Tzu
Tzu Hsi camina por los campos de loto
sin preocupación camina, erguida, lozana
con la miseria carcomiéndole los dientes,
porque el emperador le ha dicho cien veces no,
no hasta el cansancio, y ella que no tiene afán
no sabe en qué ocupar su tiempo, ni sus uñas.
Tzu Hsi cae en copos de cetrina lágrima
en atardecer sobre la ventana donde suspirasudeseo
sándalo, y semillas de un invierno sagrado.
Atada de locura con la mirada perdida
en el monte del ciervono le hace asco a la nada,
porque los dioses se lo impiden,
le calman el vientrehueco con ungüento de pájaros.
Para ser la preferida es que se hizo meretriz,
madre, bruja, cierva con las cuencas en sigilo
sobre la montaña que arde de goteras,
para que el emperador la mire
y sobre la cama real la humille
le baje la cerviz de faisán dorado
con el único afán de sobrevivirla.
A veces me doy vergüenza,
tengo cuerpo de erizo negro
y unos brazos de lirio quebrados
tengo unas rabietas que me suben el azúcar
tendida en mi cuerpo como ojo de mar.
Me tengo distancia,
una sombra que se ha vuelto éter
y que adormece cuanto toco o me toca.
La hora de mi muerte es la única certeza
y bailo cueca bajo las palmeras de mi espera.
Muchos creen que soy un tonto,
un tonto con camisas de once varas,
con cuello de jirafa para mirar la luna,
pero la verdad que soy menos
menos que un abismo en la pupila de los muertos.
No sé por qué escribo
por qué agarré este vicio de solitarios
y esta noche que cae como el bostezo
en mis pantalones, en mis uñas,
es lo único que calma mis excentricidades.
Pobre, no fui poeta, ni fui marino,
no fui pulga equilibrada en su tormenta de sangre
la verdad ni siquiera fui esto que pretendo.
Me dio el tiempo la medalla de la gota y de los flatos
y un estornudo me tumba sin piedad cada mañana.
Ya no me aguanto hago agua por los tres costados
y una bandera flota mientras me hundo
en el oleaje de mis virtudes.
Monarca de imposibles
Yo soy un golpe de nada,
cataclismo de recuerdos
que naufragan en silencio.
Hombre perfecto
vagabundo de soles
y lunas menguantes,
monarca de imposibles
ungido entre cuervos
que regresan de mi alma
delirando infiernos.
Tengo deseos entumidos en la mente
herraduras tiradas en el pensamiento
rayos que fulminan la fatalidad.
Soy lo interminable
y moriré abrazando espejismos
escondido en el invierno
donde crece la hierba
con la humedad de mi tristeza.
Sensualidad
Oh, Narciso después que te ames
y distendido quede el lecho de la tarde
sabrás que tras el estertor mojado
sólo queda esa humanidad
llenando de letargo el corazón.
Ahora desnúdate y copula estrellas
la noche recuesta su ansia violenta
y gime coagulando el alba
pero antes del impuro desmayo
hunde en tu cuerpo caliente su pecho lunático
y extraviada se queda en la niebla del placer.
Oh, narciso bendice tus orgasmos
perfecto como eres hasta la tierra
trémulamente desfloras
caen vértigos de sangre
sobre el ángel desvelado de la muerte
y con la barca de la lengua lame
el siniestro borbotón de la vida.
Tus sueños son espejos en que miras
fúnebremente pasar el ánima del destino
mientras te impregnas del perfume trágico
que gotea tu añosa energía.
Contempla tu espíritu en ritual macabro
cómo sepulta el cadáver de los años
en la penumbra de tu sexo.
Oh, Narciso, maldita sea tu belleza
y las infernales de la perfección
Cio Cio San, mariposa
encandilada de lunas llenas,
danzan esta noche para ti
el fantasma de tu madre
y la luz de enero.
Tú que estás en medio de la fiesta
con tu kimono de amapolas
y los ojos de aceite sagrado,
te dejas llevar por la música
la música que huele a puros,
a un puerto y una carta.
El sol nace en tu pagoda
en ninguna otra parte,
Nagasaki tiene 15 años como tú,
ni un día más tendrá,
lo mismo que tus sandalias de geisha
o el puñal con que cortas
las raíces de los cerezos,
las trenzas de tu castidad.
Baila, mariposa, al compás del sueño
que el mundo no es otra cosa
que un tumulto, jolgorio, adaggio,
baila hasta que tu pena caiga de bruces
en los arrozales de la nostalgia
y por fin, tus lágrimas serenen el ocaso.