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Poemas

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Hombre de sol y lluvia

Hombre de sol y lluvia,
de sonrisa de pan
entre tibios mezcales;
de maíz y de niebla,
de roca tutelar
y de niñas con hambre
ya desnudas.

Mi sed deambuló por las entrañas
de la casa grande.
Reconocí árboles azules,
rotundas orquídeas,
buganvillas de seda
que enamoran apenas aquel muro
y maquillan soleadas
las absurdas pobrezas.

Hombre de sol y sombra,
la estrella de la tarde
riela surcos de estela
entre los surcos.
Por el país de nubes
retumban sin pudor
voces silentes
(los otros, los que llegaron,
vuelven,
cadenciosos y hediondos).

Al alba
—siempre habrá un alba, Federico—,
el rocío, mi rocío
hizo extraño el olvido.
Merodeé sin descanso recovecos y tripas
hurgué candores
el sendero fue escándalo
y el regreso un error.

Pura cresta de sal
temor deseante.
Cada quién, cada uno
tendió su espera sin mantel
y arrimó —como pudo—
un tanto de maíz
algo de carne y
vino
no,
no faltó.

Fue creciendo la arcilla.

 

Mujer grutal

La cresta azul de vértebras
descentrada en las grutas
la voz de carne de tus muslos
bebedores
mujer a gritos súper cine
no porno tal vez
pero sí en video
textura mística de calas
que no darán a luz
ya no
no habrá suceso.

Lame la aurora
con pausas
huecos de tornasol y orina
en rosados
espejuelos de álamos batientes
se mezclan
silabeantes en marea
entre la arena rústica
minimal
hecha pubis.

Escultura de nácar,
saliva y valvas
desperdicios, amor,
de mar batiente
ni el hueco
ni la sombra
ni la risa
salitre espuma
esperma
rumor de la mujer que se deshace
sin preludios.

Algas que olvidan formas por venir
Antigua y grutal al sur
interminable inicio
mujer.

 

Asperidad del trino

Fue preciso escribirte
al ritmo enrarecido
de la mitad del día.
No hubo abstención.
ni olvido
apenas fingimientos
de no querer ya más / no-era-posible-así /
habrá que darse cuenta.

Rotos todos los cierres
no me detuve ahí
ni mucho
ni muy poco
te puse entre mi boca
y busqué todavía
abrazar el rescoldo
salpimentar hogueras
tan siquiera una noche.

Dicen antiguos mitos
que quien cuenta los números
deshace duermevelas.
Acaso el hueco frágil mordisquee sortilegios.
Ya nuestra desmesura
—asperidad de brasas—
se escribiera, es posible,
de ataduras y atajos.

                                     Registrá, mi querida
                                     que una,
                                     vos, yo, la otra
                                     queremos
                                     regularmente
                                     en femenino y singular
                                     a la intemperie
                                     y siempre,
                                     —o casi siempre—
                                     con culpa
                                     y a destiempo.