Letras
Poemas

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Máscaras

Agreste me libero de las máscaras
para edificar con versos
un mundo alterno en donde reencontrarme

Goteo encierros y misterios.
Hay una hoja en blanco
Que se niega a respirar por mí
mientras reanudo
los caminos del mañana.

Y quiebro la mudez y rasgo ausencias:
como estigmas, se escurren develando.

Agito las mentiras
Descuelgo mil y un miedo.
Sigo siendo mujer
y mi voz
¿me hace indecente?

(Danza terrible: bufones en mis párpados)

 

Tú-urgencia

Crespos los mechones al aura,
ella
deletrea su inundación.
Subyugado el prólogo,
toca la nitidez de unos labios:
antera lujuriosa
que fecunda

Húmedo el estigma
se desgaja en savia:
magma de dos
que la amamanta
y pinta en cáñamos,
su primordio seminal.

Turgente.

 

Rebelión de formas

Marioneta. Sol sostenido.
Alquimia transmutadora
cuerpos que penden.
A lo lejos, cerca, plañe un lamento;
ordenan los mismos dedos, decretan.

Inexorable sino, posibilidad.
Hilos de acero que hay que torcer:
mano derecha, brazo izquierdo,
puntapié, tarsos y gira.
Rebelión de formas, de oprimido a opresor,
irreverencia.

Desacuerdo. Sí mutilado.
Agoniza el titiritero, escupe su hiel.
Nadie lo oye, no hay ni sollozos,           
crujen los dientes, el destino se truncó.

Marioneta...

 

Escándalo en mis mejillas

Me desnudo a mis anchas, desempolvo mis besos,
destejo tabúes,
pre-siento.

Hay un escándalo en mis mejillas:
rubores que incendian; esencias que apuran.

Piélago sublime, escurro en tu lecho mil quebrantos,
navego en los abismos.
Los extremos se juntan. Observo.

Y te hago vértice.
De ángulos complementarios, quizás adyacentes.
Los dejo girar. ¿Qué hay?
Una rueda, mi rueda. —¿O debo decir circunferencia?—

Así eres vicio, adicción, ponzoña, embrujo.
Suero antiofídico, aunque la cuaima sea yo.

Y me deslizo en tu cesta.

Crece un tumulto en mis mejillas,
husmeo en el aire emancipación.

 

Ig-niciada

Me prorrogo en la madrugada gris
que cuece en hilvanes las ganas de tenerte.
Deshilachados,
los sucintos rayos entablan afanosa búsqueda
—queda poco en mi noche—
e irrumpen resueltos, con sus manos sin saña.
Vulnerable, acepto el roce de sus yemas.

No hay tiempo. La única lucha es mantener los ojos abiertos
para, más tarde, estar consciente de que no sólo fue un sueño.

Y no son dedos, son tentáculos.
Apéndices que recorren succionándolo todo.
Es vano el recato, cabalgo en la cornisa:
me desdoblo, me embeleso.

Soy una guitarra, mil cuerdas
y el sol hace trepidar resabios.

Se retuerce el albor en la carne,
hoy alguien nace en la hoguera.