Boris Izaguirre, el conocido periodista y “showman” venezolano de televisión, presentó el pasado 29 de marzo la reedición de su primera novela, El vuelo de los avestruces, que apareciera anteriormente en 1991 bajo el sello Alfadil y ahora lo hace con Alpha Decay.
Protagonizada por un enano homosexual en la Caracas de finales de los ochenta y principios de los noventa, la novela está llena de “personajes marginales, más allá de la periferia del poder y del dinero, que, sin embargo, consiguen penetrar en ese mundo, igual como ha pasado después con el chavismo, que para bien o para mal ha cambiado las reglas del juego en Venezuela”.
Izaguirre, quien afirma que cuando termina de escribir un libro “es como si una piel inmensa se desprendiera de mí”, califica su novela como una narración de aventuras, un “Huckleberry Finn caribeño” en la que interactúan tres personajes marginales “decididos a triunfar”. En su opinión, “el triunfo era una metáfora del tiempo y la sociedad que representan”.
La trama de la novela se desarrolla en Caracas, “un delirio de lugar” marcado por la “permeabilidad social del país”, ya que a pesar de la fuerza de los poderes establecidos “existe una especie de magma que puede derrocarlos” y, de hecho, los tres protagonistas de la obra, a los que dice guardar “mucho cariño” —especialmente al diseñador Cerro Encendido, en quien asegura verse reflejado—, consiguen “penetrar en esos mundos”.
La obra también tiene como trasfondo las revueltas populares de 1989 motivadas por el incremento del precio de la gasolina, que llevó al “desmoronamiento de una sociedad” que “se creía rica y estaba amenazada por una serie de fuerzas”.
Tras esta novela de debut, Izaguirre no volvió a publicar hasta seis años más tarde, período en el que protagonizó una telenovela en Argentina que “me hizo venir a España, hacerme famoso y casarme”, lo que califica como “una decisión inteligente”.
Tras subrayar que se encuentra en el mejor momento de su vida, después de cumplir los 40 años en septiembre y casarse con su novio Rubén en febrero, el presentador del programa Channel Número 4 ha defendido la vigencia del título del libro como metáfora de que lo “imposible es lo que cuenta”.
Entiende Izaguirre que forma parte de una nueva generación de autores suramericanos, con el ya fallecido escritor chileno Roberto Bolaño, con el argentino Rodrigo Fresán o con el peruano Jaime Bayly, que “nos quisimos separar de Macondo”, en referencia al colombiano Gabriel García Márquez, y apostaron para que “el inmenso realismo mágico pudiera dar espacio a otro tipo de fantasmas, aunque al final uno termina conciliando ambos mundos y es el mismo hecho de escribir lo que nos aporta una mayor felicidad a todos”.
Explicó que de pequeño quería ser banquero —“me gustaban mucho los trajes”— y, tras admitir que el éxito de Morir de glamour fue “inesperado”, destacó de este ensayo su capacidad para conciliar “la crónica social, la observación y la reflexión sobre el glamour”, un concepto “sobre el que no hay nada escrito”.
En su opinión, el glamour “se puede obtener con el tiempo” mientras que la elegancia “se nace con ella, es como una condena”. El autor recalcó que el glamour fue “la respuesta de Hollywood al nazismo”, que nació mientras la meca del cine creaba sus propios mitos. “El glamour triunfó sobre el nazismo”, añadió.
Al hablar sobre sus proyectos, dijo que antes de ponerse ante un folio en blanco se dedica a enviar correos electrónicos “para perder el miedo”, y agregó que, aunque Channel Número 4 absorbe casi todo su tiempo, no descarta en un futuro próximo escribir un libro que tuviera que ver con el concurso de Miss Venezuela, según él uno de los “rasgos culturales” más importantes de su país.
Definido a sí mismo como “frívolo, inteligente y desmesurado”, Izaguirre ha publicado hasta el momento, además de El vuelo de los avestruces, las novelas Azul petróleo y 1965, y es autor de los ensayos Morir de glamour, Verdades alteradas, Fetiche y El armario secreto de Hitchcock.
Fuentes: El Universal (Venezuela), EFE