Artículos y reportajes
“Mala onda”, de Alberto FuguetEntorno e identidad
Analizando y contextualizando
los conflictos identitarios del adolescente
en la obra de Alberto Fuguet*

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Históricamente la literatura ha tratado de hacer una representación de la realidad; con la salvedad evidente de los géneros de ciencia ficción y más allá de las subjetividades propias de los escritores, ese objetivo se ha logrado. Desde esa perspectiva, la cuestión esencial de este trabajo será, de aquí en más, estudiar de qué manera Fuguet muestra a los jóvenes que aparecen en su novela Mala onda, y el tratamiento que él hace de los conflictos de identidad de dichos jóvenes. Asumiendo la novela como una representación más o menos fidedigna de la realidad, buscaré clarificar los factores que intervienen en tales conflictos, y la manera como lo hacen, usando como objeto de estudio a su protagonista.

Teniendo presente que en la construcción de la identidad de una persona converge una serie de aspectos y/o elementos, encaminaré el estudio por dos que considero más relevantes, como los son los factores de orden psicológico y social. En esa dirección, sustentaré mi tesis en material bibliográfico de un nivel y rigurosidad acorde a un estudio de esta naturaleza. Si bien, es un poco ambicioso el querer trazar el nivel o estado identitario de un personaje, del cual sólo tenemos referencias gracias al libro, me valdré de la generosidad narrativa de Fuguet para formarnos una imagen, coherente espero, de los jóvenes que toman palco en la novela.

En lo que respecta a la dimensión psicológica, observaré a los personajes siguiendo las teorías de Marshall, por considerar que son las que más se ajustan a la realidad de la obra (en rigor a la de los jóvenes que intervienen en ella). Culturalmente miraré la novela teniendo como punto de encuentro estudios humanistas posmodernos realizados en Hispanoamérica.

Primeramente, haré una contextualización del escenario literario en que se escribe esta novela, mirando a grandes rasgos sus motivaciones estéticas e ideológicas, sin perder de vista el objetivo del estudio. El análisis de los conflictos identitarios, y su posterior contextualización, se hará mediante la observación de las relaciones interpersonales de los jóvenes entre ellos, con sus padres, con la autoridad, con el resto de la sociedad, etc. Para ello es pertinente realizar una descripción general de la atmósfera social y cultural, en la que se lleva a efecto la trama. Por otro lado, pretendo definir la postura que asume el autor en relación a los conflictos existenciales de sus personajes, y qué busca él decir o expresar mediante su obra.

“...Las historias mostradas por la nueva narrativa latinoamericana poseen una perspectiva profundamente subjetiva, individual, donde la realidad está tamizada de símbolos que circulan, que se escapan y que nos muestran la existencia de otros seres humanos, otro tipo de personajes. El héroe es reemplazado por un antihéroe juvenil, que dialoga a garabatos, consume alcohol y drogas, escucha música extranjera, se burla de lo nativo, es clasista, tiene una sexualidad desatada, y en definitiva es el prototipo de un homus urbanus actual...”.1

La categorización del protagonista como un antihéroe se ajusta fielmente al perfil de Matías Vicuña (protagonista de Mala onda),2 lo que grafica el alejamiento de la juventud chilena del ideal de héroe literario, y por ende social, concebido tradicionalmente como un ser virtuoso, valiente, leal, esforzado, religioso, etc. En Mala onda, Alberto Fuguet nos ofrece una visión detallada de los adolescentes de clase alta en el Chile de los 80, con sus defectos y virtudes, centrando el relato en los conflictos identitarios de los jóvenes. Estas problemáticas se advierten en la relación de ellos con sus familias, con sus pares, con sus profesores, con la sociedad y con la autoridad.

