobrenaturales y los mensajeros celestes que nos comunican con los mundos de allá (482). Creemos que, definitivamente, la critica de Paz podría matizarse un poco ya que no puede hablarse de que en Primero sueño existe un viaje del alma solitaria por las esferas espaciales. Tampoco puede decirse que no existe viaje. Lo que hay, en nuestra opinión, es un proceso de expansión de la imaginación del sujeto por medio del acto onírico. Esta afirmación es capital para precisar el objetivo del poema: la búsqueda del conocimiento es un camino que se inicia en la soledad de la conciencia —o del intelecto—, y apunta hacia la codificación del absoluto; aunque, en el caso analizado, este camino tienda al fracaso.
Dentro del mecanismo ascendente del alma, planteado en el texto, es necesario incidir en el aspecto dialéctico dentro del cual se mueve. Así, podemos hablar de campos semánticos escindidos y, a veces, irreconciliables. Por esto, los universos creados a partir de los pares de opuestos: día/noche, cuerpo/alma, ascenso/caída, conocimiento/desengaño, se ubican en desarrollos antitéticos a lo largo del poema. Lo que va a unificar los polos de las oposiciones creadas es la concepción espacial del texto, la disposición del espacio como un universo propicio para la creación de redes de sentido que se oponen a cada momento. El tema del espacio como lugar de concurrencia de elementos disímiles es bien trabajado por Nanfito:
La forma espacial conlleva a la tematización del espacio, al tratamiento formal del espacio como una imagen metafórica, un ícono verbal, y puede ser observada en la abundancia de imágenes verticales, en particular aquellas de naturaleza aérea ascencional, cuya función es amplificar y dinamizar el espacio poético; revelando, con esto, las correspondencias ocultas en el universo y haciéndolas visibles a los ojos del intelecto. (39)
De esto podemos afirmar que la mecánica general del poema se sustenta en una constante aparición y desaparición de los campos semánticos aludidos. Este universo fragmentado en opuestos está manejado por un hablante despersonalizado. En el poema no hay una referencia explícita a un yo lírico; excepto en el último verso. Este recurso lleva a Silvia Pellarolo a proponer un “hablante no monolítico, sino multifacético y plural, cruzado por grietas a través de las cuales se cuelan sus más íntimos deseos y temores, sus filiaciones y disidencias” (46). Esta posición descentrada del emisor le permite acceder a una pluralidad —ubicuidad— de puntos de vista, es decir, le permite colocarse desde la posición de quien asciende en procura del saber, o desde la frustración de la que cae en el intento.
Pasemos ahora al contenido propio del texto. El poema se inicia con una imagen vertical pero que connota una valoración negativa (perfecto ejemplo que apoya la hipótesis de que en el poema se establecen mecanismos de oposición dialéctica): la pirámide sombría producida por la noche pretende apoderarse del espacio y escalar las esferas:
Piramidal, funesta, de la tierra
nacida sombra, al Cielo encaminaba
de vanos obeliscos punta altiva,
escalar pretendiendo las estrellas; (1-4)
Este mecanismo ascendente de la pirámide de sombra de la noche marca el inicio del proceso cognoscitivo y del sueño como vía para canalizarlo. El ambiente que predomina es el silencio y la anulación de todo movimiento y rumor. Las referencias a este estado de recogimiento son explícitas: “Harpócrates” (dios del silencio en la mitología egipcia), los “dormidos siempre mudos peces” y, más aun: “El sueño todo, en fin, lo poseía / todo, en fin, el silencio lo ocupaba” (147-48). Así, el ambiente es propicio para iniciar la ruta planeada por el sujeto; pero, para esto es necesario liberarse de las ataduras corporales que limitan al alma. El neoplatonismo es evidente: la fusión alma/materia producida en la vigilia, se anula en el momento del sueño, siendo esto un paso imprescindible para acceder a las esencias inmutables. El alma se encuentra “suspensa”, es decir, libre de cualquier atadura a alguna entidad que no sea su propia voluntad de liberación y ascenso:
El Alma, pues, suspensa
del exterior gobierno, en que ocupada
en material empleo,
o bien o mal da el día por gastado, (192-195)
Además, es necesario precisar que el conocimiento que se propone el sujeto poético es el de aprehender la primera causa. Así, queremos enfocar el hecho de que el conocimiento que el alma se ha propuesto es totalizador ya que abarca todo lo creado. Creemos que es, de esta manera, un proceso de base contemplativa. Dos opiniones nos sirven para clarificar este punto. En primer lugar la de Emilio Carrilla: “La ciencia de Sor Juana es, claro está, Teología en su sentido amplio, y de acuerdo a la concepción de la época en estas regiones. Ciencia que la autora mexicana pone —sin desviaciones ni agregados extraordinarios— al alcance de su poesía” (297-298). La segunda afirmación es de Paz: “El alma de Primero sueño no aspira a unirse a Dios como persona sino que quiere, a la manera platónica, conocerlo y contemplarlo como Alto Ser y Primera Causa” (492). He aquí dos datos importantes para reforzar el carácter intelectual del poema: el hecho del distanciamiento objetivo que se produce entre el sujeto cognoscente y el objeto de conocimiento. No la fusión de ambos, antes bien distanciamiento y conceptualización. No podría ser otro el resultado de la empresa emprendida por Sor Juana ya que el yo lírico está desprovisto de cualquier ligazón al mundo concreto y “vuela” libre hacia la búsqueda del entendimiento supremo.
