El poeta argentino Saúl Yurkievich (1931-2005), uno de los más reconocidos críticos literarios del mundo hispanoamericano, albacea de la obra del escritor Julio Cortázar, murió el pasado miércoles 27 de julio en un accidente en una carretera de Avignon, al sureste de Francia.
Según la policía francesa, el escritor perdió el control de su vehículo y se impactó de frente contra un camión que avanzaba en sentido contrario, falleciendo de manera instantánea. Tenía 74 años de edad y desde 1962 vivía en Francia, donde trabajaba como profesor de literatura, puesto que también desempeñó en diversas universidades de Estados Unidos.
La policía francesa agregó que Yurkievich pudo haberse quedado dormido mientras conducía por Caumont-sur-Durance, ya que no se encontró en el pavimento marcas de que hubiera intentado frenar.
Saúl Yurkievich nació en La Plata, Argentina, en 1931. De cuna humilde, pronto supo que su destino estaba en su profundo amor a las letras. Estudió letras en la Universidad de La Plata y basó en el poeta francés Guillaume Apollinaire su tesis, que en 1968 se publicó como libro con el título Modernidad de Apollinaire. En los años 60 se mudó a París.
Apenas llegado a la capital francesa hizo amistad con Julio Cortázar, quien lo nombró albacea poco antes de morir en 1984 y tras un viaje a Argentina en que en vano intentó ser recibido por el flamante presidente Raúl Alfonsín.
En una entrevista con Página/12,Yurkievich recuerda el momento en que conoció a Cortázar, quien entonces se encontraba en los primeros apuntes de Rayuela. “Él había obtenido un premio muy importante compartido con MujicaLainez; con ese dinero él creyó poder comprar una casa sobre la playa en el sur de Francia. Allí se dio cuenta de que el dinero no le alcanzaba ni por asomo, así que empezó a retroceder y retrocedió 100 kilómetros. Al este de Avignon, encontró una casa pequeña con una terraza formidable que daba a un valle sobrecogedor”.
Sobre su designación como albacea, aclara que no es lo mismo que ser apoderado, papel que le tocó a Aurora Bernárdez, ex esposa de Cortázar. “En el testamento nos nombró a Gladys, mi mujer, y a mí para que decidamos juntos acerca de los inéditos. Como albaceas literarios tenemos, por su voluntad, el derecho de conservar, editar o destruir lo que queramos. Así lo dice en el testamento. Pero nada destruimos. Habría que ser Dios para hacer una cosa así”.
Yurkievich y su esposa editaron las novelas El examen y El divertimento, escritas entre el ‘50 y el ‘53. “Una de estas novelas las mandó a un premio literario. Pero no sólo no la eligieron sino que además la censuraron. A mí me parecen extraordinarias, ambas. Estaban en sus cajones casi listas para ser publicadas. Tal vez él las consideró como obra menor. Sucede que años después aparece con Rayuela y él entró en una dinámica de avance con un movimiento editorial descomunal. Ese momento le impedía ir para atrás, razón por la cual las novelas quedaron sin publicar”.
El también escritor argentino Arnaldo Calveira, amigo de Yurkievich, hizo hincapié en que éste fue, antes que nada, poeta. “Es un gran lírico que había conocido toda la historia de la literatura”, explicó Calveira, quien recordó que los principales temas de su obra eran “la dejación de la vida” y las interrogaciones sobre lo que hay después, “temas eternos”.
Entre su numerosa obra poética están Fricciones (1969), Envers (1980), El Trasver (1988), Vaivén (1996), El sentimiento del sentido (2000), El huésped perplejo (2001), con dibujos de Julio Silva, y Detener sin retener.
Fuentes: La Jornada, EFE, Clarín