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A José Váscones Briones
por última vez

no te debo nada sólo te amé

En la palabra padre hay
un espacio de resina y urna
—él un caos perfecto—

Llevo su sangre como pacto
con el infierno
llevo su ternura como Cristo
besando los pies de Magdalena
llevo su nombre como salvaje
recogiendo la luz en la roca grabada

Su ausencia la cubro con parábolas
echo incienso en sus pasos

Mi origen desemboca
en la angustia divina:
estoy sola.

 

habitación 110
4 de agosto de 1997
8:10 pm

Tallo en la luna el movimiento
del caos
someto la muerte a la belleza
del nacimiento

Él se acabó un cuatro de agosto
no vi su muerte
no quise recibirla

Su angustia era como un hijo
desterrado del vientre del deseo

Cuánto quería calmarte
quitarte de ese trecho
de tu sufrimiento sólo tú sabes
no estuve en tu pellejo
tu aliento desesperado luchaba sin tregua
recibía tu miedo que era mi impotencia
te abrazaba para apaciguar eso que sentías
nos quedábamos quietos con las manos juntas
cómo aparecía tu dolor de no separarte
mi vehemente y tierno incapaz de odio ni rencor
cómo hubiera querido que te fueras
sin la lucidez del último paso
para que no pidas
no te dejen morir

Cógeme dijiste como si fueras un niño te quedaste
en los brazos de Mercedes
tu cabeza cayó en su pecho
tuve desolación verte ese instante
sentí furia y un ahogo
que me quitaba el aliento
de no poder hacer nada
de enfrentarme con tu cadáver
de ya no escucharte
no sé
si era soberbia o egoísmo
quizás si lo sé
tu certeza inconfundible
tu presencia de patriarca
el hombre que conocí
con su orgullo y fragilidad
un humano especial en el redil
de mi historia
aquel que puso el espermatozoide
en el óvulo de mi madre
exacto coito del engendramiento
yo tu hija atestiguo
parte de esa alianza
que construiste con ella
no tienes sustituto
fuiste solo tú

Por eso la frialdad eterna
no te pertenece
ni a mí

Me es inevitable pensar
en tus gusanos
que te están devorando
Imagino la putrefacción de tu cuerpo
su olor espantando la eternidad
menos mal que los buitres no llegan allí

Ya no estás —ya no eres

Cayó tu acto
no hay próximo encuentro
tú sin mí yo sin ti

Aquí estoy escribiendo
ya no leerás mis inéditos
mi crítico y primer lector
te extraño

Amante padre me traicionaste
te fuiste con mi rival
siento el dolor del dolor
no tengo nada que juzgarte sangre de mí
echo tierra al vacío
escupo la nada
me lamento como nunca
lloro sin más

Qué problema ser mortal
cómo duele esto
este dolor
como que no
fuera a acabarse

Tengo partida el alma
tengo un boquete en la palabra
que tienes un lugar

El arco iris está fragmentado
en el universo de mi memoria

Ausencia de ti
soledad del silencio
ahí

Dios nombrarte no basta
en este momento

Siento un movimiento caído
en la mudanza del verbo

El dolor es una forma
de no morir

Salgo del panteón y de la oscuridad
me alejo de la lápida
siento una tristeza profunda
te llevo como secreto

Le doy giro a mi ser
me encuentro otra
me enfrento

Veo en mi rostro
la huella de la pérdida
me visto de luto
por no sé qué tiempo
busco su rastro
ni su sombra
—disgrego—
alguna vez pensé
en el suicidio
no soy capaz
me alejo
de la melancolía
sepulto la idea
que se cruza
qué duro sin ti
impongo mi presencia
te guardo dentro

Mi deseo dispone de la eternidad
que no soporto
tonterías de la razón
magia del cómico

Para no estar extraviada
en tu imagen
hago toques de poesía
danza dentro de mis dudas
como hada infantil

Siempre me faltó algo
quedé ahí

Me quiero liberar de mí
pero en el fondo no
“me quedo conmigo”

Muerte carencia del deseo
espectro del abismo
yo de otro
resto del ser

Yo no soy otro

Estoy libre de tu muerte
no te debo nada padre sólo te amé.

 

Alguna vez me contaste
que cuando tu mujer nacía
tu historia había empezado
otras lunas coqueteaban y sollozaban
no sabías qué pasaba
estabas alucinado con tu deseo
pusiste sembríos en otra tierra
crecieron como girasoles
desafiando al sol
te asustaste y huiste a otro sitio
ibas como siempre
traje blanco nítido
con tu cigarro infaltable
tu sombrero
el bastón fue después
estabas bello
no entendías el movimiento
la gente se encaminaba a un lugar
quiso el pueblo detenerte
peleaste como ebrio con el fantasma
oíste el cadáver anunciado
por las campanas de la iglesia
te acercaste siguiendo a los otros
te encontraste con la casa de tu amigo
el difunto pertenecía a su familia
se acompañaron hombro a hombro
medio dormido te quedaste
entre trago puro y la vida
seguían llegando los conocidos
en el féretro estaba la matrona
mamá tomasa la llamaban
era de riendas firmes
respetada y querida
un muerto no se va así no más
sacudiendo la borrachera del vacío
pensaste un café para sacarte
de encima la noche
buscaste pedírselo a quién
era un revuelto todo ese rato
por aquí por acá el cruce humano

—Ese día estaba hecho para ti—

Diste vuelta a tu pisada
te acercaste a la joven
le preguntaste quién eres
apenas los pezones le asomaban
bajo la blusa
ni gota de maquillaje
el pelo recogido
vestido ceñido a la cintura
parecía una hermosa garza
te contestó soy la hija de Martínez
casi refregándote los ojos
abriste la boca bien grande
¿dónde te tenía escondida?
te quedaste mudo
sacaste tu pucho y lo prendiste
de reojo y de frente siguiéndola
te trajo la taza caliente
la detienes
y como si la conocieras
hace mucho tiempo
como si se tratara de un pacto
hecho a escondidas
como si ella sabía
de lo que se trataba
como si nada
casi seguro y con dejo
de asentamiento
la desafías y la posees
con tus palabras inquisitivas
parecías un as de póker
perdido en la soledad del jugador
no pensaste en el riesgo
te lanzaste al ruedo
no sabía qué hacer la muchacha
te siguió el juego
ninguno de los dos se retiró
se marcaron las miradas
se hirieron con el aguijón
de los sueños cómplices
él ya maduro corrido
ella apenas saliendo
del parque de los juegos
no importó nada
la prendaste
poco a poco
al tenerla tan cerca de ti
sacas del bolsillo un escapulario
y como si fuera una sentencia
muy serio
sin pedir nada
sólo decidiendo
sueltas la lengua...

Un día antes
de ya no verte
con la luz en tus ojos
volviste a ese momento
y como estrofa de pasillo
susurraste tu declaración
de hombre enamorado
con dejo de amor
como si tuvieses
“el alma en los labios”

“Un detente del corazón de Jesús
hizo el milagro
al colocarlo alrededor de su cuello
le dije que quería usara
junto a su corazón
que era el lugar
que quería estar ubicado
desde ese momento para siempre”

Te escuché atentamente
detenidamente
letra a letra
te besé
y te dije al oído
tú sí que la amas
sonrió dulcemente
como retornando
como que no había
pasado el tiempo
como que estaba
con ella ahí
como que no existía
nadie más
como dos palomas
en el tejado de una casa
como ellos
únicamente.