Por otro lado, el poema insiste en el deslinde de las categorías alma y cuerpo. Este último es visto con negatividad mientras que el otro término adquiere una carga de valoración positiva:
y al alma las mostraba;
la cual, en tanto, toda convertida
a su inmaterial ser y esencia bella,
aquella contemplaba,
participada de alto ser, centella
que con similitud en sí gozaba;
y juzgándose casi dividida
de aquella que impedida
siempre la tiene, corporal cadena
que grosera embaraza y torpe mide
el vuelo intelectual con que, ya mide
la cantidad inmensa de la Esfera, (291-302)
En la proyección de su viaje por las esferas superiores, el alma se encuentra rodeada de imágenes que proponen un vertiginoso ascenso. Decimos proyección ya que no puede hablarse de un viaje concreto sino sólo de un proceso de ascenso que sucede al nivel de la mente del sujeto. De allí que la afirmación de Paz que citamos anteriormente podría reformularse y decir que en Primero sueño sí existe viaje, pero éste es de carácter imaginario. Así, surgen los símbolos de las pirámides y el ascenso hacia lo alto. Para esto, el alma inicia su búsqueda intelectual mediante los dos métodos conocidos: el intuitivo y el discursivo (categorías). El alma, suspendida en su “mental Pirámide elevada”, se lanza a contemplar la vastedad de lo creado. Se ha trazado la titánica empresa de conocer la totalidad de lo que el universo se compone:
la vista perspicaz, libre de antojos,
de sus intelectuales, bellos ojos,
sin que distancia tema,
ni de obstáculo opaco se recele,
de que interpuesto algún objeto cele,
libre tendió por todo lo criado; (440-445)
Este pasaje es el detonante del primer fracaso o de la primera caída en el poema. La aprehensión de la totalidad es imposible, al menos cuando sólo se cuenta con medios puramente humanos para lograrla. El alma, entonces, “retrocedió cobarde”. Y aquí es donde entra en juego una de las imágenes claves del poema: Ícaro. La imagen del joven hijo de Dédalo tiene en este texto una fuerte carga moral. El castigo —la muerte de Ícaro—, es producido como reacción ante su desobediencia. Ovidio relata así el pasaje: “Te advierto, Ícaro, que debes volar a media altura, para evitar que las olas recarguen tus alas si vas demasiado bajo, y que el calor las queme si vas demasiado alto. Vuela entre mar y cielo” (VIII, 203-206). A este respecto, nos parece interesante el planteamiento de Kristine Ibsen, quien revela que las figuras mitológicas usadas por Sor Juana son modelos de trasgresión moral. Ícaro representa, de esta manera, el castigo a la soberbia del intelecto por pretender abarcar más allá de sus límites:
el confiado, antes atrevido
y ya llorado ensayo,
necia experiencia que costosa tanto
fue, que Ícaro ya su propio llanto
lo anegó enternecido,
como el entendimiento, aquí vencido, (464-469)
Afirma Ibsen: “Ícaro, que ingenuamente intenta acercarse al sol, representa, para la poeta, el fracaso de la intuición” (77). Creemos que, en el caso de Ícaro, la acción del vuelo no está respaldada por una conciencia lúcidamente moral; antes bien, se limita a patrones que lindan con el desacato y el desorden. Eso dicho, si pensamos el sueño en términos de vuelo, nos remitimos a la transmutación del soñador con el elemento que sirve para su desplazamiento: el aire. Si trasladamos estos términos al poema de Sor Juana, nos damos con el caso de que el alma busca la vía intelectual por ese mismo camino: consustanciarse con la totalidad de lo creado (el motivo de su sueño). Sor Juana describe el resultado de este primer fracaso del alma en términos de un naufragio, muy semejante a aquel desastre marino que llevó al peregrino de las Soledades hacia la cabaña de los cabreros. Citamos esta imagen sólo porque es interesante ver cómo Sor Juana no sólo utiliza los recursos estilísticos gongorinos, sino que también algunas imágenes y conceptos. El alma, entonces, se ve envuelta en el naufragio que sucede a su deseo de conocer la totalidad del universo:
