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Muere en La Habana
el cantante Ibrahím Ferrer

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El cantante Ibrahím Ferrer, una de las estrellas del Buena Vista Social Club, falleció a los 78 años, el sábado 6 de agosto, en el Centro de Investigaciones Médico Quirúrgicas (Cimeq) de La Habana, según explicó su nieto Kelman Valdés, quien no quiso ofrecer detalles de la causa de la muerte.

Se conoció que Ferrer ingresó al Cimeq con síntomas de gastroenteritis, luego de haber llegado el miércoles de una gira por Europa. Su muerte ocurre después de hacer realidad el que calificara como uno de sus más preciados sueños, que era grabar un disco de boleros.

Ferrer nació en 1927 en Santiago de Cuba. Tuvo una larga carrera artística de más de 60 años. Sin embargo, su consagración mundial llegó de la mano del proyecto Buena Vista Social Club, un disco producido por Ry Cooder que obtuvo en 1998 el codiciado premio Grammy, y un filme dirigido por Wim Wenders.

A los 12 años quedó huérfano de padre y madre y tuvo que vender dulces en la calle para sobrevivir. Un año después integró su primer grupo musical, Los Jóvenes del Son, con el que amenizaba pequeñas fiestas de barrio, y empezó a cantar con varios conjuntos locales de Santiago de Cuba como Sorpresa, Wilson y Maravilla de Beltrán.

En la década de 1950, época de oro para la música cubana, obtuvo su primer éxito con el disco El platanal de Bartola. Entonces formaba parte de la orquesta de Chepin Choven, dirigida por el maestro Electo Rosell (Chepin), el más importante músico de la región oriental en esos momentos. El nombre de Ferrer no figuró en los créditos del disco, razón por la cual se mantuvo en el anonimato.

Ya en 1957, el cantante se muda a la capital cubana, donde trabajó con la orquesta Ritmo Oriental, que dirigía Benny Moré. Después volvió con Pacho Alonso, radicado también en La Habana, con un nuevo grupo, Los Bocucos. En esas agrupaciones fue intérprete de guarachas, sones y otros ritmos bailables, pero los directivos de esas orquestas le negaron el acceso al bolero.

Luego de la muerte de Alonso, en 1982, Los Bocucos, sin su gran figura, perdieron popularidad. No obstante, Ferrer, un tanto desilusionado con la música, permaneció en la agrupación hasta su jubilación en 1991 y, desde esa fecha, se ganó la vida limpiando zapatos y recibiendo una modesta pensión de jubilación.

En 1997, el músico cubano Juan de Marcos González y el productor Ry Cooder lo animaron a participar en la grabación de Buena Vista Social Club. Fue con este álbum que logró ser reconocido en los cinco continentes junto a sus contemporáneos Rubén González, Omara Portuondo, Compay Segundo, Eliades Ochoa, Barbarito Torres y Guajiro Mirabal. Con su disco Buenos hermanos, Ferrer ganó un Grammy en 2004.

Ibrahím Ferrer fue esencialmente un sonero pero durante los últimos años había incursionado en otros ritmos. En su último disco Mi sueño, a bolero songbook, interpretó boleros como “Perfidia” o “Quiéreme mucho”.

El velatorio del artista tuvo lugar el domingo 8 de agosto, cuando centenares de personas, entre amigos, familiares, artistas, funcionarios y admiradores, acudieron al cementerio “Cristóbal Colón”, de La Habana, a rendirle tributo póstumo entonando “Mil congojas”, uno de los boleros popularizados por la voz de Ferrer. Sobre el panteón donde reposa el artista, fueron depositadas numerosas ofrendas florales, una de ellas enviada por el presidente cubano, Fidel Castro.

“Hemos perdido a un gran valor de la cultura cubana. Era un artista extraordinario, amigo entrañable, mi hermano increíble”, declaró el pianista Chucho Valdés. El cantante José Loyola dijo de Ferrer que “tenía un lirismo melódico muy singular, con una afinación perfecta, extraordinaria, un estilo muy original y propio. Es difícil abstraerse de las influencias, pero los grandes logran hacer eso”. Por su parte, el compositor cubano Juan de Marcos señaló que “era tremendo improvisando, sobrepasó los límites de su generación”.

Fuentes: ABN, BBC, EFE, La Razón (Ecuador)