Marginal
La sangre habla
Desde un fragmento de mi lengua subalterna.
Un árbol removido de raíz,
Libera el movimiento de objetos atrapados
En esta malla.
(No hay castigo para las víctimas del tacto).
Poema que transita por un rastro de plomo,
Sobre huesos que cubren la tierra que expira,
Y mezcla deseo y memoria,
En una voz enferma, desmembrada.
Mi cuerpo carece de órganos:
Cicatrices usurpan el lugar de manos, piernas, garganta.
La sangre se desplaza por el borde de mi boca,
Hasta inundar la frontera de este campo de ceniza.
Mi lengua no conoce de acrobacias;
Una navaja se apresta en este instante a silenciarla.
Campo minado
Me tiendo de bruces en esta ladera.
Una fila de hormigas trepa
Las lomas de mi espalda.
La hierba crece como fusiles al borde de este abismo.
Apago cigarrillos en los ojos de los buitres
Que merodean la carne acribillada,
Y acciono la luz de alerta
Ante la inminencia de una escritura negativa.
Mis camaradas buscan calzar la noche,
Que baila con cintura de ramera
Y la cuchilla al ras bajo el señuelo.
Es una contradanza que secciona
La ansiedad de los cuerpos.
Un desnudo móvil, cinemático, que se proyecta
Detrás de una escenografía de cadáver.
Todos habitan sin falta
Este reino de exterminio.
Asociaciones
“Abra la boca, poeta, y no trate de ocultar la caries
Que cubre la doble hilera de sus dientes.
Despéjese,
Y escupa las palabras que se apoderan
De su cerebro,
En este instante de revelaciones”.
El analista ríe con una mueca de cinismo.
Se extiende con malicia en la aridez del diván.
Lengua / Objeto / Escritura.
Ojos / Máscara / Ceguera.
Boca / Vendaje / Silencio.
Útero / Fosa / Muerte.
Cuerpo / Cuchillo / Cadáver.
Fósforos / Oxígeno / Cenizas.
“Pero no hable de la muerte, querido señor.
Basta con abrir la llave del gas,
Mientras afuera la lluvia toma forma de paliza,
Y no hay lugar para arrepentimientos,
Ni refugio para quien pierde el paso
Entre los charcos”.
Estación periférica
La anciana que sube al metro
Con un manojo de espigas muertas,
Se sienta a mi lado para pulverizar mi rostro omnipotente.
En cada arruga asoma una hierba calcinada por el sol,
Con olor a abono de caballo entre las raíces de la tierra:
“Mi hijo expiró en la piel seca del desierto.
Después de saciar su sed con alcohol entre los cactus,
Una turba descolorida azotó la planicie como camada del abismo.
Fragmentos de ceniza envenenaron el aire de los arenales”.
La boca de la vieja desborda su reflejo en la ventana.
Desde los túneles se abren rieles deshechos.
Gatos huraños asaltan el basural de esta ciudad de nadie.
Una aguja sutura ombligos femeninos
Ante manchas de aves insaciables.
La margen de un río intersecta mis venas;
Cruzo esta acequia hacia mi casa disuelta en barro.
Un retrete vigila la desembocadura de todo acto nulo.
Mi lengua cortada pertenece a los objetos sin casta del desierto.
Darklands
El bosque absorbe la forma de mis manos.
En una caja de metal escondo
Todas estas metamorfosis incoloras,
La mutación infinita de mi cuerpo
En un objeto filudo
Al borde de mi boca abierta:
La madriguera del caos.
El río no lava la memoria.
El río es la enfermedad de la memoria.
El agua moja la piel, los ojos vigilantes
Que cuidan las paredes del laberinto que me rodea.
Los límites de mi dominio
Han desollado piedras de ácido,
En esta tierra oscura como un cine
De imágenes enmascaradas en un juego de luz y vacío.
Mis ojos crecen,
La mano posee el horizonte,
Y la marea se agita como mamífero a la deriva.
El viaje acaba nunca, el viaje
Es el doble del alma, el desierto otro
Que rasga una cuerda de miedo
Como una cicatriz en el ombligo de mi madre.
La lucha disuelve el polvo.
Las armas brillan en mi espalda,
Y las balas perforan mi identidad
En el campo minado del ojo,
Del nombre o la memoria.