Las velas, en efecto, recogidas,
que fió inadvertidas
traidor al mar, al viento ventilante
—buscando, desatento,
al mar fidelidad, constancia al viento—,
mal le hizo de su grado
en la mental orilla
dar fondo, destrozado,
al timón roto, a la quebrada entena
besando arena a arena
de la playa el bajel, astilla a astilla (560-570)
Ya dijimos que, ante el fracaso del primer método, el alma se propone conocer los objetos por la vía discursiva, separando lo existente en las diez categorías propuestas por Aristóteles:
que, en su operación misma reportado,
más juzgó conveniente
a singular asunto reducirse
o, separadamente,
una por una discurrir las cosas
que vienen a ceñirse
en las que artificiosas
dos veces cinco son Categorías; (575-582)
Pero este método también es inútil y la vía cognoscitiva fracasa nuevamente. El acto por el cual el entendimiento “haciendo escala, de un concepto / en otro va ascendiendo grado a grado”, no arriba a puerto —el alma se ha refugiado, entonces, en la mental orilla—, ya que es imposible conceptualizar siquiera el más ínfimo de los “efectos naturales”. Aquí se va cerrando el círculo del sentido del poema: el doble juego del fracaso del alma que busca la vía del mecanismo onírico como garante del conocimiento. En palabras de José Gaos, se expresa de esta manera: “Lo cierto es que el sueño es el sueño del fracaso de los dos y únicos métodos del pensamiento, del intuitivo y del discursivo” (64). Derrota absoluta que puede hacernos pensar en una salida escéptica; pero, más bien, lo que tenemos es un juego de imbricaciones dialécticas: ante el fracaso de la vía racional, lo que queda es una apertura hacia la fe. Desarrollaremos mejor esta idea al final.
Ahora estamos en el punto adecuado para hablar de otra imagen importante dentro de la mecánica de ascenso y caída que estamos discutiendo en este trabajo: Faetón:
y al ejemplar osado
del claro joven la atención volvía,
auriga altivo del ardiente Carro,
y él, si infeliz, bizarro
alto impulso el espíritu encendía,
donde el ámbito halla,
más que el temor ejemplos de escarmiento,
abiertas sendas al atrevimiento
que una vez ya trilladas, no hay castigo
que intento baste a renovar segundo;
segunda ambición, digo; (785-795)
El ejemplo de Faetón sirve como escarmiento moral para todo aquel que se trace metas que rebasen su dominio. Sin embargo, afirma Ibsen: “Sor Juana parece tener cierta admiración por su malogrado vuelo. Por un lado la poeta lo describe como un ejemplo ‘pernicioso’, un ejemplo, no obstante, que representa el ánimo de seguir esforzándose a pesar del fracaso” (77). Podemos decir, entonces, que el intento de este personaje mitológico comporta una dirección moral ya que el hijo de Apolo es consciente de su acto y, en consecuencia, su trasgresión se realiza a sabiendas del riesgo y el castigo a recibir. Faetón se atrevió a usurpar una función ajena a costa de su propia muerte. Esta reflexión es interesante en el sentido que pudo tener para Sor Juana. Creemos, con Ibsen, que ella sintió admiración por Faetón en el sentido de que al menos este joven se revela contra lo establecido a costa de recibir como única recompensa el fracaso. Creemos que la poeta mexicana exalta, por encima de todo, el hecho de la acción frente a la pasividad. Faetón se lanza en contra de lo establecido en un acto que revela una fuerte carga de deseo por expandir su propio horizonte de acción. Nuevamente nos parece acertado citar, en este punto, una afirmación de Nanfito:
