Pétalo partido entre dos ramas de caminos...
entro a la luz de tu cuerpo invisible.
Lluvia, sol, mar y deseo
no sé esconderme en el silencio mudo por los hombres.
Luz del planeta, tu voz.
Poro a poro te estoy nombrando en mi sombra,
lluvia de marzo entre los dedos:
mar, río, sangre, oro,
capullo petrificado en las arterias.
Voz del mar de mi lamento herido
somos los hombres del mañana
con un nombre de Cristo
que nadie ha visto.
Tu cuerpo es transparencia del alma
hacia las cosas bellas.
Estatua, esfinge, arena, río sin sangre, mal herido
entra la luz por tu cuerpo
me abraza el verbo de tu boca,
estrella en luz risueña,
espadachín del trópico norte,
espadachín de mi alma cansada por la vida.
No sé cómo llamarte
si aire ilusorio, mortaja clandestina,
suspiro en flor de una hora muerta, loca, sin vida
o maridaje de amor entre mis manos.
Compañero de la luz: escúchame
que en esta hora en que la luz se acaba
quiero estar contigo.
(De Ante la luz de un amor prohibido, pág. 159).