Resulta evidente que el clima social y político que vivía el país mientras esta generación de adolescentes crecía, afectó de cierta forma su normal desarrollo identitario. La suerte de burbuja en que vivían insertos los aislaba del resto de la sociedad y les negaba la posibilidad de verse enfrentados a realidades distintas a las suyas. El acceso fácil al dinero, a los aparatos tecnológicos, las salidas nocturnas, la falta de comunicación con las familias, la ausencia de alguien en quien creer y a quien sentirse ligado, entre otros factores, contribuyeron a que los jóvenes de la época de dicho estrato socioeconómico adoptaran actitudes y comportamientos de sus pares de otros países, a los cuales conocían por medio de la televisión, las películas, las revistas de música en inglés, etc. En suma, ante la carencia de un referente identitario sólido, los adolescentes optaron por construirse una identidad híbrida a partir de varias influencias, como las antes expuestas, convirtiéndose literalmente en verdaderos mosaicos culturales.

La corriente literaria surgida a inicios de los 90 denominada como realismo virtual por sus expositores, viene a dar un giro importante a la narrativa latinoamericana, mostrándonos una variedad de obras donde Latinoamérica y sus habitantes tienen un rostro diferente. La ciudad como escenario perfecto para esta renovación de la escritura, se eleva a una categoría de personaje alegórico. Una flor que nos ofrece en cada pétalo un episodio distinto.

Este escenario surge como respuesta al mundo rural, al menos algunos autores lo han planteado explícitamente. Han querido establecer una suerte de rebeldía ante la literatura que ha engendrado una imagen de Latinoamérica selvática, rural, indígena, pobre, es decir una imagen coherente con la que se tiene en Europa de nuestro continente. Si bien los estilos han cambiado hay una misma visión de América Latina que predomina desde La vorágine, de José Eustasio Rivera, hasta Cien años de soledad, de García Márquez, o Un viejo que leía novelas de amor, de Luis Sepúlveda: somos selváticos, primitivos que vivimos arriba de los árboles, y somos cultural e intelectualmente inferiores. El mismo Alberto Fuguet plantea, junto a Sergio Gómez, este sentimiento de postergación y el anhelo de una reivindicación al decir: “Los árboles de la selva no nos dejaban ver la punta de los rascacielos”.3 Este giro temático superpone el realismo virtual al realismo mágico, que busca una identidad para el continente: ¿quiénes somos?, y cambia el sentido de tal búsqueda orientándola hacia una identidad personal: ¿quién soy yo?

 

Mirando a Matías

Debemos entender a Matías Vicuña (en adelante MV), un joven chileno de 17 años y de un estrato socioeconómico alto, como una suerte de patito feo entre sus pares. MV es, en un inicio parcialmente ajeno y disímil al patrón de comportamiento de los jóvenes de su condición. Ya en los primeros pasajes de la novela se puede advertir una visión autorreferente y simbólicamente omnisciente frente al mundo, de igual forma se hace patente una preocupación ciertamente lúdica hacia su persona y el país. “...Pensé en Chile y en mi vida, que es como lo que más me interesa...”.4 Las lecturas que pueden hacerse a partir de estas palabras apuntan principalmente a concebir una imagen de joven consciente de la relación de su vida personal con el país. De igual forma se infiere la idea de que Vicuña cree, inconscientemente, tener poder para decidir sobre ambas cosas. La seguridad y madurez que muestra en su actuar y decir es de alguna forma sospechosa, pero en ningún caso hace prever los conflictos de identidad que presentará más adelante, y durante toda la obra da la sensación de que pese a tales conflictos Matías de alguna forma parece tenerlo todo bajo control.

Sin embargo con igual prontitud se hacen ver los rasgos de una baja autoestima: “...Un pendejo de un país que nadie conoce y que a nadie interesa. Un país que se cree lo mejor, como yo aquí, que se hace el conocedor pero en el fondo entiende poco y nada...”,5 MV trata de situarse en un punto medio de la realidad, se siente y se sabe superior en muchos sentidos a sus amigos, asimismo se cree tremendamente inferior a otras personas ajenas a su mundo (social, económico y cultural), a las cuales admira con cierta culpabilidad. Otro aspecto que puede causar su baja autoestima es la indiferencia de sus padres hacia él.

