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“Estaciones de paso”, de Almudena GrandesSobre la nueva novela
de Almudena Grandes
Años de primavera

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En su última visita a Argentina —octubre 2003—, Almudena Grandes llegó para presentar en sociedad su novela Castillos de cartón. En esa oportunidad, ante una platea numerosa, confesaba que después de esa obra se acordaría de los años difíciles de la adolescencia. Cumplió. Hoy Estaciones de paso está entre mis manos y, como todo lo Almudena, bien vale su lectura.

Volver a Grandes siempre es un placer. Es que esta madrileña, en poco tiempo, se ha transformado en una de las más sólidas narradoras de la península. La española viene desplegando una literatura atrapante que no le deja al lector levantar la vista y, sobre todo, no le da respiro en el terreno de las emociones.

Estaciones de paso nos llama desde su excelente portada y nos invita a ver el rostro de aquella primavera que todavía florece en el alma. Un detalle no menor de la obra corta, es que, sin lugar a duda, todo es una invitación a la esperanza. La autora, al igual que los protagonistas, luchan, se comprometen, tratan de doblarle el brazo al pesimismo y deciden encontrar un camino que los aleje de la derrota.

Estaciones de paso son cinco historias que transcurren en la primera juventud. Después de tanto texto al respecto —alguno desechable—, meterse con los jóvenes, asimilar su tiempo y establecer una mirada sobre ese terreno minado de timidez y complejos, parecería una tarea poco grata para cualquiera. Sin embargo, a Almudena esta desventura le seduce. En rigor, el desafío es su debilidad. Así nos pasó con Malena es un nombre de tango, con Modelos de mujer, con Los años difíciles y Castillos de cartón. Ahora su escenario es el fútbol, la política, los toros, la música y la cocina.

Grandes nos deja volar por un momento y, a la vez, pensar en aquellos años cuando todo estaba al alcance de la mano y el futuro era un objeto lejano de deseo.

Bien podría, cada una de las historias, ser el proyecto de una novela más extensa. Seguramente Almudena lo considere y vuelva sobre sus propios pasos a la misma estación.

Por ahora, no le pidamos más y soñemos con esa etapa de tropiezos y rebeldías.