El domingo 14 de noviembre de 2005 se llevó a cabo en la Basílica San Pedro de la Ciudad del Vaticano, en Roma, la beatificación del llamado entre los entendidos “hermano universal”, originalmente un noble vizconde francés conocido como Charles Eugene de Foucauld, que se enroló temprano en la milicia francesa en calidad de oficial, luego de haber estudiado en la prestigiosa Escuela Militar de Saint Cyr (la “West Point” francesa), y en la no menos prestigiosa Escuela de Caballería de Saumur pero que, luego de una vida militar asaz disoluta y escandalosa —por lo que, incluso, fue expulsado del Ejército francés en 1881—, y conforme fue descubriendo la dimensión religiosa de la población musulmana del gran sur sahariano y el modo de vida de sus habitantes autóctonos, primero en Marruecos que recorrió a pie por 3.000 Km, llegando a vivir una vida muy austera, casi eremítica; y, luego, en Argelia, en contacto con unos nómades llamados “hombres azules” o “tuaregs”, vio cómo se le iba despertando un amor muy especial hacia este modo de vida intensamente religiosa, a la vez que pobre y austero, “en contacto directo con Dios”, y se le iban derrumbando internamente los duros preceptos, principios e ideales aprendidos de su carrera militar, reñidos con la fraternización o la simple comunicación respetuosa con la población musulmana de estos territorios conquistados por Francia en 1830...
Finalmente, luego de no pocos otros escándalos mundanos, a la vez que una intensa búsqueda espiritual, a través de una peregrinación en Tierra Santa y en un monasterio trapense donde pasó 6 años, el futuro “hermano universal” (que el actual Papa, benedictino como De Foucauld, dijo el domingo 14 de noviembre de 2005 que “había propuesto en su tiempo un ideal sublime de santidad”) renunció definitivamente a las candilejas de una vida mundana e, incluso, a su noble estirpe social, para tomar los votos en 1892, retirándose posteriormente en el medio de la nada casi absoluta del gran sur argelino del desierto del Sahara donde llegó a fundar una comunidad de religiosos solidarios de las poblaciones autóctonas conocidos como los “padres blancos” —por sus atuendos...
De ahí en adelante se diera a conocer como padre Charles de Foucauld, llegando a una cierta notoriedad —que llegó a detestar, luego de una vida de derroche— por su acercamiento y su trabajo espiritual a favor de la “gente del desierto”, los “tuaregs”, de los cuales llegó a estudiar intensamente la cultura y la civilización milenaria, a tal punto que es autor de un famoso Diccionario enciclopédico francés-tuareg que tardó 11 años en finalizar...
Su notoriedad mundial (hoy encumbrada con este nuevo título de “beato”) se incrementó en forma lamentable sobre todo a raíz de su asesinato en el año 1916 —supuestamente, y oficialmente, por unas tribus rebeldes, llamados por la potencia colonial de entonces “bandidos del desierto”, aunque se reveló, luego, que Foucauld era de notable molestia para estas autoridades coloniales que no aprobaban su fraternización y su diálogo con la población musulmana, para la cual solía interceder a menudo...
Es evidente pues que, en medio de una intolerancia interracial y sobre todo interreligiosa creciente y de un enfrentamiento casi generalizado, vía Medio Oriente, España, EUA, Inglaterra, Francia, Alemania, Bélgica, etc., entre cristianos (llamados por los más radicales de la fe mahometana “neo-cruzados”) y musulmanes; luego de más de 10 años de sangrienta lucha en Argelia entre “integristas” religiosos y poder central que golpeó duramente a los herederos de la comunidad del benedictino padre De Foucauld (que, irónicamente, sufrieron en los años ‘90 del siglo 20, muchas bajas por parte de los radicales musulmanes que los asimilan a los “neo-cruzados”); y luego de descubrirse muchas así llamadas por los servicios secretos occidentales “zonas grises”, “tierras-de-nadie”, en manos supuestamente de células terroristas “anti-neo-cruzados” al límite entre el Sahara musulmán (que una vez fue como la ermita del padre de Foucauld) y los países de África Negra de Níger, Mali, Chad, Mauritania y hasta Nigeria, es evidente, pues, decíamos, al inicio de este párrafo que no podía ser más “oportuna” la beatificación del padre Charles de Foucauld (especie de apóstol y casi mártir del diálogo entre estas dos religiones) el domingo 14 de noviembre de 2005 por el Cardenal portugués Saraiva Martins, prefecto de la Congregación para la Causa de los Santos (ya por disposición del nuevo papa Benedicto XVI, que asistió al acto, las beatificaciones pasaron a manos del jefe de esta congregación —que, eventualmente, un día llevará también a los altares al hoy “venerable” venezolano José Gregorio Hernández)...