Desde el inicio de la historia se muestra a MV como un joven que constantemente está buscando respuestas y explicaciones para todas las situaciones a las que se ve enfrentado, evidentemente sus contradicciones y cuestionamientos existenciales van aumentando en profundidad gradualmente a medida que la trama avanza. A sus 17 años es lo suficientemente maduro como para comprender que su futuro personal se relaciona recíprocamente con el del país, por lo mismo a lo largo del relato expresa su sentimiento de frustración por entenderse condenado, por ser nada más que un adolescente de un país tercermundista, por tener el mismo destino que otros tipos inferiores a él (sus amigos, conocidos y familiares) y por no poseer las armas suficientes para desligarse de su condición y emanciparse como lo han hecho las personas a las que admira. Estas armas no son otras que la valentía y la madurez necesarias para enfrentar su destino y cambiarlo. Matías entiende que tal cambio debe emerger desde su interior, y justamente en ese punto creo que radican la mayoría de sus incógnitas identitarias.

Si bien MV ve todo tan decadente a su alrededor, y ciertamente sabe que su sentencia está firmada para acabar como los demás, muestra un optimismo bastante claro sobre la mejora en la situación de su entorno. Y sabe que debe hacer algo al respecto, pero no tiene claro qué es, ni muy bien por qué debe hacerlo. Considerando que la aventura de Matías comienza en Río de Janeiro y que él es un hijo de la dictadura, las posibilidades de que un individuo sometido a tal cambio de hábitat se replantee ciertas cosas sobre sí mismo y su entorno son altas, pese a ello él parece nunca perder la calma y si eso ocurre lo oculta.

“...El adolescente deberá responder a la pregunta fundamental: ¿quién soy yo? y para encontrar la respuesta deberá afrontar algunas tareas durante los años que siguen a la pubertad...”.6 En tal sentido MV está realizando tales tareas, comenzando a construir una imagen de sí mismo y a discriminar el tipo de vida que le acomoda más llevar, para tal efecto resulta decisivo el medio social donde creció y los componentes identitarios que éste puede ofrecerle o heredarle. El pertenecer a una familia adinerada, estudiar en un colegio privado, vivir en un barrio exclusivo, ser hombre, mestizo (aunque después descubre su ascendencia judía), son aspectos no elegidos por él para construir su identidad, pero que sin duda juegan un rol considerable dentro de dicho proceso.

 

Matías y el mundo

La identidad (en el sentido de pertenencia cultural) ya no sólo se construye desde la perspectiva de un barrio, una ciudad o un país. En las últimas décadas, como fruto de la globalización, la identidad o las identidades, se construyen más bien a partir de hechos comerciales que cohesionan a los consumidores de una determinada marca de ropa, los seguidores de un estilo de música o los hinchas de un equipo de fútbol, dentro de un segmento identitario común. En esos casos se habla de un nosotros, en desmedro del yo, sin mayores cuestionamientos ni reflexiones sobre quienes forman parte de ese yo colectivo. Desde esa visión, podemos inferir entonces que el conflicto identitario de Matías estalla cuando quiere salir del yo colectivo y construirse un yo personal.

Teniendo presente el contexto sociopolítico en que se desarrolla Mala onda, y la circunstancia familiar de Matías, resulta particularmente curiosa la contradicción de emociones que le produce la ciudad y los habitantes de ésta. Por un lado, desde los primeros pasajes de la novela, él hace patente su rechazo acérrimo hacia el barrio alto y la gente que deambula por sus calles, restaurantes, bares, centros comerciales, etc. De igual forma se advierte la afabilidad con la que reacciona frente a los barrios de clase media, a esa parte antigua de Santiago, que descubre por casualidad. El centro de la ciudad y sus transeúntes, aquellos que de cierta forma, Matías aprecia pese a ser tan distinto a ellos. Es preciso distinguir que esa negación respecto de ser como las demás personas de su entorno, no significa que él renuncie a su estilo de vida.