En la referencia inicial a Ícaro en el poema (vv. 466-467), Sor Juana parece censurar al hijo mitológico de Dédalo, por no haber seguido el consejo de su padre, quien fabricó unas alas de cera para que su hijo escape del laberinto de Creta. Embelesado con el poder recientemente adquirido que las alas le proporcionaban, Ícaro se atrevió a volar demasiado alto y muy cerca al sol, un acto que tuvo como consecuencia su caída precipitosa en el océano. Como en el caso de Faetón, otra figura mitológica que ha simbolizado tradicionalmente la ambición ciega y la obstinación, el peligro del error no es el tema principal, sino el esfuerzo ejemplar para elevarse y trascender a uno mismo hacia las alturas de la fama eterna y la gloria. (34)
A manera de síntesis, afirmamos que Primero sueño se mueve en los dos niveles en los cuales se escinde el ser humano: el alma y la materia. El alma fabrica su sueño en el cual intenta acceder al conocimiento de lo creado, pero no se da cuenta de que cae presa en la telaraña de otro laberinto onírico: la ilusión de creerse libre, ingrávida, aérea. Por esto, el poema gira en torno a un fuerte mecanismo de ascenso y caída. Ascenso del alma durmiente y libre de ataduras corpóreas y caída de la misma ante los reclamos del organismo material. Al respecto dice Buxó: “Sor Juana fue particularmente sensible a los problemas del lenguaje analógico; esto es, a los fenómenos relativos a la concurrencia y compatibilidad de diversos sentidos en un mismo enunciado” (“Conocimiento”, 27), Este juego analógico lleva consigo a la confluencia de planos. Es decir, al rápido ascenso del alma le sigue la no menos vertiginosa caída; a la ingravidez del intelecto, la pétrea dimensión de la materia.
Consecuentemente, la cima hacia la cual se ha elevado Primero sueño casi no tiene igual en todo el ámbito de la poesía hispánica. Decimos esto en el sentido de que es raro encontrar en la literatura de nuestra lengua un poema que privilegie, sobre la fanopeya y la melopeya, la logopeya (para usar la clasificación de Ezra Pound). Esto no quiere decir que el poema, al acercarse a la codificación intelectual, deje de ser poesía para convertirse en discurso filosófico. Nada más lejos de la intención de su autora. Y es que la poesía tiene el privilegio de disfrazar discursos y adecuarlos a sus propios medios de expresión. Creemos que éste es el caso del texto analizado. Primero sueño puede parecer a primera vista un poema utilizado únicamente para representar un tipo de pensamiento o postura filosófica. Pero esta impresión se diluye cuando vamos discurriendo a través de sus versos. Ni rastros de lo que Alfonso Reyes llamaba literatura ancilar encontraremos en una lectura atenta. El hecho de que un poema esté dirigido a una decodificación más que todo intelectual no anula el goce pleno del mismo. Este poema, antes que un recuento de doctrinas o postulados teoréticos, nos plantea una disyuntiva que se hunde en lo más profundo de la emotividad (no del sentimentalismo), en las raíces de la sensibilidad que no tienen por qué ser anuladas por la carga intelectual del texto.
