El destino auguró excelentes cosechas. Y es que los frutos de las ganadoras de la mención especial de la II Bienal de Literatura Infantil de Cofae, Marissa Arroyal y Norys Alfonzo, fueron injertados con la ilusión de creer. Y florecieron en aceptación, crecieron y crecieron hasta alcanzar ser seleccionadas entre las mejores plantaciones, aunque en aquel ecosistema estuviere, de igual forma, el sueño de otras 53 cosechas, participantes en la II Bienal. Pero el gran secreto del alzamiento de estas dos primeras, para así acariciar las nubes, es que tuvieron que verse como semillas, sentirse semillas y, mejor aun, recordarse como simientes. La musa de la inspiración previó la ganancia en volumen, altura y frutos. En frescura educativa al buen cultivo, y en valor añadido institucional a la naturaleza, daremos a conocer las florescencias de dos historias infantiles, hoy exitosas plantas.
Ling, la osa de los bambúes
Con voz apacible, Marissa Arroyal nos abrió cordialmente las puertas de Ling, manuscrito de diez historias unidas en una sola idea: la preservación de la naturaleza vegetal y animal. De antemano, Arroyal recordó los consejos ganados durante el Taller de Monte Ávila Editores en Literatura Infantil, impartido por Armando José Sequera. En sus clases de gramática recuerda el interés del docente por que sus alumnos desarrollaran un breve cuento, al mejor estilo de una antología, razón ésta que le dio pie a la escritora de continuar la historia de la cual hablamos y que la hizo acreedora de una recompensa. “Ling se posesionó de mí y me hizo continuar la historia que comenzó siendo de cuatro páginas y no pude detener. Este es mi primer intento en narrativa, por eso estoy muy contenta”, indicó Arroyal, madre de tres hijos, quienes por cierto dieron su visto aprobatorio al relato antes de que lo presentara en la bienal.
Pero si hay algo que ha previsto Arroyal es plantar una semilla más en la conciencia de las generaciones futuras con base en el ecosistema. “Mis hijos comparten ese amor por la naturaleza”, acrecentó sobre esta prueba superada y además premiada. Y así, la poeta dejó por ahora sus versos y rimas para emprender un viaje narrativo con retorno al lugar de origen. De esta manera Arroyal invita a los infantes hasta un bosque de bambú donde —ya fuera del relato—, exactamente hoy, habitan osos panda cuya vida está en peligro de extinción. No en balde, la región asiática seccionada por la escritora fue Xi’an, aunque el hogar de la osita protagonista de su historia “estará donde esté tu corazón”. ¿Residirá el mensaje final del cuento en esta frase colocada mucho antes del final? “Pienso que sí, Einstein dijo en una oportunidad: Yo soy del planeta Tierra”, pensó.
De igual manera, en las palabras de Marissa quedó asentado el amor por los poetas orientales que, incluso, la llevó a expresar: “¡Adoro su filosofía de vida! Pero mi cariño más grande es hacia los osos panda que habitan en medio de una naturaleza hoy perseguida o acosada. Por esta razón surgió en mí este relato para niños que nos hace tomar conciencia de lo que nos rodea. La tierra no nos pertenece, nosotros debemos adaptarnos a ella”.
Y es que para algunos escritores la posesión de un personaje en su vida ha acarreado deseos insoslayables. Por ello, ¿se podrá desprender un escritor de un personaje o siempre lo llevará consigo? Al respecto nos comentó: “El deseo de escribir el cuento es inconsciente. Siempre lo lleva consigo porque tenemos un mundo interior que es tan grande como el cosmos original. Lo instintivo se ha convertido en un universo entre nosotros. De alguna manera los personajes pertenecen a ese orbe oculto”.
—¿Qué opinión le merece la promoción de las leyes de protección a las especies en extinción?
—Son fundamentales. La humanidad nos pide volver urgentemente a la naturaleza, a respetarla como ella nos ama a nosotros —pensó Arroyal, hecho que desprende de un correo, enviado a la respectiva escritora, vía e-mail, sobre la matanza de focas en Noruega. “Hay personas que hacen turismo matando mamíferos. ¿Cuándo vamos a entender que nos estamos destruyendo a nosotros mismos?”, se preguntó a sí misma.
—Usted magnifica sus personajes y crea un vocabulario con toques de dulzura. ¿Qué otros elementos forman parte de su manera de ver la escritura infantil?
—Siempre había escrito poemas, este es mi primer intento en prosa. La existencia misma es lo que forja mi escritura. Se ha convertido en un don de mi vida y en mi caso es una aventura. Creo en esa sorpresa de encontrar y descubrir algo nuevo. Mi manuscrito forma parte del descubrimiento del mundo que me rodea —dijo Arroyal abstrayéndose hasta su infancia vivida en ciudad. “Creo que los primeros años de mi vida estuve en contacto con el campo”, añadió sobre lo que le permitió sin premeditarlo el encuentro con la musa.