Matías, conciente o inconscientemente, va forjando su identidad en primera instancia mirando a los demás. Su “yo” lo construye definiendo o caracterizando un “tú” o un “él”. Esta noción, que resulta a primera vista bastante simple, encierra una complejidad no menor y acarrea consigo la necesidad de que se genere un proceso de autoafirmación personal. MV constantemente observa detalladamente a las personas con las que interactúa a diario, realiza verdaderos catastros de las actitudes y reacciones de ellas, pero a contrapartida no hace una introspección. Si bien MV no tiene claridad respecto de cómo quiere ser, sí tiene plena conciencia de cómo no quiere ser, o sea desde su observación a las demás personas (y a sus identidades) hace un juicio crítico de tales comportamientos y/o actitudes, tomando para sí aquello que le resulta atractivo o cercano a su realidad.

“...Los rasgos significantes de la identidad serán, desde esta perspectiva, regulados por la ubicación del sujeto que se autoidentifica étnicamente, y que otorga significado a su actuar y al actuar de los demás, en un eje que va desde lo más cercano a lo más lejano, pasando por categorías geográficas y políticas tales como cultura de país o idiosincrasia de nación...”.7

La autoidentificación étnica no se hace presente de forma significativa en la identidad de Matías, y tampoco le genera mayor interés sentirse identificado con sus raíces familiares (en el siguiente apartado ahondaré más en ese punto). Esta idiosincrasia nacional a la que hace referencia Forno, en el caso de Mala onda, es un corpus identitario (en el mayor sentido del término) lleno de significaciones y relaciones complejas, originadas por un estado de subyugación cultural a una nación distinta a la propia. Matías se desenvuelve en el barrio alto santiaguino (el sector de más reciente data dentro de la ciudad), que es concebido como una suerte de copia a escala de una ciudad modelo o una ciudad ideal. Dentro de la novela, más concretamente en las conversaciones de Matías con el Paz, se advierte que se le confiere a la ciudad de Manhattan ese título de paraíso urbano. “...Un día en Manhattan equivale a seis meses en Santiago...”.8

La distancia geográfica de Matías (y sus pares) con tales urbes y los adolescentes que habitan en ellas es disminuida por los mass media, haciendo que la televisión por cable, las películas, revistas, discos, entre otros, logren homologar sus comportamientos e ideas. Esta igualdad simbólica se circunscribe como uno más de los efectos de la globalización, y cohesiona a la juventud en torno a imágenes falsas o manejadas por intereses políticos, económicos y sociales, aboliendo sus rasgos identitarios naturales. Esta negación de lo propio, en el caso de Matías, se refleja por sus actos e ideas como la expresada en el párrafo anterior.

La crisis identitaria estalla cuando Matías se da cuenta de lo que pasa a su alrededor, y siente que tiene que alejarse de eso, y en ese alejamiento interviene una serie de factores que desencadenan la sublevación que él vive al irse de su casa, imitando a Holden Caufield,9 con quien se siente identificado.

La no identificación de Matías con su entorno es, en cuanto a las actitudes humanas inadecuadas o malas, de acuerdo a su escala de valores, llámese hipocresía, corrupción, engaño, mediocridad, etc. Por otra parte él no deja ni censura, el abuso de alcohol y drogas de sus amigos o su padre, mucho menos el gasto desmesurado de dinero en chiches tecnológicos u otros productos menos vitales. Los que se importan como si fueran de suma importancia para vivir, y él los usa, y no concibe su vida sin ellos, lo que él repudia tiene que ver con los sentimientos.

Si observamos detalladamente a Matías podremos concluir que él presenta varias actitudes que lo sitúan dentro de un estatus identitario en mora, ya que él siempre está proclive a experimentar sensaciones y experiencias nuevas, y nunca se arrepiente de ellos. Contrariamente a lo que suponemos, él en su constante búsqueda de experiencias nuevas y su ímpetu para experimentar, no se compromete con lo que está descubriendo, y no ve tales sensaciones como un camino para resolver sus problemas. De igual forma la relación con su familia lo excluye de dicho estado.