Y más oportuna (aun si la decisión de llevarlo a los altares es de vieja data) en el contexto de los recientes acontecimientos en Francia (patria de origen de De Foucauld, donde nació el 15 de septiembre de 1858), al final del año pasado, con ¡10 mil carros quemados en más de 300 ciudades, en 19 noches interrumpidas de disturbios raciales! Una cuasi guerra de guerrilla urbana, que se desató a raíz de un incidente policial en el que murieron, en el país galo, dos jóvenes de familia de inmigrantes musulmanes, electrocutados por refugiarse “inocentemente” en un transformador eléctrico, acosados por las fuerzas policiales...
Por cierto que (y sin que una cosa tenga que ver directamente con la otra) pocos días antes de que estallaran, el 27 de octubre de 2005, estos trágicos desmanes con ribetes de ajustes de cuentas raciales en las afueras de París, en una de estas numerosas hacinadas cités-dortoirs —ciudades dormitorio— engendradas del vientre de ciertas formas de exclusión disfrazadas de asistencia social propias de los países industriales de ayer (ver Los miserables, de Victor Hugo, y Germinal, de Emilio Zola) y de hoy, fallecía a la edad de 92 años la llamada “precursora” del movimiento de los derechos civiles norteamericano, la afrodescendiente Rosa Parks, quien, un día 13 de julio de 1955, se enfrentó precisamente a la intolerancia hecha costumbres, rehusando a ceder su puesto a un hombre blanco en un transporte público —como lo exigían las leyes en vigencia en varios estados racistas del sur de los EUA: Louisiana, Georgia, Alabama, Mississipi— desencadenando así, en aquel entonces, una ola de enfrentamientos y muchos años posteriores de lucha fratricida (que culminaron con el asesinato de su mentor espiritual, el primero, por cierto, en apoyarla, el pastor bautista Martin Luther King, en abril de 1968) entre “suprematistas” blancos (tipo Ku Klux Klan) y descendientes de esclavos, esto 100 años después (contemporánea con la abolición de la esclavitud, en 1854, en Venezuela, por J. T. Monagas; aunque Bolívar, que tuvo esclavos en su hacienda de San Mateo, más de 40 años atrás, en cierta forma, ya la había adelantado) de la no menos dramática y sangrienta Guerra Civil (llamada “Guerra de Secesión”) entre el norte blanco industrializado y el sur negro rural donde todavía imperaba la explotación de los esclavos oriundos de África (que se soldó, también, por un magnicidio, el del presidente “conciliador” Lincoln)...
Siguiendo un poco con esta digresión, muchos de nosotros que hemos seguido las noticias internacionales durante y posteriormente a las dramáticas horas en que el huracán Katrina azotó los estados del sur de EUA antes mencionados (sobre todo, Louisiana y Mississipi), el 27 de agosto de 2005, pudimos observar de qué forma volvió a manifestarse el racismo a flor de piel imperante todavía hasta las más altas instancias del Estado norteamericano, reportándose, incluso, algunas manifestaciones y tentativas de ajustes de cuenta entre los grupos autoproclamados “suprematistas blancos” (por la supremacía de la raza blanca) y miembros de la comunidad negra de Nueva Orleáns...
Quizá, desde nuestra “lejana” América Latina, relativamente exitosa en sus experimentos de mestizaje y de tolerancia racial de varios siglos (con unas y otras “verrugas” atravesadas en sus anales), las graves incidencias con trasfondo étnico religioso ocurridas en Francia (que habían tenido señales precursoras en varios incendios con saldos elevados de muertos en edificios de inmigrantes de la periferia parisina unos meses antes) y que se fueron extendiendo, poco a poco, a media Europa (Alemania, Bélgica, Holanda, etc.) pueden parecernos eso: “lejanos”... Sin embargo, en materia de “ensayos” sociales y políticos de todos tipos, no deberíamos olvidar nunca que, raramente, los vientos soplan de oeste en este sino más bien, como se expande la luz del sol, y no siempre con muchos años de desfase, de este en oeste...
