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Suburbios del ángel
Extractos

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A mis abuelos

Fortuna

Juan de Dios Cristóbal es afortunado
cada amanecer tiene de espejo las manos
cerca el manantial
y no falla el gallo
hierba buena y romerillo

Juan de Dios Cristóbal es afortunado
dos más dos son cuatro
gaviotas
tres puntos
un garfio.

 

Ché

desde lo alto miras
cómo se encienden luces ya apagadas
se apagan las encendidas
y velas
muchas velas
ya en tu honor
ya en el cuento y descuento de aquella
tu manta

azul verde o cualquiera
dio tantas vueltas
vio tanto mundo
y fue a tanta guerra

que desde lo alto miras
          cómo se apaga y enciende

y hasta se pone la cera

y pensar que no tengo
siquiera una escalera
para ver si como adentro
se ve todo desde afuera.

 

Prédica

Ruega
la lluvia llega a los pies
y la piedra es arena

queda una lámpara
a Gioconda los ojos
a Quijote la lanza y el pan
a nosotros el alma
y la fe.

 

Aleluya

a los santos que glorificaron tu nombre
a la tierra y al cielo

a la belleza
a las piedras
y a tu cuerpo

aleluya
a la mañana
a la noche borracha
a nosotros embriagados
amén.

 

En las noches

María
con tu paja
y con tu heno
                 tus gallinas

¡Cuidado el maíz que se seca!

y aquel soldado perdido
el de la escopeta vieja

María
con tu paja
y con tu heno

          tus gallinas.

 

San Porcus Pus

bendice
tal presencia
presidida por
el pez en pos de paz
del pan que el pez pescó

San Porcus Pus
sé pues
el velero del paral.

 

De la lluvia

Guitarra no llores
que de soledad está hecho el mundo
y de tristezas
y de lluvia
y de ven y come que se enfría.

Guitarra no llores
que te despintas
y te dañas
y puede que no suenes igual
así de nueva
así de santa
así de quien no está mojada.

Guitarra no llores
que eres del canto
Guitarra no llores
no es para tanto.

 

Los de siempre

Los caminos señalados
la magnitud desconocida
dos vagabundos más tres
igual a cinco
dedos
notas chinas
sentidos sin cabeza
de capa espada y varita
cada día arrastras
aquí los de pie
los indomables
los soñadores
aquí nosotros
los de siempre
aquí la ruta
las alfombras no sé.

 

Ilustración

Cenizas

espera
doy la fábula

tengo arcos
tengo sables

mira tijeras
mira un sastre

mira un sueño
mira un nadie.

 

Vigilia

Centinela alerta
ya viene el amor
enciendas las antorchas
los faroles
el amor bordeando el río
afilen
no duerman
el amor vestido de príncipe
abran las puertas que viene de azul
y viene embrujado

Olviden a la reina
a la tal Isabel
que me doy al brujo
hago santa su piel.

 

La mañana

es el canto de sirenas
y es mi alma en tu palabra

oigo a Simbad lleno de islas y faros
Sherezada cuenta una y mil veces
y yo te estoy amando
aunque de amor estén llenos los libros
y Shakespeare lo hizo trágico
y Neruda tierno
y Vallejo antiguo

y yo hago el amor de flores y rocío
de tierra fértil y pasto henchido
lo hago mío por todos los contornos
sin más dueño que mi dueño
sin más voz que mi mando

ya llega y aquí estoy
lanza en mano
café —leche— flores
soñé contigo.

 

Olvido

No sé la fragancia
no sé tu soliloquio

y yo que busco notarme
que busco lo agotable

me calmo
me arropo
me olvido

y aquí pradera
y aquí desértica
allá las piernas
el manto
aquí qué tierna
por cuanto.

 

Casi

Que de aquí y allá es igual
pero no tu beso
ni tu sombra
y no tu curva
tu soledad insaciable
y tus formas

mundo que amoldo y riego
cada vez
que busco y ando
cada vez.

 

Espejismos

hurtan la mente
hurtan lento el asombro

esmeralda sin nombre

hurtan el cuerpo
mi cuerpo que enciende
cenizas con alas tejidas
con sueños y rostros tejidos

y yo destejo y tejo
y dale María Chuzena que su Choza techaba
y el leñador pasa a las cinco

Anda ve y compra
a ver si tejo un monte
y en el monte incrusto ramas

y si me buscas te digo
y si me buscas lo hallas

Espejismos hurtan la mente
cuídala
que no se vaya.

 

Duelen los suspiros

los cerrojos
el alivio del no fue nada

duele pasar la hoja sin ver siquiera

y el tacto no es tan bueno
y tengo el gusto a yerba
y huelo a tierra

pero no soy del monte

y es que los sentidos están locos
tiernos pero locos
sanos pero locos

y busco y curo
y curo sin oficio

cuando no queda
con qué alumbrar las manos.

 

No tener

Que seas un tipo

posibilita desear
un proceso metamórfico
rajarte en dos en una noche de eucaliptus
no tener por qué enamorarse
                               cuando te apuntan fijo.

 

Hijo del viento

por qué no despeinar el alma
flotar en ti o en mí

por qué no sentir que es tu nariz mi ausencia
cuando no la tengo
y que las rosas son blancas
no por falta de colores
sí porque me gustan en tus ojos.

 

Falta

silencio a mi alma
a mi tacto
y a mi lento pacto de puertas tiernas

partes conmigo en tu cintura
en tus pies y tu frente

si estuvieras
bailando en la frontera tendría calma

Silencio

que falta.

 

Es el atardecer

el canto a la inocencia
luces de mí
y ratos de mí

todo aquello que es gris
estaba claro

y triste es de noche
cuando no estemos juntos

este beso con hojas caídas
es de horas de cena
de horas de Padre Nuestro

y sobra un plato
en cada casa

casamenteros
para qué buscan

este es el canto
—atardecer que pasa.

 

Hachas para el hechizo

maderos en las manos
y la calma

su corteza que corta el encanto
y Merlín sin espada ni piedra
y la piedra sin nombre

yo

con este manantial donde la tierra
del no tiene muerte
del siempre convida

sus tacones están lejanos
y Almodóvar los lleva
ya sin dejarlos.

 

Pertenencia

El otro día la vi y hasta hablé con ella
pero no le agradó mi ceño
ni la boca apretada
ni mi ver la mañana oscura
por hablar más alto que los pájaros.

 

Ni los cabildos
                       rozaron la eternidad

el siglo de las luces no era más que reflejo

como los pasos
las auras
las sombras

aliento que daba
los soles diferentes
las lunas distintas
y el arco iris de la nostalgia

yo lavaba mis manos
la piedra protegía mis ropas
los cabildos estaban lejos
ron y tabaco en costumbre

la eternidad contaba en mí
y temía.

 

Lowestein, Lowestein

no escribo
y Lowestein

cómo saber que buscan mi nombre

todos tenemos un misterio
el de no estar sola cuando pienso en alguien

y el de buscarte

es tan difícil que me quieran
decirlo en voz de quien no rehuye el no
                                                       caminar seguro

mis poemas sí me aman
me abrazan cuando estoy cerca

mi nombre
ponen bajo su calma
y me acarician.

 

En los suburbios del ángel

la calma crece no por sabio
sí porque sabe
que igual de locas serán las lágrimas

que igual será el nombre
de monasterios en el reinado
de soles y atardeceres

que no importa que bebamos agua
                                                 de las manos

si en los suburbios del ángel
el corazón es más triste.

Poemas de Suburbios del ángel, Ediciones Loynaz (2003).