Tras un aplazamiento de una semana, el pasado 13 de octubre se publicó el anuncio del ganador del premio Nobel de Literatura, que este año recayó sobre el dramaturgo y poeta británico Harold Pinter. Normalmente, este premio es anunciado el primer jueves de octubre, pero este año la Academia Sueca decidió retardar una semana más la publicación de su veredicto.
Nacido en Londres en 1930, Pinter ha publicado una treintena de obras. Los académicos lo calificaron como el “máximo exponente del arte dramático inglés de la segunda mitad del siglo XX” y autor de una serie de obras “marcada por lo cotidiano y que irrumpe en los espacios cerrados de la opresión”.
Este año el Nobel de Literatura también será recordado como uno de los más polémicos en su historia, por la renuncia de uno de los miembros del Comité, el profesor Knut Ahnlund, quien publicó el martes 11, en uno de los diarios más leídos de Suecia, Dagens Nyheter, que la elección de Elfriede Jelinek en 2004 ha causado un daño irreparable a la imagen del premio por la baja calidad de su obra.
Pinter dijo a la prensa que, aunque abandonó la dramaturgia, continuará produciendo poesía y arengando a los líderes occidentales sobre un mundo que está en peligro de “irse por la alcantarilla”. El escritor finalizó su última obra teatral hace cinco años y obtuvo un creciente reconocimiento en su país por criticar públicamente la guerra de Irak.
“He escrito 29 obras y creo que probablemente sean suficientes”, explicó Pinter en las puertas de su casa en Londres, en sus primeros comentarios públicos tras ser galardonado con el premio 2005. Con el rostro lastimado, con moretones y cargando un bastón de apoyo debido a una reciente caída, Pinter dijo que estaba “abrumado” y cuestionó abiertamente si su compromiso político y sus obras habrían sido un factor determinante a la hora de galardonarlo.
“He estado escribiendo obras durante alrededor de 50 años”, dijo Pinter, con voz ronca. “Pero también estoy muy comprometido políticamente y no estoy del todo seguro sobre en qué medida ese factor estuvo relacionado con este premio”, agregó.
Consultado acerca de hacia dónde se dirige su carrera, Pinter dijo creer que “el mundo ya ha tenido suficientes obras mías por ahora. Pero creo que ciertamente estaré escribiendo más poesía y permaneceré profundamente comprometido con la cuestión de las estructuras políticas mundiales”.
Hijo de una modista judía, Pinter se convirtió en 1949 en objetor de conciencia y se negó a hacer el servicio militar. A lo largo de toda su carrera ha mantenido una postura de compromiso a favor de los derechos humanos y en contra de la guerra, que se hizo más patente a partir del golpe de Estado que en 1973 derrocó a Salvador Allende en Chile.
Ingresó a la escuela de arte dramático poco antes de escribir La habitación, su primera obra, en 1957. La fiesta de cumpleaños, escrita ese mismo año, fue ridiculizada por la crítica y archivada después de una semana, obligando al dramaturgo en ciernes a contemplar la posibilidad de dejar la escritura aun antes de realmente comenzar su carrera.
Pero durante los siete años siguientes una serie de obras lo convirtió en una gran figura del teatro británico y su trabajo influenció a toda una generación de dramaturgos. Fue el responsable de la creación de una nueva palabra en el idioma inglés: “pinteresque”, para referirse a una pieza teatral repleta de silencios y atmósferas salpicadas con perspicacias insinuadas.
Sus obras exudan amenazas y están condimentadas con fantasías eróticas y obsesiones, celos y odios. Los críticos se refieren a las escalofriantes obras de Pinter como el “teatro de la inseguridad”.
Pinter, quien se sometió a un tratamiento contra el cáncer en el 2002, protagonizó un escándalo matrimonial en 1980 cuando su esposa, la actriz Vivien Merchant, le pidió el divorcio por su romance con la célebre autora Antonia Fraser. El escritor se casó ese mismo año con Fraser, quien tiene seis hijos. Merchant, estrella de muchas de las puestas teatrales de obras de Pinter y madre de su hijo, murió dos años después, víctima del alcoholismo crónico.
Apasionado activista del grupo de defensa de los derechos humanos Amnistía Internacional y de la campaña antinuclear CND, Pinter forjó una distinguida carrera como guionista, con éxitos como La mujer del teniente francés y El sirviente.
Pinter puede considerarse como el cabeza de lanza de la generación teatral denominada en Inglaterra “Renacentista del teatro”. Sus obras han sido traducidas a muchos idiomas y representadas en gran cantidad de países.
La lista de premios recibidos por Harold Pinter es prolija: Premio Shakespeare, Premio Europeo de Literatura (1973), Premio Pirandello, Premio David Cohen, Premio Laurence Olivier y el Premio Moliere de Honor. En 2002 fue distinguido con el título de Compañero de Honor, otorgado por el Gobierno británico tras haber rechazado ser nombrado Caballero de Honor. En 1973 obtuvo el premio Austriaco de Literatura Europea. Ese mismo año fue elegido director de la Asociación de Teatro Nacional en Inglaterra y, en 1979, doctor honoris causa por la Universidad de Stirling.
Sus guiones para el cine también le han reportado galardones como el Oso de Plata del Festival de Cine de Berlín en 1963, Premios BAFTA en 1965 y 1971, la Palma de Oro del Festival de Cannes en 1971 y el Premio de la Commonwealth en 1981. Además fue nominado al Oscar por la Mujer del Teniente Francés y Traición.
Coherente, considerando que se lo conoce como el maestro del silencio, su reacción inicial al enterarse que había ganado el premio Nobel fue permanecer escondido. Pero después de terminar su almuerzo, abrió la puerta a dos periodistas y un grupo de fotógrafos. “Recién almorcé solitariamente con mi esposa y bebimos una copa de champagne (...) y probablemente beba otra más”, aseguró Pinter.
Entre las conjeturas que fueron manejadas por la opinión pública antes del otorgamiento del premio a Pinter, se mencionaron los nombres de los norteamericanos Philip Roth, Thomas Pynchon y Joyce Carol Oates, la canadiense Margaret Atwood, el israelí Amos Oz, el sueco Tomas Transtroemer o la argelina Assia Djebar. Además se especuló sobre la posibilidad de que el premio fuera concedido a un autor de un género no ficcional, por lo que se llegó a pensar en el polaco Ryszard Kapuscinski.
Fuentes: Prensa Latina, El Semanal Digital, EFE