De acuerdo a varios estudios, generalmente los jóvenes se sienten identificados con sus familias, pero no integrados ni respetados en ellas, de eso se desprende que la búsqueda de una identidad personal en los adolescentes tenga mucho que ver con la necesidad de tener un espacio y una opinión dentro de sus familias y a la postre en la sociedad. La familia como el núcleo básico social, en este sentido, puede definir o influir en la relación de los jóvenes con el resto de la comunidad. Es un error bastante recurrente el querer abordar el desarrollo de la identidad desde una perspectiva puramente psicológica, obviando los factores sociales, que en definitiva son los que delimitan y aglutinan los rasgos distintivos de la identidad de cada persona. Siguiendo tal idea, Fuguet amalgama ambas dimensiones (psicológica-social) en el conflicto identitario de Matías, logrando que en sus acciones esta dualidad recíproca se haga patente.

Matías no se identifica mayormente con su familia; ese puede ser el origen de su distanciamiento y posterior rechazo a sus amigos, conocidos, y hacia aquellos que pertenecen a ese estrato socioeconómico de nuevos ricos, arribistas e hipócritas. Él está solo, tiene una familia y amigos pero vive abandonado, buscando valores y afectos sinceros en una sociedad degradada. La nula comunicación entre los miembros de su familia y la decadencia moral de sus amigos, sumado a los diálogos con personas ajenas a su círculo social (Flora Montes y Alejandro Paz) hacen que él quiera construirse una identidad propia, diferente a la de sus conocidos.

Es sabido que en la identidad de una persona desempeña un papel importante la presencia de referentes familiares o cercanos del mismo género. Considerando que los modelos masculinos que Matías tiene en su familia son francamente patéticos (un tío que es un diplomático frustrado, y que en definitiva no hace nada aparte de conversar sobre sus viajes por el mundo; un abuelo que niega su ascendencia judía por avergonzarse de ello; un primo que es la gran promesa de la familia porque se graduó en hotelería en el Inacap; y un padre que juega a ser adolescente), es evidente que la concepción que Matías tiene de ellos no puede ser diferente a la que tiene, y de igual forma, es claro que esa carencia de un modelo adecuado dificulta aun más su búsqueda identitaria.

La suma de estas razones, entre otras, apunta a encasillar a Matías en un estado de identidad difusa, porque todo en él son contradicciones, dudas e incógnitas. También esa categorización de su identidad se ve reforzada por el abuso que realiza en el consumo de alcohol y drogas, además de no comprometerse con nada ni nadie, ni siquiera con él mismo.

Hay dentro de la novela un pasaje en el que Matías descubre por casualidad su ascendencia judía, y la reacción de él es de un sentimiento de alegría, y se muestra orgulloso de serlo. De este sentimiento se pueden hacer varias lecturas, pero consideramos que las principales se refieren a que Matías se alegra porque descubre algo para presionar a su familia, un arma para poder ser escuchado. Él puede sentir que descubrió el talón de Aquiles de su familia, sin embargo consideramos más acertada esta asimilación que dice que la felicidad que él muestra se debe a que por primera vez se siente parte de algo. Y también, porque él descubrió que era parte de tal segmento social, o sea es un logro personal. El hecho se sentirse situado en un grupo social, aunque sea de forma alegórica, le da esperanzas de poder solucionar su mala onda.

La idealización del hombre judío por excelencia siempre ha sido Jesús, sin embargo Matías no orienta su búsqueda de una identidad en esa dirección. Religiosamente él no muestra una mayor cercanía ni compromiso con la religión que profesa su familia (profesa en sentido figurado, pues se puede decir que son católicos porque es la religión de las personas de clase alta santiaguina). Él descubre en Caufield un amigo, alguien que lo entiende y a quien se siente ligado social y étnicamente. Gracias a su profesora de castellano, Flora Montes, él descubre que Caufield es judío, igual que él. Matías superpone al modelo de hombre judío tradicional, encarnado en Jesús, el de Holden Caufield, de quien se siente más cercano.

 

Mala onda y The catcher in the rye: ¿juego intertextual o apología de la juventud urbana posmoderna?