En la cultural y lingüísticamente llamada “Madre Patria” nuestra, España, según datos del Movimiento contra la Intolerancia de este país, se han descubierto en nuestros días no menos de 70 grupos neonazis y racistas, responsables de más de cuatro mil agresiones personales al año, esencialmente, contra inmigrantes de Marruecos y de la África subsahariana: Mali, Níger, Nigeria, Mauritania, países originalmente de creencias y prácticas animistas y cada vez más presionados por los “misioneros” musulmanes integristas, dicen, apoyados y financiados por Libia y Arabia Saudita, por lo menos, por su corriente más conservadora y más “oscurantista” llamada salafista... La misma, vale mencionarlo aquí de paso, que ha estado detrás de los atentados del 11-M en Madrid y 7-J en Londres (todavía no ha sido relacionado con la “pandemia” de disturbios callejeros en Francia y otros países europeos)...
El reciente descubrimiento de una “zona gris” (los servicios especiales americanos hablan de un virtual pequeño “talibanlandia”), refugio de células salafistas en Mali, Níger, Nigeria, Mauritania, Chad (casi todos, países de origen de los supuestos trabajadores inmigrantes que, últimamente, han acudido en masa a las puertas de la Unión Europa, vía España, Francia e Italia) que se han dedicado al secuestro altamente rentable de turistas sobre todo franceses y alemanes, puede acarrear sorpresas mayúsculas en los meses o años venideros en materia de investigaciones sobre la verdadera motivación, los verdaderos resortes de estas supuestas búsquedas de nuevas oportunidades laborales en Europa por parte de grupos que más de unas malas lenguas (¡entre las cuales, nos contamos!) tienden a señalar como “caballos de troya” de proyectos “non sancta”. Ya escribimos una vez sobre este tema; ver nuestro libro Una nueva manera de pensar, donde recogimos el análisis más centradamente orientado en tratar de ver más allá de las circunstancias que rodearon una serie de “asesinatos rituales contra enemigos de Dios” y “en nombre de los hijos del Profeta” en Marruecos y los cuales, decíamos, eran signos precursores de acontecimientos “con nombres y apellidos”; y ya vimos, 6 meses después, ocurrieron varios atentados con altos saldos mortales en ciudades marroquíes... contra intereses europeos, básicamente, españoles; y luego, vino, el 11-M en Madrid...
Ahora, en noticias que casi hay que “decodificar”, “desencriptar”, podemos leer en algunos sitios de Internet que los Servicios Especiales de Argelia, junto con asesores de otras agencias secretas, han ubicado un grupo que llamaremos de intolerantes patentados autodenominado Grupo Salafista de Predicación y Combate, GSPC, que —dicen algunos de estos sitios en la Red— “sueñan con reeditar un Afganistán en África... se desplaza continuamente entre el Sahara y África Negra... en vehículos 4x4 sobre los cuales tienen montadas ametralladoras pesadas de 12,7 y 14,52 pulgadas y poseen armas antitanques... de unos años para acá practican el secuestro de turistas... en 2003, 32 turistas franceses y alemanes... logrando cinco millones de euros en rescates... reclutan en Mali, Níger, Nigeria, Mauritania...”; al tiempo que “otros subgrupos actúan más como misioneros predicadores... con tendencias al chantaje y la extorsión...”.
Claro, ustedes dirán, también, hay señales más esperanzadoras relacionadas con la tolerancia, que nos vienen de este mismo país, Argelia. La acotación vale. Pues, en efecto, el 30 de septiembre de 2005, las agencias de noticias internacionales informaban que 18 millones de ciudadanos habían votado en un referéndum sobre una “Carta presidencial para la reconciliación nacional”, concebida con el objetivo de “poner fin a la crisis y a la violencia política que, desde 1992, ha dejado más de 150 mil muertos” —entre los cuales, muchos cristianos y católicos como los “padres blancos”, benedictinos, de la comunidad fundada por el “hermano universal”, padre De Foucauld— “y otros miles de desaparecidos”, víctimas de la intolerancia fundamentalista que azotó Argelia durante más de 10 años —a causa del no-reconocimiento por parte del gobierno de aquel entonces de la primera victoria electoral de grupos islamistas en elecciones municipales, en el mes de junio de 1990...
También, en nuestro espacio suramericano, en los días cercanos a la celebración del Día Internacional de la Tolerancia, el 16 de noviembre, observamos señales muy positivas. Es el caso, por ejemplo, de Brasil, donde el domingo 20 de noviembre de 2005, con motivo del tradicional Día Nacional de la Conciencia Negra, salió al aire, en señal abierta, la primera emisora de televisión dirigida y orientada por y para la comunidad afrodescendiente brasileña, con 18 horas de programación, gracias a la iniciativa del cantor, empresario y presentador de TV José de Paula Neto, que, sin embargo, aclaró que “la propuesta de la emisora es mostrar la pluralidad étnica de Brasil”... Y esperamos, también, de paso (comentarios nuestros), que esta televisora trabajará para colaborar en la erradicación definitiva de los últimos focos de esclavitud existentes en este país, sobre todo en regiones del noreste de este país, que han sido señalados reiteradamente por la Liga Internacional contra la Esclavitud, con sede en Londres...
