Letras
Poemas

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Camino
piso los charcos
de una calle sucia
ahogada de aceites.

El niño de la esquina
me extiende la mano
como siempre
no tengo nada que darle
pero hoy
mis zapatos
quedan en sus pies.
Ahora
mis uñas comienzan
a coser el frío
bordándose el asfalto a los talones.
Un olor a cebolla enmohecida
revuelca mi estómago

                vomito
los “perros calenteros”
ríen de mí

cierro los ojos
hablo con mi sombra
y el pastel de fibra
se desvanece en mis manos

casi nunca entiendo
por qué me asquea
tanto la vida.

 

En tu cuerpo están las fresas
untadas a la nutella de mi despensa.

Sentada en tu sexo
voy abriendo con mi lengua
el camino de mis metas

atrapando en un solo mirar (sin pestañeos)
el sabor de la acidez
con la espuma del vino blanco.

Me sumerjo en el canto de tu respiración
en el lamer de tus sentidos

el chocolate se desgasta
las frutas se acaban

tu piel desfallece
por el deseo de beber
los fluidos derramados en mi piel.

Succionas el latido de mis labios
hundes tus dedos en mi carne

                                                            tu carne

introduciéndonos en el pecado
en la acción de la entrega
                                              de la penitencia.

Las horas son meses
los años son siglos.

El Lg
evapora cada gota de sudor

los orgasmos
revientan las copas

bebemos el clímax
                             unión de espíritus
para convertirnos
en sólo dos horas


en el amado
yo
por siempre
             en la amante.

 

Somos
el encuentro de la semana
la cerveza de los viernes
los maestros de cada verso
las llamadas a media noche
el agua en días de 40 grados.
Jugamos
                (siempre)
a los besos
a quitarnos la ropa en cada mirada
y a bebernos el vino en nuestros cuerpos.
Somos
principio y final.
Despertamos desnudando secretos
callamos algarabías
controlamos el espacio.
A veces
hacemos silencio
reímos del protocolo
amanecemos en otras sábanas
deseando volver a vernos.
Calentamos el agua para bañarnos
y nos cauterizamos hasta los huesos.
Simplemente
somos
esos amigos
a los que la gente
ve juntos pocas veces.
Nos une el oficio
              (el ambiente).
Pero
en este día
cuando te acuestas con Ella
me dejas tan incierta
tan falta de abrigos
que cierro mis ojos
camino entre la gente
y le clavo un puñal
a mi aorta.

 

Ese muchacho del taller

bebe
el Johnnie Walter
de mi cuerpo

succiona
el Bailey’s
de mis labios

cata
el Something Special
de mis ojos.

Bajo sus silencios eclesiásticos
va
encadenándome

me roba
los sustantivos de sangre
las palabras de mis venas
los verbos de miseria

ese muchacho del taller
sólo con mirarme
abre las puertas
penetra en mi templo
y se va sin tocarme.