Si bien es cierto que la novela Mala onda está llena de guiños y/o alusiones a películas, revistas, libros, canciones, etc., se entiende que la relación intertextual con la novela The catcher in the rye de Salinger, se eleva por sobre las demás citas. Gran parte de las acciones y diálogos de este obra de Fuguet son fragmentos de comerciales de TV cable, canciones, películas y revistas en inglés, lo que da señas inequívocas de su carácter posmoderno. La relación de los jóvenes con esta cantidad de objetos y/o medios tecnológicos es de novedad, y ciertamente de una dependencia. Matías describe detalladamente cada uno de los espacios donde se encuentra, iniciando tal descripción con los aparatos y productos (importados) presentes en el lugar, o en su defecto repudiando aquellos enseres propios de la cultural chilena tradicional, como por ejemplo los sillones floreados en tono pastel de las casas de Macul, la tienda donde golpea el monito, la gomina broncato, el Club de la Unión, o en relación al primer caso nos invita a mirar televisión en mute, usar corbatas Givenchi, masticar chicles Freshen Up canadiense (con jarabe verde al centro) o ver la hora en la oscuridad gracias a los dígitos rojos de la radio reloj o tomar un trago en el Juancho’s. La lectura que hacemos de este juego intertextual apunta básicamente a vislumbrar una defensa de los jóvenes de la ciudad, de sus identidades difusas e híbridas.

La relación metafísica que se establece entre Matías y Holden, viene a actualizar la postura social clásica respecto a la identidad, desde el plano religioso. Si vemos a los católicos como la sociedad adulta y a Jesús como el camino de solución a los problemas, y recordamos que las acciones y consejos de Jesús se encuentran en la Biblia (de la cual puede considerársele protagonista), es fácil distinguir que Holden en su calidad de hombre judío reemplaza a Jesús y The catcher in the rye a la Biblia. En esa dirección Matías se entiende como la juventud en su conjunto, que a diferencia de pedirle ayuda a Jesús, como los adultos, se la pide a entes más cercanos a ellos, como por ejemplo Holden.

Matías, en su búsqueda de una salida a sus problemas identitarios, encuentra una vía de escape en la novela de Salinger, a la cual eleva a una categoría de Biblia, ya que ella extrae las enseñanzas y consejos que pueden servirle en su diario vivir. Matías (y Fuguet), hacen una actualización de la relación del hombre (ese al que llaman homo sapiens) con la divinidad, claro está, desde una perspectiva profundamente subjetiva y sustentada en la realidad posmoderna. En esta actualización (a modo de defensa) se muestra cómo Matías renuncia al catolicismo (religión de los adultos) y se adhiere u opta por una más directa y menos comprometida, una donde se siente comprendido y en la cual ve a la divinidad más cercana a él y su realidad, a diferencia de Jesús, a quien ve muy distante.

Otro signo de tal paralelo (Biblia-The catcher in the rye, y Jesús-Holden) es el hecho de que Matías lee la novela de Salinger en inglés, es decir en la lengua universal de la actualidad, una acción equivalente a leer la Biblia en hebreo (lengua de los judíos y la universal de la antigüedad). Si bien el inglés es la lengua universal, no es menos cierto que es aún excluyente, ya que al igual que lo que ocurría con el hebreo, sólo lo dominan bien las esferas cultas. Aunque en rigor en la actualidad dominan mayoritariamente el inglés las personas con más medios económicos.

Matías dice que conoció a Holden Caufield (por intermedio del libro), y que siente ganas de hablarle y contarle lo que le pasa. Esta situación se asemeja en demasía con lo que ocurre cuando una persona lee el evangelio por primera vez, y dice “Conocí a Jesús”, confiriéndole a la experiencia lingüística de leer, un sentido de acto divino salvador, en el cual se desdobla del texto la esencia del personaje para volcarse sobre el lector. Las ganas de Matías de hablar con Caufield vienen a recordar la oración y su importancia en la relación del hombre y la divinidad. De esta forma le confiere al texto un sentido didáctico, lo insinúa como una herramienta para salir adelante.

