Internet tiene unas características muy específicas de las que carecen otros medios de comunicación. Al permitir el acceso directo a la información sin que para ello sea un problema la geografía, la red diversificó el esquema tradicionalmente unidireccional de los medios. La red dejó atrás los antiguos conceptos de lector, radioescucha y televidente, les dio participación en el proceso de comunicación y los convirtió, nada más y nada menos, en usuarios.
Por supuesto que toda transformación tiene su costo, y la que vivimos en este momento no está fuera de la regla. El costo, sin embargo, lo están pagando los medios que no comprenden adecuadamente que toda la red, aun cuando se ha avanzado mucho desde su creación, sigue manejándose bajo una filosofía inalterable: los enlaces.
Un tema relacionado a los enlaces ha dado origen, en diversas ocasiones, a seminarios enteros sobre las estrategias que un medio debe seguir para evitar que sus lectores se “salgan del canal”; esto es, dejen de recibir información en el sitio del medio para ir a buscarla a otro lugar. La mayoría de los medios tradicionales cree resolver el problema mediante la supresión de enlaces activos en sus noticias, a menos que los mismos conduzcan a otras páginas dentro del sitio.
Esto, claro, no es una solución: en un mundo cada vez más interconectado, es casi imposible dar una información sin proveer de un enlace que conduzca a alguna parte de Internet. Si el medio en cuestión, para colmo, provee información sobre iniciativas en las que Internet juega un papel importante, el miedo al “cambio de canal” lleva a situaciones realmente paradójicas. En algunos medios se ofrece la dirección del sitio que se está comentando, pero sin que el enlace sea activo, lo que representa para el usuario un esfuerzo adicional —copiar y pegar, a lo sumo, pero es un esfuerzo adicional. En casos extremos, notas sobre sitios en Internet privan por completo del dato más básico: la dirección de los sitios.
Es un comportamiento absurdo por parte de un medio guardarse la dirección de un sitio para que los lectores no abandonen el portal del medio en cuestión. Es absurdo porque de hecho esconder una dirección útil obliga a los lectores a abandonar el portal para buscarla por sí mismos.
Encontramos este problema a diario mientras recolectamos la información con la que componemos la sección de noticias de Letralia. Los viejos medios olvidan una regla básica en la comunicación: lo único que garantiza que el antiguo lector, y ahora usuario, se “cambie de canal” es que nuestro canal ofrezca la información que él necesita. La sola circunstancia de que en Internet esta información es potencialmente el botón para “cambiar el canal” ha producido choques eléctricos en el sistema neuronal de quienes no hallan el camino para adaptarse a las nuevas realidades.
El tema ha sido removido con insistencia, los últimos días, en la blogosfera, tanto en su ámbito angloparlante como en el hispano. He aquí dos casos recientes. El primero, el de la Vegap, una asociación de artistas visuales que pretende cobrar a quienes enlacen a obras de sus asociados expuestas en Internet, lo que obviamente redundaría en que ningún medio enlazaría a tales obras, manteniéndose desconocidas para el gran público. El tema ha sido debatido en Elástico.net y en otras bitácoras. El segundo es el de LucaMori, un blogger italiano que descubrió unas ruinas antiguas usando la aplicación Google Maps y publicó el hallazgo en su bitácora, QuelliDellaBassa. Al ser reseñado por los portales de algunos de los grandes medios tradicionales en Internet, éstos omitieron la dirección de la bitácora. Puede hallarse más información al respecto en la bitácora El Diario de un Jabalí, entre otras.
La información más útil que existe en Internet son los enlaces. Un usuario satisfecho regresará gustoso a la fuente informativa cuando el material que se le ha brindado (los enlaces, entre tanto) es de calidad. Suponer que el usuario “olvidará” dónde obtuvo la información es, sencillamente, menospreciarlo.
La corroboración más patente de esto es, claro, la vitalidad con que ha crecido, en los últimos años, la misma blogosfera. Una nueva realidad que aprovecha al máximo el procedimiento de informar mediante enlaces. Por lo general las bitácoras, que no se parecen en nada a los medios tradicionales, no tienen miedo a proveer de enlaces donde el usuario pueda revisar a gusto la información a la que se le está conduciendo. Y a pesar de esto, las bitácoras no hacen sino crecer y crecer. La razón, estimamos, hay que buscarla en el origen de las bitácoras, que son los mismos usuarios.
Es de suponer que este problema tiene relación con una mala interpretación del axioma “información es poder”. En este sentido, es preciso que los medios que luchan por hacerse un espacio en la red se actualicen: bajo los esquemas de la filosofía de Internet, el poder de la información radica en la manera como fluye. Cuando está encerrada, la información es materia muerta. Y corre el riesgo de pudrirse.