El después
Penetro tu sintaxis corpórea
en la inmediatez del grito,
deambulo en la memoria de tu cuerpo
y me quedo:
Exhausta
Original
Trascendente,
siendo un mantra en nuestros hilos de respiración.
En el después, se arrincona una mirada inexistente
un viento de paloma en el hueco del mundo
el parto de dos huesos crudos expandiendo el origen
un titular que no nos habla sino desde el regreso.
Recorro entonces el reposo
lentamente en un movimiento entregado a la materia inicial
del fragmento
que nos corta.
La posesión
Amo ese viento
que viene entre nuestros cuerpos:
la tibia música espiral que nos rueda.
Y ese desliz que avanza,
como un sinuoso artificio al lado de la tormenta.
( R e s-p i-r a-c i ó n)
Y tu nombre furioso,
cayendo en las ruinas de des-corporación,
viene a nombrarme la difunta
de serpenteos húmedos.
Siempre hay un azar de mediatarde,
Un signo en el murmurar de fundamentos
La fecunda transgresión,
del peso de la luz en los ecos de la muerte.
Una época fugaz donde el bajo mundo nos reconoce.
Y entonces, no somos más que un ruidoso trepidar
descubriendo el horror de tanta belleza.
Esquizotexto II
Y no vengo sino desde el círculo. Volcando los ojos, avanzo, trepito, ruedo, rondo. Me acostumbro a un rostro húmedo y caliente, y no hago sino esperar, el volcamiento de otros ojos. La inmovilidad lenta de pies y manos.
T
R
E p i
d a r.
Mis inesperados huesos esperan el oráculo.
Abarco en el instante, lo muerto, lo vivo, la condena del hombre. Y somos un cuerpo frío que se agrieta como un canal. Un par de bestias que colapsan el hambre.
Y entonces mis húmedos huesos se descorporan, amamantan la tibia leche del desliz. Soy un cántaro de agua en el jadeo de la noche.
Un signo brutal suda en este acceso a la creación.
El pelaje inconsolable rueda. Soy un mítico fragmento en los diálogos intuitivos del asma. Un aullido descalzo brutal en las manías del instinto.
Abro la boca. Digo: P á L p a m e
¡Tengo en los ojos las fotografías del asombro!
Porque la palabra
Porque la palabra carcome horizontalmente,
debo tenderla hasta incorporarla en lo interno
de la hiriente música.
Porque de ella, nace lo circular
hasta serpentearse en la psiquis
(miedo intenso disperso en niebla silábica)
Porque de ella nazco,
trituro silencios hasta descorporarlos.
Porque en ella, me tiendo
a sollozar azotes
de pubis con úteros muertos.
Porque en ella, trago los gritos,
exalto los triángulos de las aperturas
originalmente muertas.
Porque la palabra
toca fibras,
haciéndose parte del sudor negro,
y en ella ensayo el rompimiento de las hojas.
Porque en ella conjuramos,
nos tendemos bajo manos o piernas,
liquidamos los ojos,
en el oráculo volcánico de homicidios descalzos.
Por la palabra,
saqueamos cuerpos,
en la edad de los insolentes pájaros
somos: bendito sepulcro
en esqueleto de muerte.