El ascenso y la caída en el poema sólo son reflejo de una disposición vertical del espacio en la conciencia de la autora. Estos dos términos son los polos opuestos de una línea que se divide en muchos momentos intermedios pero que alcanza sus picos límite en los extremos del espacio trazado, o dispuesto verticalmente. Así, podemos distinguir claramente cómo estos ejes vectores se relacionan con categorías tales como bien/mal o verdadero/falso. Es decir que, al polo elevado de la línea, le correspondería una clasificación positiva en la escala de valores correlativos, y viceversa. Esto lo decimos para dilucidar mejor el hecho de que todo ascenso es visto, en Sor Juana, como síntoma de elevación positiva. Incluso el vuelo de Faetón comporta un revestimiento que está lejos de ser negativo. Este personaje, a pesar del desacato inicial, representa, alegóricamente, el intento impostergable del alma por vencer las limitaciones de la espacialidad reducida exclusivamente al mundo material. Todo acto que tienda hacia la elevación tiene como correlato un nivel más profundo de concientización y aprendizaje. Conciencia de que los límites son concretos y de que el hecho de volar sin ataduras es sólo una ilusión que tiene como recompensa —en el sentido de aprendizaje intelectual y moral—, la contemplación del propio rostro envuelto en un espejo quebrado por la pesadumbre y el abandono. Pero esta experiencia de orfandad sólo puede producirse a nivel de un ámbito humano, ya que el fracaso actúa como una voz que recibe rápidamente el eco de su propia imagen, siempre que ésta se encuentre rodeada de montes imperecederos. Así, la certeza de la luz que percibimos en los versos finales del poema, esa batalla alegórica entre los últimos resquicios de la sombra y la inevitabilidad del día, sólo puede provenir de un alma que, a pesar de reconocerse débil; intuye, en sí misma, la posibilidad de la grandeza. Creemos que al final Sor Juana anula toda posibilidad exclusivamente humana en el campo del conocimiento de los misterios del universo. El campo racional está velado ya que estamos hechos de materia y es imposible traspasar, aunque sea en el sueño, nuestra propia condición limitada. Pero, por otro lado, se abre una incipiente ventana que filtra la luminosidad que es contraparte de las tinieblas. Por eso, la imagen final del sol emergiendo en el nuevo día tiene y debe tener una lectura alegórica. El alma ha reconocido y ha experimentado el fracaso de su intento cognoscitivo. Sin embargo, a la par que se le han cerrado las vías del intelecto se le han abierto las puertas imperecederas de la fe en donde ella buscará refugiarse a partir de este nuevo amanecer de la conciencia que ha aprendido la lección a partir de su propio fracaso. Como símbolo clave para la intención final del poema, remarcamos el hecho de que la presencia del sol es una imagen crística, religiosa, que se traduce en el Sol de Justicia y, por ende, en el campo de la fe:
Consiguió, al fin, la vista del ocaso
el fugitivo paso,
y —en su mismo despeño recobrada
esforzando el aliento en la ruina—
en la mitad del globo que ha dejado
el Sol desamparada,
segunda vez rebelde determina
mirarse coronada,
mientras nuestro Hemisferio la dorada
ilustraba del sol madeja hermosa,
que con luz judiciosa
de orden distributivo, repartiendo
a las cosas visibles sus colores
iba, y restituyendo
entera a los sentidos exteriores
su operación, quedando a luz más cierta
el mundo iluminado, y yo despierta. (959-975)
Notas
- Traducimos del inglés las citas del libro de Jacqueline Nanfito.
Obras citadas
- BUXO, José Pascual. “Sor Juana Inés de la Cruz en el conocimiento de su Sueño”. México: Universidad Autónoma de México, 1984.
- —. “Sor Juana egipciana (Aspectos neoplatónicos de El sueño)”.Mester 18.2 (otoño 1989): 1-17.
- —. “Sor Juana en una nuez”. Manuscrito, 1993.
- CARRILLA, Emilio. “Sor Juana: ciencia y poesía (sobre el Primero sueño)”. Revista de filología española 24 (1950): 287-307.
- GAOS, José. “El sueño de un sueño”. Historia mexicana 10 (1960-61): 54-71.
- GÓNGORA, Luis de. Soledades. Edición, introducción y notas de Robert James. Madrid: Clásicos Castalia, 1994.
- IBSEN, Kristine. “Un vuelo sin alas: Figuras míticas y El sueño de Sor Juana”. En: Mester 18.2 (otoño 1989): 73-81.
- Juana Inés de la Cruz. Obras completas. Tomo I: Lírica personal. Edición, prólogo y notas de Alfonso Méndez Plancarte. México: Fondo de Cultura Económica, 1976.
- NANFITO, Jacqueline. El sueño. Cartographies of knowledge and the self. New York: Peter Lang Publishing, 2000.
- OVIDIO. Metamorfosis. Trad. Antonio Ramírez de Verger. Madrid: Alianza Editorial, 1995.
- PAZ, Octavio. Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe. México: Fondo de Cultura Económica, 1982.
- PELLAROLO, Silvia. “Descentrando el sujeto escrituario en el Primero sueño”. En: Mester 20.2 (otoño 1991): 41-48.