De igual forma Matías escucha música, lee revistas, ve películas y habla en inglés, pero no se desespera por conocer o vivir en los Estados Unidos, sólo siente debilidad por sus bienes materiales, tecnológicos, económicos, artísticos, etc. Al igual que lo que ocurría con los antiguos judíos, que pese a dominar la lengua y usar el sistema económico del gran imperio romano (hoy EUA). Caufield, al igual que Jesús, es un intruso dentro del imperio.

En conclusión se aboga por esclarecer que los jóvenes buscan los mismos ideales que la religión tradicional (católica), pero en escenarios más actuales y cercanos a ellos. Los jóvenes necesitan en quién creer, pero Jesús es muy antiguo.

“...Los referentes identitarios se forman ahora, más que en las artes, la literatura y el folklore, que durante siglos dieron los signos a las naciones, en relación con los repertorios textuales e iconográficos provistos por los medios electrónicos de comunicación y la globalización de la vida urbana...”.10

García Canclinni nos explica y describe muy acertadamente lo que ocurre en el proceso de desarrollo de la identidad personal (y por ende social), en la sociedad posmoderna. Matías Vicuña es sólo uno de los miles de jóvenes que se enfrentan a este tipo de conflictos. Las claves para superarlos son complejas, y sería irresponsable de mi parte sugerir alguna en particular; sin embargo, afirmo enérgicamente que la literatura puede hacer un gran aporte en pro de ello, especialmente esta novela (por eso la he elegido para trabajar el tema de la identidad), ya que ofrece muchas variables e invita a reflexionar sobre la cultura juvenil, y sus características (positivas y negativas). Tal aproximación, sin duda, ayuda a clarificar nuestros problemas de identidad, por medio de una lectura crítica. Al menos, en mí causó ese efecto cuando la leí en la enseñanza media.11

* Este trabajo fue escrito inicialmente dentro del curso “Desarrollo psicológico de la identidad del adolescente”, dictado por el profesor doctor Roberto Chacana Arancibia, en la carrera de pedagogía en lengua castellana y comunicaciones, impartida por la Universidad de Los Lagos. Osorno, 30 de mayo de 2005.

  1. Zúñiga, Jorge. Signos de globalización en la nueva narrativa hispanoamericana. Tesis de grado en filología hispanoamericana. Facultad de Filosofía. Univerzita Karlova. 2000.
  2. Fuguet, Alberto. Mala onda. Santiago de Chile, 1991. Planeta (todas las citas desde esta edición).
  3. Fuguet, Alberto; Gómez, Sergio. McOndo. Barcelona, 1996. Mondadori. p. 10.
  4. Fuguet, Alberto. Op. Cit. p. 10.
  5. Fuguet, Alberto. Op. Cit. p. 13.
  6. Palacios, Jesús; Marchesi, Álvaro; Coll, César. Desarrollo psicológico y educación, 2ª edición. Madrid. 2003. Alianza Editorial. p. 471.
  7. Forno Srparovich, Amílcar . Multiculturalidad e interculturalidad: explorando las determinantes contextuales de la identidad. Ensayo leído en el 4º Encuentro “Revisitando Chile”, organizado por la Comisión Bicentenario y la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Austral de Chile. Valdivia, 2004.
  8. Fuguet, Alberto. Op. Cit. p. 51.
  9. Protagonista de la novela The catcher in the rye, de Salinger.
  10. García, Néstor. Consumidores y ciudadanos: conflictos multiculturales de la globalización. México D.F, 1995. Editorial Grijalbo. p. 95.
  11. Leí por primera vez a Fuguet cuando estaba en 2º medio. Primero Sobredosis y luego, Mala onda. Desde ese momento me gustó la manera como trata los conflictos adolescentes. Le agradezco a mi profesora de lenguaje y comunicación de ese curso, la señora Maritza Gómez, por haberme permitido (a mí y a mis compañeros) conocer la obra de este autor que escribe sobre jóvenes chilenos, como yo, como mis amigos, pese a que no se considera la lectura de sus obras dentro del programa entregado por el Ministerio de Educación.