Entre las tantas líneas armoniosas sobre Ling, Arroyal escribió una frase que dice: “No añores el pasado. Mira el futuro sin olvidar que el futuro es el resultado del presente. Al dormir duerme como si fuera tu último sueño. Al despertar deja enseguida la cama como si estuvieras desechando un par de zapatos”, pero, ¿qué más se ocultará en este mensaje? A la pregunta avivadamente respondió: “¡Una filosofía de vida!, el vivir el momento presente. Muchas veces nos dejamos llevar por el pasado recordando los errores que cometimos, las vivencias que tuvimos o el futuro, tratando de planificar lo que nos va a ocurrir. Y nos perdemos el presente”. Sobre el contenido interior de la historia en otra página de su texto insistió: “Lo que parece un mal puede resultar un bien”. A la veracidad de esta oración, Arroyal sintió positivamente: “Sí, porque muchas veces sucede algo imprevisto en nuestras vidas que más bien hace que maduremos. Siempre habrá un cambio. A lo mejor nos estamos dejando llevar por la comodidad de la rutina y ese aparente mal, nos hace reaccionar. Esto de seguro redundará en cambios”.
—De acuerdo a lo que usted plantea en la historia de Ling, ¿debemos pensar que existe un paraíso lleno de ideales? ¿Estará en un bosque de bambú?
—(Risas) Sí. Los ideales son nuestro sostén. Pienso que tenemos que tener convicción y defenderla. El bosque de bambú es un ejemplo de algo que se dobla pero no se quiebra. Ello significa el ser flexibles ante los nuevos acontecimientos que, día a día, nos trae la vida, y que eso nos sirva para fortalecernos.
—Percibí algunos mensajes implícitos en el personaje del gobernador. Los distingo positivos, ¿son intencionales?
—Quise que todo el cuento tuviera la importancia de la solidaridad. Sería ideal que pudiéramos tener a nivel mundial gobiernos solidarios con el pueblo.
—Dando rienda suelta a la imaginación, ¿le gustaría que los animales hablaran? De ser afirmativa su respuesta, ¿qué nos dirían?
—¡Me encantaría! (risas). Es más, pienso que hablan. De hacerse real nos contarían que quieren ser nuestros amigos, que son leales. De hecho hay un cuento que dice que “mientras más conozco al ser humano, más aprecio a mi perro” —alegó Arroyal; en evidencia está su mascota, una perrita que, según ella, nunca está de mal humor, más bien siempre está esperando caricias. “Sé que habla sin hablar”, imaginó finalmente en amor a ese sentimiento de infante.
El Rey Maíz
Ella añora lo que fue. La respuesta la puede conseguir en lo que sigue. Su infancia transcurrió en Tacarigua (y no precisamente es de Mamporal, ni de La Laguna, también recónditos lugares de Venezuela). Por el contrario, es un escondido pueblito ubicado en la Isla de Margarita, que no sólo ofrecía a sus parroquianos pescados, sino también se transmitía —de generación en generación—, la idea de vender maíz y elaborar unas apetitosas cachapas, bollitos o, quizás, arepas raspadas o peladas, como forma de ganarse la vida. Lo cierto es que en aquel caserío, muy cerca de una montaña, una niña de siete años recapitularía, muchos años más adelante, los mejores momentos de una vida rural. Momentos vistos al presente, como gratas imágenes transportadas a un cuento donde el monarca es el maíz.
Hablamos de la docente Norys Alfonzo, acreedora de la mención especial en la II Bienal de Literatura Infantil de Cofae. “Yo viví en un pueblo agricultor en la Isla de Margarita. Allí las familias que se reunían en el campo basaban todo su imaginario y costumbres en los cultivos del grano. Los pobladores participaban en aquella labor característica de una economía agrícola sencilla”, evocó la maestra a razón de por qué los niños tenían un protagonismo en los grandes maizales. “Más que una obligación que nos imponían los mayores, fue un placer porque nos tocaba espantar a los pájaros para que no se comieran las mazorcas. La elaboración de los espantapájaros era una delicia”, completó en recuerdo a su niñez.
Y es que El Rey Maíz es otra de las muchas historias que rinde culto a la planta originaria de América. Dicho continente también le serviría de seudónimo para atraer a los jurados del galardón. Así, diecisiete historias cortas se fusionan en un sabroso epítome de tradiciones y cultivos patrios. Pero también su autora dejó muy claro que su motivo de inspiración a la escritura son autores como el poeta Manuel Felipe Rugeles. “Los cuentos están dedicados a todo aquél para quien su aldea es un universo. Esa ha sido mi visión del mundo porque las representaciones simbólicas de los niños que crecen en ciudades son distintas a las de los infantes que se educan en zonas rurales”, señaló la ganadora haciendo resaltar que, para ella, lo rural ha sido siempre más significativo, respuesta ésta a su impresión de niña. “Me quedaría con el campo. No podemos menospreciar su concepto”, asintió pensando además en El Popol Vuh, libro sagrado de la cultura maya-quiché como la gran Biblia para Venezuela, como un monumento a la sabiduría y a la poesía mesoamericana. Norys nos recuerda cómo esta obra, del mismo modo que El Rey Maíz, describe la creación del hombre de maíz.
