Letras de un perro triste... (extractos)
Afuera los perros rasguñan su sarna / Afuera se libran batallas / donde yo fui perdedor / si hubiera nacido para obedecer / pero yo / rebelde fui / la vida nunca me gustó...
Arturo Meza
Inhalo.
I.
Tengo un recuerdo que atardece
atado en la mesa sucia de alas verdes quemadas.
Gritos tenues de bocas negras
sumergen mi conciencia delirante en el naufragio.
Los pasos silenciosos de la noche
deshojan el tiempo en que dios murió;
condenados, seducidos, opacos, tenues
con risotadas carcomiendo sus huesos.
II.
Me desligo de las podridas letras que se escurren en mis manos,
reconstruyo el tiempo... inhalo.
Vuelo alrededor de la mesa,
atravieso la barrera de la oscuridad
Llegué a la cima del mundo
donde mi alma de sísifo en absurda condena
deja caer sus ilusiones al vacío
y recrea su historia.
Veo el atardecer de mi memoria
el piso se convierte en río
caigo...
¡Todo cambia, Nada permanece!
Mi cuerpo se retuerce ante el cambiar del agua
navego,
lloro...
tengo frío.
Arreal
Correteo murmullos de agua en el tejado
con gatos heridos de corazón menguante,
me divierto fuera de la línea que rodea una espina.
Clavada en el pie derecho de una reina que soy
Embebido de cargas cósmicas me vuelvo burro,
asno, con la in-elocuencia arrebatada por deseos morados
ahogados en edades malhechas
deletreadas en plasma mágico-inerte.
Farfullo encíclicas papales para el mundo,
y me tardo en escurrir en los pechos de oro de María,
enredado en palabras divinas que no saben reír,
cargo al dragón depresivo que asedió a Nietzsche
II.
Diávolos rústicos
dejan con la duda a un tonto
que embelece (envilece) a Mozart
desmembrado en un cuarto sin puertas
Lo escucha y ríe
clausura el mamotreto de mi desventura
y no habla, deja fluir al devenir
para que la reina que me mira en el espejo
no ladre dos veces en el mismo río.
Identidad
I.
Doy un paso
y la gente sangrante vierte sobre mi cuello la soga que ahorca fantasmas,
los ojos silenciosos de una novena en lunes se ríen
derriten estelas sonoras sobre una hipérbole
mientras sentado siento el tiempo detenido
en el centro del patio donde el ciprés cósmico sustenta mi tristeza
Correteo una mosca
nos miramos de cabeza parados en el cielo claro-oscuro,
caemos
sus ojos callan el odio contra mí.
II
Cargo en mi espalda contingentes gotas de lluvia
me arrastro tras una mujer que no conozco
y orino sus pasos
¡no sé quién es yo!
Mi oreja pende de la mano loca de una diosa
—Soy Van Gogh—
fundido con la noche estrellada en un café.
Sarna
I.
Bajo las llagas que rodean su cuerpo
existe amor
y algunas letras menguadas por el diablo
condenado a vagar torcido
bajo sus manos callosas hay una caricia
inocente como un niño, anhela que vuele
—río al verlo indefenso—
con la barba larga frente al arrollo de sus sueños
viajando aletargado en el lomo desnudo del amor
con la vida colgando de sus uñas rotas
II
Tras la sarna de sus pasos
hay un ángel que ama,
con risa sin dientes y pirámides de arena
suspendidas en el cielo de cabeza
Tras la tarde empañada de ayeres
está cabizbajo, en el umbral donde platica con las cochinillas
se enreda en su propia telaraña
de depresiones escurridas en la cascada de alambre que cae con púas de su alma.