No sabemos si tolerancia puede llegar a ser para todo el mundo sinónimo de reconciliación. No es evidente... Incluso, puede haber un largo trecho entre los dos conceptos... Pero, a nuestro modo de ver, como mínimo, debería ser la antesala... Y si bien “lo bueno de pelearse es la reconciliación” —como se podía leer en una cabina del Teleférico de Caracas, en una gráfica tomada por el fotógrafo de El Nacional el 24 de octubre de 2005—, nosotros preferimos la divisa del prócer mexicano, Benito Juárez: “El respeto al derecho ajeno es la paz”. Porque no hay duda de que “el respeto al derecho ajeno” tiene que ver directamente con la tolerancia, que es un precondicionante básico y fundamental, precisamente para no tener que pelear, pues de las peleas difícilmente nace la reconciliación, si no luego de un largo y doloroso proceso de aprendizaje...
O si no que lo digan los católicos y los protestantes, en la Irlanda de hoy, y en casi toda Europa de ayer (que le hizo escribir al paladín de la tolerancia del siglo 17, el teólogo y filósofo de la corriente empírica John Locke, su Ensayo sobre el entendimiento humano, en el que defendió la tolerancia religiosa hacia todas las sectas protestantes “e, incluso, a las religiones no cristianas”, aunque faltaríamos a la verdad si no acotáramos aquí que su concepto de la tolerancia era medio cojo por cuanto no incluía a los ateos y los católicos, lo que equivale a querer sumar dos restando cero al uno... Siendo, precisamente, el meollo de las guerras de religión tanto en Inglaterra como en Francia, Holanda, Suiza, etc., la oposición entre protestantes y católicos...
O si no que lo digan también los israelíes y los palestinos, con 55 años de “peleas” sin que se vislumbre reconciliación alguna en los próximos 50 años, por lo menos no con los esquemas geopolíticos y geoestratégicos de las grandes potenciales actuales, y con el ingrediente religioso de por medio... Y menos construyendo muros excluyentes, derribando viviendas como castillo de naipes, lanzando “bombas humanas” fanatizadas, llamando a la exterminación de un pueblo, etc...
¿Y qué hay de todas las formas de discriminación y de exclusión practicadas por “mercaderes de la miseria”, explotando las necesidades básicas de los auténticos buscadores de nuevas oportunidades en suelos ajenos?
¿Y qué hay de esta forma moderna de esclavitud como es el trabajo clandestino, en parte, causante de la guerrilla urbana recientemente desatado en Francia y media Europa, y caldo de cultivo también de nuevas formas de discriminación racial y de exclusión social?
¿Y qué hay de la explotación de la mano de obra infantil, de la “trata de blancas”, de la violencia de género, de la explotación, discriminación y hasta exclusión de la mujer —en este último caso, en media humanidad, y no solamente en los países musulmanes?
¿Y qué hay de las manifestaciones patrioteras, deportes y/o manifestaciones culturales de por medio?
¿Y qué hay de los intentos de imponer símbolos religiosos en desmedro de otros?
¿Y qué hay de la prohibición de construir templos o lugares de culto en nombre de otros símbolos y cultos, o ausencia de cultos?
¿Y qué hay de las guerras de conquista neocoloniales, mercados de por medio?
¿Son todas estas manifestaciones formas o no de intolerancia, apenas disfrazadas en algunos casos? ¿Engendran o no nuevas formas de intolerancia —sin hablar de “karmas colectivos”..?
La tolerancia ya tiene pues su “día internacional” —el 16 de noviembre— para celebrar cada año sus logros, sus proyectos, sus glorias y sus miserias, cómodamente amparada bajo los colores, los símbolos, las bondades financieras y los estatutos de las Naciones Unidas. ¿Qué le resta por hacer..? Buscar todos los días nuevas oportunidades de ganarse nuevos espacios bajo el sol, sin miedo a ser discriminada... Tolerar que todavía haya tantas manifestaciones de exclusión a las cuatro esquinas de este “hogar común” de una de las especies —¡la única!— más intolerantes de la Creación... hacer todo lo humana y divinamente posible para llevar ante los altares la tolerancia y la reconciliación... ¡y obrar para que nunca más vuelvan a separarse..! Que así sea y... ¡cumplamos... con lo nuestro..!