—¿Previó jugar con los niños en su manera de concebir la escritura, con la hechura de una muñeca de tuza con adivinanza incluida?
—Nosotros hacíamos estos juguetes con nuestros abuelos, grandes chamanes que se sentaban en la noche para contarnos historias y nos hacían hacer manualidades —añoró al recordar las vaquitas con matas de taparo tierno y palillos con rabos que realizó de pequeña, razón por la cual creen en la importancia de inculcar el aspecto lúdico en la formación primaria.
—¿Hay que mimar al niño cuando se escribe para él?
—“El adjetivo cuando no da vida mata”, dicen por allí. Se debe tener una excusa para tratar este tipo de narración que debería tenerse en cuenta. En mis historias me gusta trabajar con un vocabulario accesible que incluso debe tener un glosario de términos, ya que hay regiones en Venezuela que tienen sus tipos de jerga adaptados al maíz.
—Como centro de atención percibo unión familiar en su historia.
—Así estaban concebidas las familias en el campo, pero se han perdido los cantos del pilón, por ejemplo. Por ello, mezclo la imaginación con la experiencia lúdica —consumó al apreciarse como una mujer con interioridad de niña.
Se calienta el budare a propósito de un cuento de maíz
(Versión de la ganadora Alfonzo)
Arepa tibia:
Ingrediente:
Un kilo de maíz semiduro desgranado.
Elaboración:
Hervirlo en dos litros de agua durante media hora a llama alta. Luego bajarla y apagarlo a los 10 minutos. Dejar reposar toda la noche y al día siguiente lavarlo y frotarlo 2 o 3 veces con agua. Después de moler y amasar con sal, tender en plancha muy caliente.
Observación: La cocción del maíz se realiza siempre en la noche para que “repose” completamente.
Arepa pelada o raspada:
Ingrediente:
Un kilo de maíz seco con concha.
Elaboración:
Poner a hervir dos litros de agua con 5 cucharadas de cal. Al hervir agregar el maíz desgranado por una hora y media hasta que vaya secando. Para saber si está listo tomar unos granos y verificar que la concha se despegue con facilidad, el grano debe estar blando. Reposar una o dos horas (o toda la noche). Se lava muy bien para sacar todo rastro de cal. Se coloca con agua limpia nuevamente en la hornilla para dar un último “hervor”. Moler y amasar con sal.
Observación: Esta masa se puede refrigerar y usar luego. La masa tibia es muy delicada y debe consumirse el mismo día.
Las dos mujeres también son así
Norys Alfonzo es licenciada en educación mención castellano y literatura egresada de la Universidad de Oriente (1987), recinto donde ejerce como profesora asociada a dedicación exclusiva en educación integral desde 1989 hasta el presente. Realizó estudios en maestría en literatura venezolana en la Universidad de Carabobo (2001). Actualmente es cursante del doctorado en educación de la Universidad de Oriente (tesis doctoral). Es mención de honor en el III Concurso Literario “Día del Profesor Universitario” de la Asociación de Profesores del Núcleo de Sucre UDO (1999). Tiene publicado un poemario de nombre: Gerundios. Logró el primer premio Fundarte de Poesía (2004) con sus Poemas de la sed. Tiene otras publicaciones de cuentos y ensayos literarios en suplementos culturales y revistas del estado Sucre.
Marissa Arroyal Ordeix, venezolana nacida en San José de Mayo, Uruguay, es poeta. Ha participado en los talleres de creación poética de la Casa Nacional de las Letras Andrés Bello y del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (Celarg). Seleccionada para integrar el Taller de Literatura Infantil de Monte Ávila Editores Latinoamericana 2004-2005, coordinado por el escritor Armando José Sequera. Ha colaborado con la producción de la Semana Internacional de la Poesía, organizada por la Casa de la Poesía J. A. Pérez Bonalde. Ha publicado el poemario Vertiente norte, Ediciones Actual, 2004 (mención de honor en la V Bienal de Literatura Mariano Picón-Salas, de la Universidad de Los Andes). Premiada en el Certamen Mayor de las Artes y las Letras 2004, con el poemario Guaraira Repano, edición del Consejo Nacional de la Cultura (en imprenta). Ganadora de la Bienal Latinoamericana para Niños y Jóvenes “Canta Pirulero” 2004 con el poemario La montaña que vino del mar, Monte Ávila Editores Latinoamericana (en imprenta). Seleccionada para viajar a México a través del Concurso Programa de Residencias Artísticas Colombia-México-Venezuela (Pira 2005).